La pesadilla de Julio

Por Fernando Stanich 05 Julio 2012
Si para los tucumanos el año tiene 11 meses, porque junio es de La Perla, es probable que ahora debamos quitarle otro mes al calendario provincial. Porque, a juzgar por los primeros cinco días, julio es, definitivamente, del gobernador José Alperovich.

Pese a los pronósticos, el mandatario logró terminar el primer semestre con menos magullones que los previstos. A decir verdad, Alperovich se mostró más preocupado por seguir los pasos de su esposa, la senadora Beatriz Rojkés, en Buenos Aires, que por atender las cuestiones domésticas. Y no le fue mal: se pasó tanto o más tiempo fuera de la provincia que dentro de ella. Estuvo ajeno, por ejemplo, a la interminable interna en el bloque legislativo Tucumán Crece.

Sin embargo, terminó junio y la segunda mitad del año lo sacudió con bofetadas. De repente, y sin que medie ningún exabrupto de su señora, su nombre se instaló en la esfera nacional a la que tanto le teme. Sin dudas, para la persona que maneja cuando quiere, como quiere y porque quiere una provincia, sentirse rehén de una realidad que lo excede no debe ser nada sencillo de asimilar. "Está golpeado, pero se va a levantar", admiten algunos alperovichistas.

Efectivamente, julio aún no le dio tregua al gobernador. La repercusión nacional que tuvieron las críticas a su gestión en el programa de Jorge Lanata lo dejaron con la guardia baja. Durante el fin de semana, Alperovich no pudo distraer su atención: la única preocupación que lo abstraía era el contenido del ciclo de Canal 13. Es que si hay algo que no le gusta al mandatario es la exposición nacional, por miedo a lo que piense el kirchnerismo más duro. Y en la noche del domingo y la mañana del lunes estuvo en boca de todos. Dicen que hasta el jujeño Eduardo Fellner se solidarizó con él y le envió algunos mimos.

Pero el lunes otra vez su verborragia lo obligó a dar explicaciones. El relato de su índice -particular, cuanto menos- para medir la mejora en la nutrición de los niños acabó por confirmar que julio estaba predestinado a ser "su mes". Que la talla de los guardapolvos que usan los niños para jurar lealtad a la bandera haya aumentado en los últimos años es, a criterio del Gobierno, uno de los elementos que permite constatar que la situación social mejoró. Y que los niños comen bien, contrariamente al flagelo que acabó con Julio Miranda. La sola mención de esa explicación le valió desde chanzas y burlas hasta cuestionamientos de especialistas y opositores. Los medios nacionales, incluso, replicaron su novedoso índice. Alperovich, aunque se escude en que lo sacaron de contexto, no puede eludir la responsabilidad y el sustento que debe tener cada palabra suya. Aún parado encima de la montaña de votos que lo respalda, hay cosas que no pueden mancharse.

El martes no amaneció mejor. Porque la pesadilla que lo persiguió el fin de semana se repitió. Esta vez fueron alumnos secundarios los que se animaron a desafiar el poder omnímodo que diseñó. A un sector de la Casa de Gobierno no le cayó nada bien que la ministra Silvia Rojkés haya contestado las críticas adolescentes; principalmente, por el contexto. Y para cerrar el maleficio, las declaraciones de su esposa sobre el futuro de Cristina Kirchner también le pusieron los pelos de punta. Por lo menos, hasta la tarde, cuando algunos alperovichistas sugirieron que, en realidad, a "Betty" le pidieron desde Casa Rosada que diga lo que dijo, para contrarrestar lo que, horas antes, había insinuado Juan Manuel Abal Medina sobre la reforma constitucional.

Julio es "el" mes del gobernador. Aunque le cueste asumirlo, ya nada de lo que hace queda dentro de los límites provinciales. Aún decide lo que quiere, cuando quiere y porque quiere en Tucumán. Pero a las manchas, cada día que pasa, cuesta un poco más quitarlas.

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