Todo fue demasiado rápido. A ella empezó a dolerle la cabeza. Como no había analgésico que funcionase la llevaron al sanatorio. Y desde ese momento hasta el desenlace transcurrió apenas un poco más de una semana.
Luciana (este es un nombre ficticio) tenía treinta y pico, era hija, hermana, amiga y empresaria. Por alguna razón que ahora solo los médicos entienden se le produjo un derrame cerebral, y de ser feliz pasó a agonizar. Así, casi de un momento al otro. Y, tal como dictamina lo imprevisible de la vida, sin darles tiempo a sus dos hermanos, a sus papás, a sus muchos primos y amigos de plantarse y ponerle el cuerpo al golpe demoledor que se avecinaba.
Es inevitable tratar de comprender por qué tuvo que irse un rato antes de la mañana del jueves y no dentro de 30, 40 o 50 años. Por qué le tocó justo a ella y no a cualquier otro (un anhelo egoísta con el que buscamos postergar lo inevitable). Su partida duele como una amputación sin anestesia y con el más agudo de los filos. Pero también sirve como recordatorio: hay que saborear con calma y sin culpa cada segundo que compartimos con los que queremos. La vida es demasiado frágil como para dejar pasar las oportunidades de ser feliz.
Luciana (este es un nombre ficticio) tenía treinta y pico, era hija, hermana, amiga y empresaria. Por alguna razón que ahora solo los médicos entienden se le produjo un derrame cerebral, y de ser feliz pasó a agonizar. Así, casi de un momento al otro. Y, tal como dictamina lo imprevisible de la vida, sin darles tiempo a sus dos hermanos, a sus papás, a sus muchos primos y amigos de plantarse y ponerle el cuerpo al golpe demoledor que se avecinaba.
Es inevitable tratar de comprender por qué tuvo que irse un rato antes de la mañana del jueves y no dentro de 30, 40 o 50 años. Por qué le tocó justo a ella y no a cualquier otro (un anhelo egoísta con el que buscamos postergar lo inevitable). Su partida duele como una amputación sin anestesia y con el más agudo de los filos. Pero también sirve como recordatorio: hay que saborear con calma y sin culpa cada segundo que compartimos con los que queremos. La vida es demasiado frágil como para dejar pasar las oportunidades de ser feliz.







