Hay momentos en que el pensamiento salta de un lado a otro sin ninguna razón, sin que haya un hilo conductor. Una sinapsis loca. Me sucedió cuando pasé por el parque 9 de Julio, por la esquina en la que se construirá un hotel cinco estrellas de 120 habitaciones, de la línea Sheraton. En ese instante recordé una frase de Marcela Durrieu, ex funcionaria menemista del Ministerio de Justicia: "estaba segura que íbamos a cambiar el mundo y que el Sheraton Hotel iba a ser el hospital de niños". Hablaba de una idea que identificaba a los Montoneros en los 70, casi una síntesis de ese peronismo de izquierda. El concepto fue rescatado por la periodista y escritora, ya fallecida, Viviana Gorbato en su libro "Montoneros, soldados de Menem. ¿Soldados de Duhalde?" (1999).
Allí la autora se sorprendía porque en la gestión presidencial de Carlos Menem (1989-1999) había 500 montoneros incorporados como funcionarios; algunos de los cuales admitían que no renegaban del indulto, otros tantos no se reconocían como menemistas y otros, como Miguel Angel Lico, apuntaba: "con este Gobierno he hecho más cosas por los pobres que cuando estaba en la ilegalidad o peleando contra la dictadura; he dado la propiedad a 600.000 tipos en la Argentina". Aludía al Plan Arraigo. En el texto parecía mencionado Carlos Kunkel, el hoy diputado nacional ultrakirchnerista que, por entonces, se definía como duhaldista. "Todos fueron menemistas" -pensé-, como se suele repetir en el justicialismo.
En realidad, todos fueron todo en el PJ. Hasta Néstor Kirchner, que llegó a afirmar que Menem era el mejor presidente que tuvo el país, aunque luego se tocara los genitales en el Congreso para "ahuyentar los malos espíritus". Ahora, los "K" no reniegan del riojano y lo miman por sus votos. Cosas de la política.
Por esas mismas cosas, el kirchnerismo se reivindica setentista, próximo a los ideales revolucionarios de la "Tendencia". Así promovió "La Cámpora". Jóvenes idealistas que desde sus puestos de lucha -algunos en gerencias- respaldan a la presidenta, Cristina Fernández, y que en Tucumán no simpatizan con el gobernador, José Alperovich. Es raro, tan raro como que, pese a los extremos ideológicos en los que parecen mirarse el kirchnerismo y el alperovichismo más puro, se deslice que el mandatario tucumano puede ser el elegido de Cristina para ser el candidato presidencial del oficialismo en 2015. Suena increíble, en algunos rincones palaciegos ese runrún repiquetea. ¿Es impensable? Para eso falta mucho y, como dicen en el entorno del mandatario: "José no se traga esos amagues".
En la era menemista los montoneros llegaron a funcionarios y hoy los "K" reivindican la lucha setentista. En Tucumán, en los sucesivos mandatos de Alperovich, producto del sistema de acople y por la no revisión de los prontuarios, a su gestión se sumaron políticos de todos los colores e ideologías, incluso partidarios de la dictadura y gente proveniente del bussismo. El propio Ricardo Bussi, irónicamente, subrayó que Fuerza Republicana hizo un aporte de dirigentes al alperovichismo. Desde este aspecto: ¿es posible que Alperovich sea el elegido de la Presidenta? De buenas a primera son peros que pesan en contra en las chances, más allá de que el titular del Poder Ejecutivo jure lealtad al modelo kirchnerista y que, en ese afán, desmienta a sus propios colaboradores respecto de la merma de recursos para la provincia. El lunes, en esa línea, la senadora Beatriz Rojkés dijo que su lugar -presidenta provisional del Senado y segunda autoridad en la línea sucesora presidencial- era un reconocimiento a Tucumán. Alineamiento que le dicen. En tanto, aquí, el hospital de Este aún no se termina de inaugurar y el Sheraton sigue avanzando.
Allí la autora se sorprendía porque en la gestión presidencial de Carlos Menem (1989-1999) había 500 montoneros incorporados como funcionarios; algunos de los cuales admitían que no renegaban del indulto, otros tantos no se reconocían como menemistas y otros, como Miguel Angel Lico, apuntaba: "con este Gobierno he hecho más cosas por los pobres que cuando estaba en la ilegalidad o peleando contra la dictadura; he dado la propiedad a 600.000 tipos en la Argentina". Aludía al Plan Arraigo. En el texto parecía mencionado Carlos Kunkel, el hoy diputado nacional ultrakirchnerista que, por entonces, se definía como duhaldista. "Todos fueron menemistas" -pensé-, como se suele repetir en el justicialismo.
En realidad, todos fueron todo en el PJ. Hasta Néstor Kirchner, que llegó a afirmar que Menem era el mejor presidente que tuvo el país, aunque luego se tocara los genitales en el Congreso para "ahuyentar los malos espíritus". Ahora, los "K" no reniegan del riojano y lo miman por sus votos. Cosas de la política.
Por esas mismas cosas, el kirchnerismo se reivindica setentista, próximo a los ideales revolucionarios de la "Tendencia". Así promovió "La Cámpora". Jóvenes idealistas que desde sus puestos de lucha -algunos en gerencias- respaldan a la presidenta, Cristina Fernández, y que en Tucumán no simpatizan con el gobernador, José Alperovich. Es raro, tan raro como que, pese a los extremos ideológicos en los que parecen mirarse el kirchnerismo y el alperovichismo más puro, se deslice que el mandatario tucumano puede ser el elegido de Cristina para ser el candidato presidencial del oficialismo en 2015. Suena increíble, en algunos rincones palaciegos ese runrún repiquetea. ¿Es impensable? Para eso falta mucho y, como dicen en el entorno del mandatario: "José no se traga esos amagues".
En la era menemista los montoneros llegaron a funcionarios y hoy los "K" reivindican la lucha setentista. En Tucumán, en los sucesivos mandatos de Alperovich, producto del sistema de acople y por la no revisión de los prontuarios, a su gestión se sumaron políticos de todos los colores e ideologías, incluso partidarios de la dictadura y gente proveniente del bussismo. El propio Ricardo Bussi, irónicamente, subrayó que Fuerza Republicana hizo un aporte de dirigentes al alperovichismo. Desde este aspecto: ¿es posible que Alperovich sea el elegido de la Presidenta? De buenas a primera son peros que pesan en contra en las chances, más allá de que el titular del Poder Ejecutivo jure lealtad al modelo kirchnerista y que, en ese afán, desmienta a sus propios colaboradores respecto de la merma de recursos para la provincia. El lunes, en esa línea, la senadora Beatriz Rojkés dijo que su lugar -presidenta provisional del Senado y segunda autoridad en la línea sucesora presidencial- era un reconocimiento a Tucumán. Alineamiento que le dicen. En tanto, aquí, el hospital de Este aún no se termina de inaugurar y el Sheraton sigue avanzando.







