Hay un chiste de los 90. Dios le comunicaba a Bill Clinton, a Fidel Castro y a Carlos Menem que advenía el fin de los tiempos. Luego, el norteamericano daba una buena y una mala noticia a su pueblo. Respectivamente, Dios existe y el mundo se termina. Los cubanos escuchaban exactamente lo mismo de su líder, pero como dos malas noticias. Y en la Argentina, por Cadena Nacional, el riojano anunciaba "dos buenas nuevas" al país: "Dios existe. Y me ha nombrado su vocero".
Esa humorada siempre dejaba un resabio amargo post-sonrisa. Y no porque fuera una confirmación del descaro gobernante de los 90, sino más bien porque refería a la afligente brecha entre la realidad de los representados y la percepción de los representantes. Y si la historia se repite, pero primero como tragedia y luego como farsa (sentencia de Carl Marx en El XVIII Brumario de Luis Bonaparte), con la aplicación práctica de los chistes a la realidad política acaso ocurra al revés.
Esa angustia permanece tras el inverosímil Índice Guardapolvo inaugurado por José Alperovich el lunes. A saber: los negocios que fabrican delantales los están vendiendo en talles más grandes. Conclusión oficial: los chicos comen bien. Y -segunda buena noticia- "eso significa que cada día la gente está mejor". La congoja de base consiste en no poder discernir qué es peor: si el gobernador estaba subestimando a la opinión pública o si, por el contrario, era sincero y hablaba convencido.
Ese dilema se reiteró luego de que un puñado de valientes alumnos de la Escuela Normal bautizada Juan Bautista Alberdi reclamaran libertad de pensamiento. Porque, de forma, pidieron que Canal 10 transmita el programa Periodismo para Todos. Pero de fondo reivindicaron la garantía de acceder a todas las fuentes de información. Si los que quieren ver 6,7,8 pueden hacerlo mediante la señal estatal, ¿por qué no gozan de idéntica libertad los que quieren ver a Lanata, aunque su programa forma parte de la grilla de Canal 13, programación madre de la televisora pública provincial?
Pero Alperovich, ante esa demanda que no proviene de grupos opositores, gorilas, destituyentes ni oligarcas, sino de menores de edad con guardapolvos, se dirigió a los tucumanos anunciando que tenía una buena noticia para dar: "Me encanta que los chicos puedan expresarse libres", anunció. Le faltó decir que, además, habían designado a su cuñada, la ministra de Educación Silvia Rojkés, como vocera...
Cuando la prensa le advirtió que seguía sin dar una respuesta a la demanda de los alumnos, contestó que la programación no depende de él. Más allá de si eso se verifica en los hechos, o no, lo cierto es que la UNT, socia mayoritaria de Canal 10, también debe dar razones por las cuales la exclusión del programa que no es del agrado del poder político no debe ser considerado como un acto de censura.
A mitad de año, la palabra pública suena a chiste. Coherentemente, los asuntos más serios de la política oficialista tuvieron lugar en ámbitos privados.
Vuelta y vuelta
El asado con los intendentes se sirvió el lunes en la casa del gobernador. De entrada, Daniel Toledo (Yerba Buena) convidaba ánimos. Recordó que cuando supieron que Lanata venía, él le dijo al anfitrión "no importa: seguí trabajando como siempre". Pero era en vano: la difusión televisiva y nacional del nepotismo multitudinario, de las dietas legislativas que engordan, de la inseguridad pública, de los negociados privados y de la estafa que significó prometer la vuelta del tren a Tafí Viejo a una semana de los comicios nacionales de 2009 (todo eso que no sorprendió a los lectores de LA GACETA) resultó indigerible. La llamada del gobernador jujeño Eduardo Fellner, que susurró "si eso es todo lo que tienen para decir de vos, José, quedate tranquilo", no sirvió de mucho.
En el tablón grande estaba la mesa chica del alperovichismo. Los ministros Osvaldo Jaldo y Jorge Gassenbauer; y el senador Sergio Mansilla. Y la parte de la bancada oficialista que parece ser la única que tiene banca: Guille Gassenbauer y Machi Ditinis. No sorprendió la presencia del ahora sobreseído Alberto Kaleñuk, salvo porque esta vez no se encargó del asado, sino que se sentó a la mesa como un protagonista más. El único intendente ausente fue el simoqueño y radical Luis González.
En rigor, Alperovich los reunió exactamente para nada. La versión oficial: alentarlos a llenar el hipódromo. El 9 de Julio, interpretaron, tiene que ser el gran acto de Cristina para contestar la movilización de Hugo Moyano, el último miércoles de junio, en Plaza de Mayo. O sea: el valor histórico de la fecha patria, a las caballerizas. Habrá que reconocer que son consecuentes: este Tucumán donde se declaró la independencia de las provincias unidas en 1816, y la independencia económica en 1947, no tiene hoy mucha independencia que festejar: está arrodillado ante la Casa Rosada, a la que mendiga recursos que le pertenecen por derecho propio, según las leyes vigentes.
La versión extraoficial sobre las razones del convite le corresponde a uno de los jefes municipales del interior, quien asumió que Alperovich los citó porque quería recibir consuelos. "Siempre que está mal -testimonió-, llama a reuniones grandes para engrupirse un poco".
A punto
Jaldo habló poco. Sobre todo después de escuchar planteos como el de Alberto Olea. El intendente monterizo interpretó que Lanata había venido a Tucumán "a ofender a dos señoras" (la Presidenta y la Senadora), razón por la que debían llenar de mujeres los espacios frente al palco.
Mansilla, en cambio, habló mucho y se despachó contra La Cámpora: son 400 y tienen 500 cargos. Ya antes, Gassenbauer hijo había puesto en duda la supervivencia de esa corriente más allá del cristinismo. Pero el senador no tuvo piedad al anticipar la pelea del año que viene. Manifestó que en 2011 debieron ceder lugares en las listas de legisladores (para Jesús Salim, de Famaillá) y de diputados (para Marcelo Santillán, de Bella Vista) a quienes no tenían votos ni para ser reelectos concejales. Así que estaban equivocados (en realidad, usó otra expresión) si creían que les iban a dar el segundo y el tercer término en las listas de 2013.
Mansilla aprende rápido en el Senado. Su berrinche es una buena estrategia para ocultar que el gran problema no consiste en cuántos lugares de la lista de diputados pueda pedir el kirchnerismo. El verdadero drama es que Oscar Parrilli (porque aquí ni siquiera llama Cristina para digitar las candidaturas) no pida el primer término. Eso, lejos de molestar, solucionaría el atolladero alperovichista, que no tiene un buen candidato para encabezar la lista.
El senador, de hecho, marcó la agenda política de la comida. Para terminar, agregó que una cosa era
dejarse poner diputados y legisladores en las listas
y otra quete sienten el vicegobernador.
Bien cocido
El "tema Scioli" quedó instalado. Asunto incómodo si lo hay, forma parte de la agenda apócrifa del oficialismo vernáculo. Por caso, nunca el kirchnerismo miró tan fijamente de reojo a Alperovich como en febrero, cuando viajó a Mar del Plata "de repente" para disfrutar de los carnavales de "La Feliz". Sonaba a encuentro furtivo con el ex motonauta, pero en su entorno perjuran que nunca se vio con Scioli. Sus adversarios internos dicen lo mismo: "esas cosas se saben", absuelven.
En el asado, el dueño de casa aprovechó el incómodo "tema Scioli" para incomodar. Empezó explicando a todos que la indignación kirchnerista con el bonaerense no se debe a que haya "blanqueado" sus aspiraciones presidenciales. El incordio, aseveró, es que Scioli no duda en mostrarse con los "enemigos" de Cristina. En el verano jugó al fútbol con Mauricio Macri. En invierno apareció, después de un "picadito", con Moyano.
A renglón seguido continuó hablando, pero sólo para uno. El correlato fue el siguiente: si Toledo (a él lo usó de ejemplo) quisiera ser gobernador, estaría en todo su derecho y Alperovich no tendría inconvenientes. Pero sería distinto si Toledo apareciera al lado de los "enemigos" del mandatario.
Algunos se fueron del asado preguntándose quiénes eran los "enemigos" de Alperovich, pero no fueron pocos los que entendieron que cuando pronunciaba "Toledo" quería decir "Amaya". Y que lo de "aparecer al lado de los enemigos" era eufemismo por "alianza con los radicales".
Lo primero porque, en el Poder Ejecutivo, alguien se acordó de que Alperovich ya ensayó el mismo discurso, en la traffic, camino a El Cadillal. Pero hablaba directamente del intendente de la capital.
Lo segundo, porque otro jefe municipal se fue con la sensación de que, de lo poco que dijo, Alperovich le dedicó mucho a Cano. Básicamente, pidió que no se descuide a los fieles, a los que son uñudos de nosotros, a los beneficiarios de planes sociales y subsidios, a los que son agradecidos. La razón: afirmó no saber cuánto le sacará Cano en votos, de las clases medias y altas.
El gobernador ya les avisó: lo único que lo desencaja, mirando 2015, es la posibilidad de una criatura electoral con una pata peronista y otra pata radical. En concreto: Amaya y Cano en el mismo espacio. Acaso porque se dio cuenta de esa revelación, sacó del armario el fantasma cada vez más pálido de que siempre tiene la opción de impulsar otra reforma constitucional y habilitar más reelecciones. Hay políticos que equivocan en los cálculos, predicó respecto de ese amague.
Claro que, hasta por una cuestión estadística, el gobernador sigue contando con que la oposición hará lo que a él le conviene. Descuenta que sus adversarios interpretarán que, de ese asado, surgen dos buenas noticias. La primera es que el mandatario se mostró "golpeado" ante los intendentes. La segunda es que les comunicó, en los hechos, que ya no le gustan los asados de Kaleñuk...
Esa humorada siempre dejaba un resabio amargo post-sonrisa. Y no porque fuera una confirmación del descaro gobernante de los 90, sino más bien porque refería a la afligente brecha entre la realidad de los representados y la percepción de los representantes. Y si la historia se repite, pero primero como tragedia y luego como farsa (sentencia de Carl Marx en El XVIII Brumario de Luis Bonaparte), con la aplicación práctica de los chistes a la realidad política acaso ocurra al revés.
Esa angustia permanece tras el inverosímil Índice Guardapolvo inaugurado por José Alperovich el lunes. A saber: los negocios que fabrican delantales los están vendiendo en talles más grandes. Conclusión oficial: los chicos comen bien. Y -segunda buena noticia- "eso significa que cada día la gente está mejor". La congoja de base consiste en no poder discernir qué es peor: si el gobernador estaba subestimando a la opinión pública o si, por el contrario, era sincero y hablaba convencido.
Ese dilema se reiteró luego de que un puñado de valientes alumnos de la Escuela Normal bautizada Juan Bautista Alberdi reclamaran libertad de pensamiento. Porque, de forma, pidieron que Canal 10 transmita el programa Periodismo para Todos. Pero de fondo reivindicaron la garantía de acceder a todas las fuentes de información. Si los que quieren ver 6,7,8 pueden hacerlo mediante la señal estatal, ¿por qué no gozan de idéntica libertad los que quieren ver a Lanata, aunque su programa forma parte de la grilla de Canal 13, programación madre de la televisora pública provincial?
Pero Alperovich, ante esa demanda que no proviene de grupos opositores, gorilas, destituyentes ni oligarcas, sino de menores de edad con guardapolvos, se dirigió a los tucumanos anunciando que tenía una buena noticia para dar: "Me encanta que los chicos puedan expresarse libres", anunció. Le faltó decir que, además, habían designado a su cuñada, la ministra de Educación Silvia Rojkés, como vocera...
Cuando la prensa le advirtió que seguía sin dar una respuesta a la demanda de los alumnos, contestó que la programación no depende de él. Más allá de si eso se verifica en los hechos, o no, lo cierto es que la UNT, socia mayoritaria de Canal 10, también debe dar razones por las cuales la exclusión del programa que no es del agrado del poder político no debe ser considerado como un acto de censura.
A mitad de año, la palabra pública suena a chiste. Coherentemente, los asuntos más serios de la política oficialista tuvieron lugar en ámbitos privados.
Vuelta y vuelta
El asado con los intendentes se sirvió el lunes en la casa del gobernador. De entrada, Daniel Toledo (Yerba Buena) convidaba ánimos. Recordó que cuando supieron que Lanata venía, él le dijo al anfitrión "no importa: seguí trabajando como siempre". Pero era en vano: la difusión televisiva y nacional del nepotismo multitudinario, de las dietas legislativas que engordan, de la inseguridad pública, de los negociados privados y de la estafa que significó prometer la vuelta del tren a Tafí Viejo a una semana de los comicios nacionales de 2009 (todo eso que no sorprendió a los lectores de LA GACETA) resultó indigerible. La llamada del gobernador jujeño Eduardo Fellner, que susurró "si eso es todo lo que tienen para decir de vos, José, quedate tranquilo", no sirvió de mucho.
En el tablón grande estaba la mesa chica del alperovichismo. Los ministros Osvaldo Jaldo y Jorge Gassenbauer; y el senador Sergio Mansilla. Y la parte de la bancada oficialista que parece ser la única que tiene banca: Guille Gassenbauer y Machi Ditinis. No sorprendió la presencia del ahora sobreseído Alberto Kaleñuk, salvo porque esta vez no se encargó del asado, sino que se sentó a la mesa como un protagonista más. El único intendente ausente fue el simoqueño y radical Luis González.
En rigor, Alperovich los reunió exactamente para nada. La versión oficial: alentarlos a llenar el hipódromo. El 9 de Julio, interpretaron, tiene que ser el gran acto de Cristina para contestar la movilización de Hugo Moyano, el último miércoles de junio, en Plaza de Mayo. O sea: el valor histórico de la fecha patria, a las caballerizas. Habrá que reconocer que son consecuentes: este Tucumán donde se declaró la independencia de las provincias unidas en 1816, y la independencia económica en 1947, no tiene hoy mucha independencia que festejar: está arrodillado ante la Casa Rosada, a la que mendiga recursos que le pertenecen por derecho propio, según las leyes vigentes.
La versión extraoficial sobre las razones del convite le corresponde a uno de los jefes municipales del interior, quien asumió que Alperovich los citó porque quería recibir consuelos. "Siempre que está mal -testimonió-, llama a reuniones grandes para engrupirse un poco".
A punto
Jaldo habló poco. Sobre todo después de escuchar planteos como el de Alberto Olea. El intendente monterizo interpretó que Lanata había venido a Tucumán "a ofender a dos señoras" (la Presidenta y la Senadora), razón por la que debían llenar de mujeres los espacios frente al palco.
Mansilla, en cambio, habló mucho y se despachó contra La Cámpora: son 400 y tienen 500 cargos. Ya antes, Gassenbauer hijo había puesto en duda la supervivencia de esa corriente más allá del cristinismo. Pero el senador no tuvo piedad al anticipar la pelea del año que viene. Manifestó que en 2011 debieron ceder lugares en las listas de legisladores (para Jesús Salim, de Famaillá) y de diputados (para Marcelo Santillán, de Bella Vista) a quienes no tenían votos ni para ser reelectos concejales. Así que estaban equivocados (en realidad, usó otra expresión) si creían que les iban a dar el segundo y el tercer término en las listas de 2013.
Mansilla aprende rápido en el Senado. Su berrinche es una buena estrategia para ocultar que el gran problema no consiste en cuántos lugares de la lista de diputados pueda pedir el kirchnerismo. El verdadero drama es que Oscar Parrilli (porque aquí ni siquiera llama Cristina para digitar las candidaturas) no pida el primer término. Eso, lejos de molestar, solucionaría el atolladero alperovichista, que no tiene un buen candidato para encabezar la lista.
El senador, de hecho, marcó la agenda política de la comida. Para terminar, agregó que una cosa era
dejarse poner diputados y legisladores en las listas
y otra quete sienten el vicegobernador.
Bien cocido
El "tema Scioli" quedó instalado. Asunto incómodo si lo hay, forma parte de la agenda apócrifa del oficialismo vernáculo. Por caso, nunca el kirchnerismo miró tan fijamente de reojo a Alperovich como en febrero, cuando viajó a Mar del Plata "de repente" para disfrutar de los carnavales de "La Feliz". Sonaba a encuentro furtivo con el ex motonauta, pero en su entorno perjuran que nunca se vio con Scioli. Sus adversarios internos dicen lo mismo: "esas cosas se saben", absuelven.
En el asado, el dueño de casa aprovechó el incómodo "tema Scioli" para incomodar. Empezó explicando a todos que la indignación kirchnerista con el bonaerense no se debe a que haya "blanqueado" sus aspiraciones presidenciales. El incordio, aseveró, es que Scioli no duda en mostrarse con los "enemigos" de Cristina. En el verano jugó al fútbol con Mauricio Macri. En invierno apareció, después de un "picadito", con Moyano.
A renglón seguido continuó hablando, pero sólo para uno. El correlato fue el siguiente: si Toledo (a él lo usó de ejemplo) quisiera ser gobernador, estaría en todo su derecho y Alperovich no tendría inconvenientes. Pero sería distinto si Toledo apareciera al lado de los "enemigos" del mandatario.
Algunos se fueron del asado preguntándose quiénes eran los "enemigos" de Alperovich, pero no fueron pocos los que entendieron que cuando pronunciaba "Toledo" quería decir "Amaya". Y que lo de "aparecer al lado de los enemigos" era eufemismo por "alianza con los radicales".
Lo primero porque, en el Poder Ejecutivo, alguien se acordó de que Alperovich ya ensayó el mismo discurso, en la traffic, camino a El Cadillal. Pero hablaba directamente del intendente de la capital.
Lo segundo, porque otro jefe municipal se fue con la sensación de que, de lo poco que dijo, Alperovich le dedicó mucho a Cano. Básicamente, pidió que no se descuide a los fieles, a los que son uñudos de nosotros, a los beneficiarios de planes sociales y subsidios, a los que son agradecidos. La razón: afirmó no saber cuánto le sacará Cano en votos, de las clases medias y altas.
El gobernador ya les avisó: lo único que lo desencaja, mirando 2015, es la posibilidad de una criatura electoral con una pata peronista y otra pata radical. En concreto: Amaya y Cano en el mismo espacio. Acaso porque se dio cuenta de esa revelación, sacó del armario el fantasma cada vez más pálido de que siempre tiene la opción de impulsar otra reforma constitucional y habilitar más reelecciones. Hay políticos que equivocan en los cálculos, predicó respecto de ese amague.
Claro que, hasta por una cuestión estadística, el gobernador sigue contando con que la oposición hará lo que a él le conviene. Descuenta que sus adversarios interpretarán que, de ese asado, surgen dos buenas noticias. La primera es que el mandatario se mostró "golpeado" ante los intendentes. La segunda es que les comunicó, en los hechos, que ya no le gustan los asados de Kaleñuk...







