El huracán Pelli

Federico Türpe
Por Federico Türpe 16 Junio 2012
Pasó el huracán Pelli y nos dejó a todos girando en círculos como el gallo ciego. Un hecho trascendente que irá adquiriendo su verdadero valor histórico a medida que pase el tiempo. La contemporaneidad y la proximidad a veces no nos permiten dimensionar la real importancia de los acontecimientos. Como decía el inefable Luis Rey: "cómo este muchacho va a ser un crack internacional si vivía a la vuelta de mi casa". Los héroes y los próceres siempre están allá arriba, lejos, inalcanzables. Lo que está cerca no puede ser genial ni sublime, hasta que un día lo es y sus amigos, familiares y vecinos son los últimos en enterarse. César Pelli es uno de los arquitectos del mundo, uno de los hombres que está ayudando a diseñar y a pensar las ciudades más importantes del planeta. No es el único, claro, son muchos, pero es el único de esa categoría que conoce Tucumán. Y vino, como se sabe, invitado por LA GACETA dentro del ciclo de conferencias por los 100 años del diario, y habló y dijo cosas, muchas cosas. Algunas fueron públicas y otras no tanto. Y quienes tuvimos el privilegio de ser testigos de sus opiniones tenemos el deber de compartirlas.

Pelli tuvo definiciones políticas. Contó que los egresados de la Facultad de Arquitectura -en aquel entonces instituto- entre fines de los 40 y principios de los 50, tenían un nivel que sólo la Universidad de Harvard podía igualar y cuando se le preguntó cuáles eran las razones respondió sin vueltas: "Fue gracias al gran trabajo que hizo (Héctor) Descole, impulsado por (Juan Domingo) Perón". Con bastante más diplomacia dejó entender que el nivel actual está lejos de aquel, en gran parte porque es imposible lograr excelencia académica si hay miles de alumnos. "Aún así todavía egresan grandes arquitectos y algunos trabajaron conmigo, pero realmente no entiendo por qué", admitió.

Entre sus opiniones urbanísticas, Pelli fue categórico respecto del parque 9 de Julio: "es un crimen lo que hicieron", disparó, en referencia a que de las 400 hectáreas originales quedan poco más de 100, ocupadas en su mayoría por emprendimientos privados. "Antes era un parque 100% público y así debería volver a ser. Era uno de los mejores parques del mundo, un tesoro, un patrimonio de todos los tucumanos que debería recuperarse", sentenció.

Pese a que no pocas personas, durante las reuniones que mantuvo, buscaron con preguntas dirigidas que Pelli fuera muy crítico con la ciudad, el arquitecto elogió el crecimiento que tuvo la capital, su dinamismo y la fuerte actividad que se descubre al recorrerla. Ponderó la ubicación geográfica de la ciudad, la llanura donde está emplazada, su proximidad con los cerros y la fertilidad de la tierra. Dijo que "es muy buena la densidad que tiene", donde todo está concentrado en el centro y se puede hacer cualquier cosa caminando. "A falta de un buen transporte público, como aquí, eso es positivo", aclaró.

Opinó que los constructores tendrían que pensar más en el clima cuando edifican, como en otras ciudades subtropicales; que las peatonales deberían ser grandes jardines públicos y consideró que es urgente que haya más árboles, más verde, en un lugar donde es muy fácil hacerlo "porque crece de todo". También lamentó el poco interés de los tucumanos en cuidar su patrimonio arquitectónico. "Es más sustentable conservar un edificio que hacer uno nuevo", explicó.

Quizás la enseñanza más importante que nos regaló Pelli en la que, tal vez, sea su última visita, fue su tremenda energía para abordar los problemas con optimismo. Una mente de 85 años, siempre positiva, con una capacidad descomunal para tomar con firmeza a la autoestima más castigada, sacudirla y elevarla hasta la punta de un rascacielos.

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