06 Julio 2012 Seguir en 
Es el que sigue inmediatamente en orden al o a lo primero. La persona que en una institución sigue en jerarquía a quien la dirige o preside. Por su ubicación, el segundo, sin duda, es mucho más que alguien del medio o del final. Sin embargo, para algunas sociedades como la nuestra, ser segundo puede ser una tragedia, una suerte de gancho al hígado, del que es muy difícil recuperarse. Sucede que el resultado feliz de un negocio o actuación -la definición de éxito, según el diccionario- se ha convertido en un estigma social. Alcanzar notoriedad en los medios de comunicación, especialmente en los visuales, aunque sea en forma efímera se ha convertido en una de las obsesiones de muchos ciudadanos.
El fútbol es un buen ejemplo de este exitismo al que aludimos. La derrota de Boca Juniors en Brasil ante el Corinthians, sumió en la tristeza y la depresión a la mitad del país que es hincha de ese equipo. Para los más fanáticos fue uno de "los días más tristes" de su vida, otros optaron por el ostracismo del llanto contenido. Los que aún no podían aceptar la derrota, miraron hacia los costados buscando culpables. En toda final deportiva, suele haber un vencedor y un perdedor. Pero da la impresión de que ser el subcampeón de la Copa Libertadores, es decir el segundo equipo de América, no constituyera ningún mérito. ¿Hubiese sido tal vez mejor que no llegara a esa instancia final? ¿No consagrarse campeones significa algo terrible? Es cierto que Boca es una potencia futbolística y sus adeptos están acostumbrados a sus logros locales e internacionales, de allí que las exigencias sean mayores con su club.
En el caso de River Plate, por ejemplo, estuvo punteando casi todo el Nacional B o en los primeros puestos, pero la crítica al entrenador, a los jugadores, al presidente de la institución fue implacable de parte de un sector de sus simpatizantes. Salió campeón y ascendió de categoría, pero los reproches no cesaron.
Por ejemplo y aunque han pasado muchos años, muchos no le perdonan a Carlos Reutemann que haya sido el eterno segundo en la Fórmula Uno o a Guillermo Vilas, máximo referente del tenis argentino, que no haya sido el number one, por más que haya estado entre los tres mejores del mundo. Sin embargo, ninguno de los que los siguieron luego, llegaron al lugar de privilegio que ellos alcanzaron.
Da la impresión de que, según nuestra idiosincrasia, el segundo implica ser alguien intrascendente o que existe en los papeles, pero no gravita en la realidad, como suele suceder a menudo en la historia argentina con la figura del vicepresidente.
El exitismo, por cierto, está íntimamente ligado al inconformismo. Si bien en muchos casos, la insatisfacción es el punto de partida que lleva al hombre a superarse constantemente, también es positivo valorar lo poco o mucho que se ha obtenido en relación con la nada inicial.
Más allá de la rivalidad futbolística con los brasileños, ¿es una vergüenza nacional que Boca Juniors sólo haya alcanzado el subcampeonato? ¿No haberse consagrado campeón borra de un plumazo su rica trayectoria de torneos y títulos obtenidos? ¿Siempre hay que ganar? ¿Nunca perder? ¿Es tan terrible ser segundo? Para que haya un primero debe haber un segundo. El segundo es cada una de las sesenta partes en que se divide el minuto. Es decir que no habría minuto sin segundos.
El fútbol es un buen ejemplo de este exitismo al que aludimos. La derrota de Boca Juniors en Brasil ante el Corinthians, sumió en la tristeza y la depresión a la mitad del país que es hincha de ese equipo. Para los más fanáticos fue uno de "los días más tristes" de su vida, otros optaron por el ostracismo del llanto contenido. Los que aún no podían aceptar la derrota, miraron hacia los costados buscando culpables. En toda final deportiva, suele haber un vencedor y un perdedor. Pero da la impresión de que ser el subcampeón de la Copa Libertadores, es decir el segundo equipo de América, no constituyera ningún mérito. ¿Hubiese sido tal vez mejor que no llegara a esa instancia final? ¿No consagrarse campeones significa algo terrible? Es cierto que Boca es una potencia futbolística y sus adeptos están acostumbrados a sus logros locales e internacionales, de allí que las exigencias sean mayores con su club.
En el caso de River Plate, por ejemplo, estuvo punteando casi todo el Nacional B o en los primeros puestos, pero la crítica al entrenador, a los jugadores, al presidente de la institución fue implacable de parte de un sector de sus simpatizantes. Salió campeón y ascendió de categoría, pero los reproches no cesaron.
Por ejemplo y aunque han pasado muchos años, muchos no le perdonan a Carlos Reutemann que haya sido el eterno segundo en la Fórmula Uno o a Guillermo Vilas, máximo referente del tenis argentino, que no haya sido el number one, por más que haya estado entre los tres mejores del mundo. Sin embargo, ninguno de los que los siguieron luego, llegaron al lugar de privilegio que ellos alcanzaron.
Da la impresión de que, según nuestra idiosincrasia, el segundo implica ser alguien intrascendente o que existe en los papeles, pero no gravita en la realidad, como suele suceder a menudo en la historia argentina con la figura del vicepresidente.
El exitismo, por cierto, está íntimamente ligado al inconformismo. Si bien en muchos casos, la insatisfacción es el punto de partida que lleva al hombre a superarse constantemente, también es positivo valorar lo poco o mucho que se ha obtenido en relación con la nada inicial.
Más allá de la rivalidad futbolística con los brasileños, ¿es una vergüenza nacional que Boca Juniors sólo haya alcanzado el subcampeonato? ¿No haberse consagrado campeón borra de un plumazo su rica trayectoria de torneos y títulos obtenidos? ¿Siempre hay que ganar? ¿Nunca perder? ¿Es tan terrible ser segundo? Para que haya un primero debe haber un segundo. El segundo es cada una de las sesenta partes en que se divide el minuto. Es decir que no habría minuto sin segundos.







