Vivir seguros. Todos queremos sentirnos así. Es la meta de cualquier ciudadano. El problema es que la palabra "seguridad" está bastardeada. Hoy cuando hablamos de seguridad pensamos en actos delictivos. En que podemos ser víctimas de actos delictivos. Pero el concepto es mucho mayor. ¿Lo sabrá el gobernador José Alperovich?
Para vivir seguros hay que vivir con dignidad, tener los servicios básicos asegurados. No se trata sólo de tener una buena Policía. Es todo el Estado el que debe funcionar. Y por más que a diario se "trabaje fuerte", evidentemente hay cosas que no pueden pasar.
No fue una semana fácil para el gobernador. El programa del periodista Jorge Lanata, como a diario muchas notas de LA GACETA, lo puso nervioso. En Tucumán la mayoría sabía de las cosas que se dijeron, pero ese domingo lo vio todo el país. "Estaba durmiendo", advirtió el Alperovich cuando le pidieron opinión acerca de los informes que hablaban mal de su gestión. De haber estado despierto, él podría haberlo visto ya que tiene televisión satelital en su casa. Pero el 99% de los tucumanos no pudieron, ya que canal 10, el canal estatal, pasa toda la programación de Canal 13 ("La Corpo" como le dicen los kirchneristas), y no al incómodo Lanata. Pero sí pasa, por ejemplo, 678, el programa oficialista que se produce en la Televisión Pública y que sólo elogia al gobierno. Y para peor la ministra de Educación Silvia Rojkés, nombrada en el programa de Lanata por ser cuñada del gobernador, se topó con alumnos de la Escuela Normal que tenían un cartel en el que exigían ver el programa del periodista y que no hubiera censura desde el Estado. Ya le había sido difícil a Alperovich explicar porque todos los senadores y diputados que le responde contratan familiares en el Congreso. Para peor, según él "otro" (siempre es "otro") sacó de contexto sus palabras acerca de lo que ya se dio en llamar "índice guardapolvo". Los chicos, afirmó, mejoraron la talla ya que se venden delantales más grandes. Sería como asegurar que comen mejor porque en los bazares los platos son de mayor diámetro. Y aunque creyó que la sentencia de la Corte contra el secretario judicial Carlos López sería un bálsamo, su Legislatura aún no pudo ungir a Diego López Ávila, ya que López puede recurrir la sentencia. Claro, fue ternado seis veces y nunca elegido por haber cometido el pecado de haber investigado al gobernador años atrás.
No fue una semana fácil. Más teniendo en cuenta que está a días de recibir a Cristina Kirchner en un nuevo y politizado festejo por el día de la Independencia. Pero tal vez lo más grave de estos últimos días haya pasado casi desapercibido, y en el Gobierno vieron la oportunidad de mirar rápido hacia otro lado: la muerte de Lautaro Mendoza en el CAPS de Los Gutiérrez. El centro asistencial está a pocos kilómetros de la capital, a menos de 15 minutos. Pero la ambulancia que se pidió nunca llegó. NUNCA LLEGÓ. En el lugar había una enfermera, no un médico, que determinó que la criatura de tan sólo 11 meses ya había fallecido a pesar de que la madre insiste que se le sentían los latidos. Y esto no puede pasar. Si el sistema sanitario colapsa a 15 minutos del centro, ¿que se puede esperar para el interior de la provincia? Aún no se sabe qué provocó la muerte de Lautaro, pero sí que el Estado, el que debía velar por su salud, estuvo ausente para prevenirla. ¿Cuántos casos como el de él habrá en la provincia? Seguramente el gobernador no tiene un índice Lautaro para medirlo, pero este caso no puede quedar como uno más. Es demasiado grave como para olvidarlo.
Muchos, sobre todo los oficialistas, dirán que hoy estamos muchísimo mejor que hace 10 años. Es muy probable que así sea, pero eso no quiere decir que estemos bien. Los chicos se siguen muriendo.
Para vivir seguros hay que vivir con dignidad, tener los servicios básicos asegurados. No se trata sólo de tener una buena Policía. Es todo el Estado el que debe funcionar. Y por más que a diario se "trabaje fuerte", evidentemente hay cosas que no pueden pasar.
No fue una semana fácil para el gobernador. El programa del periodista Jorge Lanata, como a diario muchas notas de LA GACETA, lo puso nervioso. En Tucumán la mayoría sabía de las cosas que se dijeron, pero ese domingo lo vio todo el país. "Estaba durmiendo", advirtió el Alperovich cuando le pidieron opinión acerca de los informes que hablaban mal de su gestión. De haber estado despierto, él podría haberlo visto ya que tiene televisión satelital en su casa. Pero el 99% de los tucumanos no pudieron, ya que canal 10, el canal estatal, pasa toda la programación de Canal 13 ("La Corpo" como le dicen los kirchneristas), y no al incómodo Lanata. Pero sí pasa, por ejemplo, 678, el programa oficialista que se produce en la Televisión Pública y que sólo elogia al gobierno. Y para peor la ministra de Educación Silvia Rojkés, nombrada en el programa de Lanata por ser cuñada del gobernador, se topó con alumnos de la Escuela Normal que tenían un cartel en el que exigían ver el programa del periodista y que no hubiera censura desde el Estado. Ya le había sido difícil a Alperovich explicar porque todos los senadores y diputados que le responde contratan familiares en el Congreso. Para peor, según él "otro" (siempre es "otro") sacó de contexto sus palabras acerca de lo que ya se dio en llamar "índice guardapolvo". Los chicos, afirmó, mejoraron la talla ya que se venden delantales más grandes. Sería como asegurar que comen mejor porque en los bazares los platos son de mayor diámetro. Y aunque creyó que la sentencia de la Corte contra el secretario judicial Carlos López sería un bálsamo, su Legislatura aún no pudo ungir a Diego López Ávila, ya que López puede recurrir la sentencia. Claro, fue ternado seis veces y nunca elegido por haber cometido el pecado de haber investigado al gobernador años atrás.
No fue una semana fácil. Más teniendo en cuenta que está a días de recibir a Cristina Kirchner en un nuevo y politizado festejo por el día de la Independencia. Pero tal vez lo más grave de estos últimos días haya pasado casi desapercibido, y en el Gobierno vieron la oportunidad de mirar rápido hacia otro lado: la muerte de Lautaro Mendoza en el CAPS de Los Gutiérrez. El centro asistencial está a pocos kilómetros de la capital, a menos de 15 minutos. Pero la ambulancia que se pidió nunca llegó. NUNCA LLEGÓ. En el lugar había una enfermera, no un médico, que determinó que la criatura de tan sólo 11 meses ya había fallecido a pesar de que la madre insiste que se le sentían los latidos. Y esto no puede pasar. Si el sistema sanitario colapsa a 15 minutos del centro, ¿que se puede esperar para el interior de la provincia? Aún no se sabe qué provocó la muerte de Lautaro, pero sí que el Estado, el que debía velar por su salud, estuvo ausente para prevenirla. ¿Cuántos casos como el de él habrá en la provincia? Seguramente el gobernador no tiene un índice Lautaro para medirlo, pero este caso no puede quedar como uno más. Es demasiado grave como para olvidarlo.
Muchos, sobre todo los oficialistas, dirán que hoy estamos muchísimo mejor que hace 10 años. Es muy probable que así sea, pero eso no quiere decir que estemos bien. Los chicos se siguen muriendo.







