El viejo que aún me habla al oído

Por Gustavo Martinelli 15 Junio 2012
Descubrí a Jorge Luis Borges de joven. Antes, en mis años de estudiante secundario, me seducían otros autores. Lugones, García Márquez y Neruda habitaban mis horas libres tanto como "Viaje a las estrellas" en la TV o "La guerra de las galaxias", en el cine. Pero cuando conseguí atravesar la barrera del prejuicio y leí "El sur", ya entrados los 25, un nuevo universo se abrió. Entonces sucedió lo inesperado: quedé atrapado para siempre en las palabras de este viejo genial que aún me sigue hablando al oído cada vez que abro uno de sus libros. Y es que Borges, del que se cumplieron ayer 26 años de su muerte, es una especie de héroe. No tanto por su enorme obra (el destacado crítico Harold Bloom lo ubica como uno de los pilares de la literatura universal, al lado de Shakespeare), sino por su capacidad para adelantarse a los tiempos que corren. Sin embargo, no son pocos los que desdeñan sus cuentos y poemas por considerarlos demasiado complejos o poco divertidos. Claro, Borges no es un escritor muy promocionado en los colegios tucumanos y, por consiguiente, no suele ser abordado espontáneamente por los jóvenes.

De hecho, hay chicos que cursan el secundario que jamás leyeron a Borges. No saben, por supuesto, que el autor de "El jardín de senderos que se bifurcan" esconde en su prosa muchos más misterios y secretos que el mismo Dan Brown, autor de "El código Da Vinci" y "El símbolo perdido". Si se leen sus trabajos libremente y sin prejuicios (como el mismo Borges aconsejaba leer cualquier libro), su prosa se vuelve como la fosforescencia: brilla en medio de la oscuridad. De hecho, no son pocos los críticos que descubrieron en "El Aleph" una definición de internet. Específicamente, en la descripción que el personaje Carlos Argentino Daneri hace de ese sitio que da nombre al relato:

"el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe

". Ese libro imaginado por Borges provocaba una extraña adicción en el protagonista del cuento: "

me quedaban algunos amigos; dejé de verlos. Prisionero del libro, casi no me asomaba a la calle...

". Lo mismo que sucede hoy con los fanáticos de Facebook o Tweeter. O los que no pueden vivir sin internet.

Además, el actual furor por el llamado "thriller religioso" ya había sido abordado por Borges en los años 40. En su cuento "Tres versiones de Judas" el escritor plantea la inquietante posibilidad de que el apóstol más odiado de la cristiandad no fuese en realidad un traidor sino uno de los elegidos por el mismo Jesús para cumplir su misión salvadora. Esta teoría no es muy diferente de la que difunde la National Geographic por medio de su documental "El evangelio perdido de Judas". Sin embargo, el aporte esencial de Borges está en su capacidad para hacer que el lector se conecte con otros grandes escritores. Tanto es así, que la comunidad científica lo menciona como precursor de la literatura hipertextual. Así, leer un cuento de Borges suele ser una puerta de entrada hacia otros universos: el de Chesterton (extraño y paradojal), el de Joyce (caótico y controversial), el de Stevenson (fantástico y conjetural) o el Benedetto Croce (misterioso y seductor).

Irónico, genial y muchas veces denostado, Borges tenía también divertidas salidas. Una vez, un joven escritor con el que estaba debatiendo sobre literatura y política, le dijo: "

y bueno, en política no vamos a estar de acuerdo, maestro, porque yo soy peronista

". Borges, inmutable, le contestó: "¿cómo que no? Yo también soy ciego".

Va siendo tiempo entonces de que, tanto los alumnos como los docentes tucumanos, redescubran el esplendor de esa magia borgeana que poco a poco va desapareciendo de los planes de estudio. Es una asignatura que está pendiente en nuestras escuelas.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios