Violencia y muerte en las canchas de fútbol

14 Junio 2012
El fútbol es el deporte más popular del planeta, a juzgar por la cantidad de adeptos y jugadores. Es sinónimo de alegría, felicidad, orgullo. Pero también de violencia, dolor, muerte, impunidad, mafia. El lunes pasado, falleció Gonzalo Saucedo, de 21 años, que fue apuñalado el domingo en el estadio de River, en el segundo tiempo del partido de los "millonarios" con Boca Unidos. Se convirtió en la décima víctima de los inadaptados en los primeros seis meses de 2012.

El juez que investiga la causa, pidió la clausura de El Monumental e informó que el asesino ya estaría identificado. Mientras tanto, el jefe de seguridad del club aseguró que River no es responsable de lo que pasó. "Desde hace dos años, por un pedido mío, antes de cada partido un escribano recorre el estadio junto a la gente del Gobierno de la Ciudad y Policía Federal para chequear que no haya presencia de armas en el estadio", afirmó. Respecto del arma criminal que terminó con la vida de Saucedo, señaló que a esta la habría ingresado "alguien, luego de esquivar algún cacheo en el ingreso al estadio. De eso se encarga la Policía Federal, no el club". Otro directivo riverplatense optó por descalificar al fiscal.

Por su parte, el fiscal cuestionó los operativos policiales en la puerta del estadio Monumental y dijo que probablemente ninguno de los agentes les conozca las caras a los barra bravas.

Se preguntó de qué manera se ejerce entonces el derecho de admisión. Dijo que ha podido probar en más de una investigación que "cuando viene la barra los policías saben bien que tienen que hacerse al costado", y que eso está registrado en filmaciones y derivó en procesamientos a miembros de la fuerza. El magistrado aseveró que la única forma de terminar con esto es que "todos los actores se pongan de acuerdo, pero en tanto se sigan dando entradas de favor a la barra para que ellos las comercialicen a un precio de reventa muy superior... la barrabrava no existiría si no tuviese la anuencia del club y en algunos casos de la Policía Federal". En un tenor parecido se expresó la presidenta de "Salvemos al fútbol", una ONG que desde hace año lucha para poner punto final a la violencia en este deporte. Responsabilizó a todos de la violencia: "El Estado, quien debe garantizar la seguridad de sus ciudadanos; el Gobierno, porque sigue vinculado a los barras; la AFA, que sigue mirando para otro lado; los dirigentes, que son cómplices y encubridores de los violentos y ahora se sumó Futbolistas Agremiados, que no fija postura". Agregó que los directivos les dan las entradas a los barras para que las revendan y les permiten que vendan productos de mercadeo.

Hace mucho tiempo que se conoce quiénes son los violentos y al amparo de quiénes viven; sin embargo, a la hora de dar la cara, los responsables miran hacia otro lado y tiran la pelota afuera. ¿Cómo es posible que la Policía no conozca las caras de los barras bravas? ¿Por qué nunca caen los "peces gordos" de esta mafia, que son los que les dan de comer a estos delincuentes?

Evidentemente, no hay una voluntad política de erradicar la violencia y la muerte del fútbol, seguramente porque la corrupción está enquistada en el poder. Cuando nunca se halla a los verdaderos responsables, cuando la culpa es de todos -o sea de nadie-, se incurre en la hipocresía de hacerle creer a la ciudadanía que se combatirá a los violentos.

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