Había ganado el primer round. El dueño del club había decidido que no le den peleas. Su principal rival se bajó y se retiró de las contiendas. Pero cayó por el peñasco por el que suelen desbarrancarse los boxeadores: su propia boca.
Apenas lo acusaron de tener varios sueldos incompatibles con su gestión de concejal de Yerba Buena trató a sus colegas de mentirosos, y hasta abrió una sospecha en relación con sus patrimonios. "Vamos a ver si pueden justificar el estilo de vida que llevan", les dijo.
Pablo Berarducci venía mal entrenado y fuera de peso -ya que sus papeles no lo defendían, sino que lo condenaban-, pero igual subió al ring. Bastó un solo golpe para que lo tiraran fuera del Concejo Deliberante de Yerba Buena. Los ediles oficialistas que respondían al rincón donde se alojó el intendente, Daniel Toledo, no tenían la suficiente fuerza como para expulsar al boxeador. Hizo falta una ayudita: los concejales Pedro Albornoz Piossek y Mariano Campero le sacaron hasta el banquito a quien fuera su compañero en la cruzada opositora de la "Ciudad jardín". Fue la prueba cabal de que oposición es tan sólo una entelequia que únicamente se une cuando los intereses personales no están en juego.
Cuando despertó de tamaña golpiza, Berarducci pidió perdón. Y tal reconocimiento seguramente cerró el camino judicial. Tan groggy como él quedaron sus fanáticos, que tuvieron que bajar las pancartas; porque el adalid de la lucha antikirchnerista había estado asesorando, nada menos, que a los K, en la vecina provincia de Salta.
Una causa ovalada
El rugby es un deporte que presume de sus fidelidades y de su potencia, dentro y fuera de la cancha. El vocal de la Corte Suprema de Justicia Antonio Gandur, un cultor de esas relaciones -fuera y dentro de Tribunales-, empezó a enredarse en la madeja que se teje a causa de Carlos López, el seis veces candidato a ocupar una magistratura en la Justicia -y seis veces no tenido en cuenta por José Alperovich, quien a principios de siglo fue blanco de las investigaciones de López-. La comisión directiva de Los Tarcos Rugby Club, integrada por un hijo del vocal (Sergio Gandur), le envió una nota de desagravio después de que el equipo ingresara a jugar el sábado 9 portando una bandera en apoyo de López, quien pertenece a esa institución y alguna vez fue cercano a Gandur.
Pareciera que esta semana se rompieron las fidelidades rugbísticas. Hasta el sábado anterior, el deportista Gandur podía compartir la movida en favor del ya popular "Chiqui" López, pero lo agraviaba en su condición vocal de Corte. ¿Cuál de los dos juzgará a la hora de analizar esta causa que, según el gobernador, sólo tiene importancia por culpa de LA GACETA? Curiosamente, la propia Corte Suprema de Justicia de Tucumán y las actitudes del Poder Ejecutivo le terminaron de dar una trascendencia inesperada a este proceso.
La fuerza nacional
El desdoblamiento de ideas y de personas que -al igual que Berarducci- pueden ser K en una provincia y acérrimo opositor en otra o, como Gandur, que puede defender un afecto rugbístico en una cancha, pero sentirse agraviado en el Palacio, se va convirtiendo en moneda corriente. No sorprende. No está lejos de esta cuestión el acompañamiento del ultraaperovichista Guillermo Gassenbauer al proyecto de ley de contravenciones que elaboró la juventud ultrakirchnerista de La Cámpora. El poder y la penetración K va estirando los brazos al punto que envuelve aun a aquellos que en otras circunstancias hubieran estado en las antípodas. Cuando se armaron las listas de candidatos, Alperovich obvió a La Cámpora. A regañadientes bajó a sus postulantes e incluyó a los que le pedían desde la Nación. Ahora pone la firma de su joven maravilla en una polémica iniciativa de la agrupación K. Tan sorprendente como la reunión que mantuvieron -días atrás y con la anuencia del gobernador- el titular de la Asociación Bancaria, Eduardo Bourlé, y el mismo Gassenbauer, con el objetivo de analizar la situación del Club Caja Popular.
El gurú y la dama
A medida de que el tiempo se devora el presente se va desarmando la idea de una reforma constitucional que les dé la ilusión de la reelección indefinida a los legisladores. La decisión de sepultarla, por parte del gobernador, deja a la intemperie a varios legisladores. Estos tienen el número para declarar la necesidad de la reforma, pero esa determinación resulta una piedra en sus zapatos.
Alperovich tiene dos razones poderosas para no avanzar con ese proyecto. Una es su gurú, el consultor Hugo Haime. El gobernador no hace nada sin que este le levante el pulgar. Cree más en sus mediciones que en sus propias ideas. Haime es un archiministro, y a quien más escucha. En esas contemplaciones, está claro que el malestar de la sociedad por la inflación y por la inseguridad pueden ser escollos insalvables. La otra razón es su propia esposa, que ya se ha instalado como candidata y nadie se anima a desafiarla. La decisión de Cristina, de ubicarla en la sucesión presidencial, resulta uno de los hechos que más ha desacomodado al gobernador. Hasta protocolarmente ha pasado a segundo lugar. Los "sijosesistas" más chismosos cuentan -sin que se haya podido confirmar- que esta semana, durante la reunión con los embajadores de la Unión Europea, que se realizó en su propia casa, la senadora y primera dama se quedó en el primer piso de la vivienda, y no bajó a cenar. Si lo hubiese hecho, habría desplazado a su marido, ya que los embajadores se habrían visto obligados a sostener el encuentro con la número tres del país y no con el número uno de la provincia. A veces, las ambiciones y los logros no entienden y prevén estas vicisitudes. Alperovich, mucho menos.
Largada radical
El radicalismo ya levantó la bandera electoral y, para no sorprender a nadie, ya está en conflicto. El sector que encabeza Osvaldo Barreñada ya pidió la nulidad de la convocatoria, porque considera discriminatorio que la reserva de color de la lista le cueste $ 15.000. La multiplicidad de intereses que envuelve al veterano partido está haciendo revisar proyectos o, por lo menos, pensar al rector Juan Alberto Cerisola. A este sólo le quedaría un guiño alperovichista -que difícilmente llegue- para postularse al Congreso nacional o, de lo contrario, tal vez sólo pueda soñar el destino de todo rector: el hoy impopular directorio de YMAD.
Un ejemplo vivo
La semana se apaga con el recuerdo de la visita de un tucumano que se hizo profeta fuera de su tierra. Volvió luego de 20 años y sacó a caminar su hidalga figura por las calles. Ahí recibió el afecto de los tucumanos que rescataban de César Pelli la metáfora del "si él pudo, por qué yo no".
Tomó los mismos ómnibus y desanduvo las mismas cuadras y se sentó en los mismos pupitres. Como un padre que da el ejemplo a sus hijos, con trabajo, con esfuerzo y con suerte. Antes de subirse al avión puso el dedo en la llaga y subrayó las contradicciones de este Tucson: el edificio de la Legislatura y su desesperada y ambiciosa construcción y un parque al que lo devora el cemento en el mismísimo Jardín de la República.
Apenas lo acusaron de tener varios sueldos incompatibles con su gestión de concejal de Yerba Buena trató a sus colegas de mentirosos, y hasta abrió una sospecha en relación con sus patrimonios. "Vamos a ver si pueden justificar el estilo de vida que llevan", les dijo.
Pablo Berarducci venía mal entrenado y fuera de peso -ya que sus papeles no lo defendían, sino que lo condenaban-, pero igual subió al ring. Bastó un solo golpe para que lo tiraran fuera del Concejo Deliberante de Yerba Buena. Los ediles oficialistas que respondían al rincón donde se alojó el intendente, Daniel Toledo, no tenían la suficiente fuerza como para expulsar al boxeador. Hizo falta una ayudita: los concejales Pedro Albornoz Piossek y Mariano Campero le sacaron hasta el banquito a quien fuera su compañero en la cruzada opositora de la "Ciudad jardín". Fue la prueba cabal de que oposición es tan sólo una entelequia que únicamente se une cuando los intereses personales no están en juego.
Cuando despertó de tamaña golpiza, Berarducci pidió perdón. Y tal reconocimiento seguramente cerró el camino judicial. Tan groggy como él quedaron sus fanáticos, que tuvieron que bajar las pancartas; porque el adalid de la lucha antikirchnerista había estado asesorando, nada menos, que a los K, en la vecina provincia de Salta.
Una causa ovalada
El rugby es un deporte que presume de sus fidelidades y de su potencia, dentro y fuera de la cancha. El vocal de la Corte Suprema de Justicia Antonio Gandur, un cultor de esas relaciones -fuera y dentro de Tribunales-, empezó a enredarse en la madeja que se teje a causa de Carlos López, el seis veces candidato a ocupar una magistratura en la Justicia -y seis veces no tenido en cuenta por José Alperovich, quien a principios de siglo fue blanco de las investigaciones de López-. La comisión directiva de Los Tarcos Rugby Club, integrada por un hijo del vocal (Sergio Gandur), le envió una nota de desagravio después de que el equipo ingresara a jugar el sábado 9 portando una bandera en apoyo de López, quien pertenece a esa institución y alguna vez fue cercano a Gandur.
Pareciera que esta semana se rompieron las fidelidades rugbísticas. Hasta el sábado anterior, el deportista Gandur podía compartir la movida en favor del ya popular "Chiqui" López, pero lo agraviaba en su condición vocal de Corte. ¿Cuál de los dos juzgará a la hora de analizar esta causa que, según el gobernador, sólo tiene importancia por culpa de LA GACETA? Curiosamente, la propia Corte Suprema de Justicia de Tucumán y las actitudes del Poder Ejecutivo le terminaron de dar una trascendencia inesperada a este proceso.
La fuerza nacional
El desdoblamiento de ideas y de personas que -al igual que Berarducci- pueden ser K en una provincia y acérrimo opositor en otra o, como Gandur, que puede defender un afecto rugbístico en una cancha, pero sentirse agraviado en el Palacio, se va convirtiendo en moneda corriente. No sorprende. No está lejos de esta cuestión el acompañamiento del ultraaperovichista Guillermo Gassenbauer al proyecto de ley de contravenciones que elaboró la juventud ultrakirchnerista de La Cámpora. El poder y la penetración K va estirando los brazos al punto que envuelve aun a aquellos que en otras circunstancias hubieran estado en las antípodas. Cuando se armaron las listas de candidatos, Alperovich obvió a La Cámpora. A regañadientes bajó a sus postulantes e incluyó a los que le pedían desde la Nación. Ahora pone la firma de su joven maravilla en una polémica iniciativa de la agrupación K. Tan sorprendente como la reunión que mantuvieron -días atrás y con la anuencia del gobernador- el titular de la Asociación Bancaria, Eduardo Bourlé, y el mismo Gassenbauer, con el objetivo de analizar la situación del Club Caja Popular.
El gurú y la dama
A medida de que el tiempo se devora el presente se va desarmando la idea de una reforma constitucional que les dé la ilusión de la reelección indefinida a los legisladores. La decisión de sepultarla, por parte del gobernador, deja a la intemperie a varios legisladores. Estos tienen el número para declarar la necesidad de la reforma, pero esa determinación resulta una piedra en sus zapatos.
Alperovich tiene dos razones poderosas para no avanzar con ese proyecto. Una es su gurú, el consultor Hugo Haime. El gobernador no hace nada sin que este le levante el pulgar. Cree más en sus mediciones que en sus propias ideas. Haime es un archiministro, y a quien más escucha. En esas contemplaciones, está claro que el malestar de la sociedad por la inflación y por la inseguridad pueden ser escollos insalvables. La otra razón es su propia esposa, que ya se ha instalado como candidata y nadie se anima a desafiarla. La decisión de Cristina, de ubicarla en la sucesión presidencial, resulta uno de los hechos que más ha desacomodado al gobernador. Hasta protocolarmente ha pasado a segundo lugar. Los "sijosesistas" más chismosos cuentan -sin que se haya podido confirmar- que esta semana, durante la reunión con los embajadores de la Unión Europea, que se realizó en su propia casa, la senadora y primera dama se quedó en el primer piso de la vivienda, y no bajó a cenar. Si lo hubiese hecho, habría desplazado a su marido, ya que los embajadores se habrían visto obligados a sostener el encuentro con la número tres del país y no con el número uno de la provincia. A veces, las ambiciones y los logros no entienden y prevén estas vicisitudes. Alperovich, mucho menos.
Largada radical
El radicalismo ya levantó la bandera electoral y, para no sorprender a nadie, ya está en conflicto. El sector que encabeza Osvaldo Barreñada ya pidió la nulidad de la convocatoria, porque considera discriminatorio que la reserva de color de la lista le cueste $ 15.000. La multiplicidad de intereses que envuelve al veterano partido está haciendo revisar proyectos o, por lo menos, pensar al rector Juan Alberto Cerisola. A este sólo le quedaría un guiño alperovichista -que difícilmente llegue- para postularse al Congreso nacional o, de lo contrario, tal vez sólo pueda soñar el destino de todo rector: el hoy impopular directorio de YMAD.
Un ejemplo vivo
La semana se apaga con el recuerdo de la visita de un tucumano que se hizo profeta fuera de su tierra. Volvió luego de 20 años y sacó a caminar su hidalga figura por las calles. Ahí recibió el afecto de los tucumanos que rescataban de César Pelli la metáfora del "si él pudo, por qué yo no".
Tomó los mismos ómnibus y desanduvo las mismas cuadras y se sentó en los mismos pupitres. Como un padre que da el ejemplo a sus hijos, con trabajo, con esfuerzo y con suerte. Antes de subirse al avión puso el dedo en la llaga y subrayó las contradicciones de este Tucson: el edificio de la Legislatura y su desesperada y ambiciosa construcción y un parque al que lo devora el cemento en el mismísimo Jardín de la República.







