Se murió el que escribía para vivir

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 07 Junio 2012
La "Balada de la trompeta" sonó con ecos melodramáticos y suave melancolía después de la noticia de la muerte de la cantante Estela Raval. Y algunas frases de Ray Bradbury -el escritor que habló de las historias en los tatuajes ("El hombre ilustrado"), de las eternas ansiedades humanas ("Crónicas marcianas") y del absurdo y la intolerancia ("Farenheit 451")- recorrieron las redacciones, los blogs, los sitios de internet. Es que la muerte desata afectos y reflexiones sobre el sentido de la vida. Entonces los periodistas vemos que el diario es como una gran caja en la que resuenan los hechos de los que influyen en la vida social y también los deseos y opiniones de los que sufren o disfrutan de esa influencia. Todos quieren hablar, sentir, ser felices, darle sentido a lo que hacen. Bradbury lo resumía así: "... para eso mismo escribo, escribo, escribo, al mediodía o a las tres de la mañana. Para no estar muerto".

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