Sin fecha, pero seguro

El acuerdo con el FMI se puede retrasar pero eso no inquieta al gobierno.

30 Agosto 2003
Por Angel Anaya

BUENOS AIRES.- Es muy probable que no haya firma con el Fondo Monetario antes del 9 de septiembre, cuando vence el plazo de un vencimiento con el organismo por 2900 millones de dólares; más no por ello habrá problemas que desvelen al gobierno, donde el acuerdo se espera y se han tomado recaudos, tras la decisión favorable del Congreso, para hacer frente al eventual pago. Las recientes declaraciones cruzadas entre las jerarquías del organismo internacional y el ministro de Economía donde ambos se reprochan comportamientos "non sanctos", forman parte del mismo juego de la vieja partida de póquer donde los jugadores son conocidos y se hacen trampas. Ni los nuestros han sido gobiernos confiables, ni los funcionarios del FMI pueden ocultar sus variantes criterios economicistas que periódicamente son objeto de severas críticas por conspicuos analistas internacionales. La Argentina tendrá, seguramente, el acuerdo esperado bajo las condiciones indispensables, pues no podría soportar económica y socialmente las consecuencias si no fuese así, ni Washington, con el Grupo de los Siete, la dejaría como otro detonante de la sensible realidad regional.

Más inquietante
Por todo ello, el problema con el Fondo no tiene la dimensión de ciertos títulos, -y así lo entienden los mercados locales- siendo las cuestiones que más preocupan en palacio el tropezón ocurrido en el Senado por el debate sobre el juicio político al juez Eduardo Moliné O´Connor, y la incertidumbre que rodea al ballottaje porteño. La áspera confrontación entre la UCR y el oficialismo que capitaliza Cristina Fernández de Kirchner como presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales, enfrenta una asechanza peligrosa para la esposa del Presidente. Si el cuestionado rechazo de la excusación planteada por el senador Raúl Baglini como juez político, por ser actualmente litigante ante la Corte, fuese revisado, también debería serlo el que no hizo lugar a la impugnación de la senadora Fernández de Kirchner -planteda por la defensa de Moliné- por interés manifiesto en la defenestración del juez de la Corte Suprema. La retórica de Baglini y del jefe del bloque radical Carlos Maestro al pedir una nueva reunión, ha sido muy dura: Manifiesta irregularidad, pensamiento único del oficialismo y espíritu jacobino. La réplica de la senadora transcurrió con parecidos decibeles.
Otra inquietud fundada es el clímax del ballottaje porteño, que se ha tornado tan tóxico para el discurso de sus protagonistas que el Presidente ha terminado por advertir la inconveniencia -si no el riesgo- de ser parte en una guerrilla donde la agresión puede dar lugar al severo castigo del electorado. Ha sido así que la estrategia de Kirchner para las acciones de apoyo a otras figuras de diferentes distritos ha comenzado a bajar el tono dialéctico, evitando descalificaciones directas de los adversarios que, en todo caso, deben quedar reservadas a los candidatos. (De nuestra Sucursal)

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