NO GRAVITO. Lucas Oviedo trata de escapar de Chávez (5). El volante del "santo" tuvo un flojo desempeño. FOTO DE ROLANDO DíAZ (ESPECIAL PARA LA GACETA)
SALTA.- ¿Cómo disimular un cuchillazo en el centro del pecho? Imposible. Los gestos futbolísticos de San Martín no fueron la excepción y encajaron cada puñalada de la peor manera. En total fueron dos y lo peor es que no pudo asestar ninguna. Para colmo, los culpables son los que el hincha menos quiere: jugadores con pasado "santo" y los mismos 11 de Miguel Amaya que con el bajo nivel que mostraron, posibilitaron el 0-2 en contra.
Los dos primeros minutos del partido fueron un oasis para los de La Ciudadela, con el que nunca se volverían a reencontrar en los siguientes 88' del desierto salteño. Tras un par de ataques aislados, la "Banda de la Izquierda" de Central, asaltó a defensores y mediocampistas derechos del visitante. Entre Germán Weiner, Diego Ceballos y Denis Caputo se llevaron todo lo que había por ese carril dejando en claro cómo venía la mano en la noche. Y el botín fue sustancioso: lo primero que metieron a la bolsa fue desde un córner de esa esquina que ejecutó Ceballos, peinó Enzo Noir y Matías Villavicencio, que pasó por el "santo", empujó con su cuerpo. Pese a que los jugadores visitantes protestaron, dio la sensación (a primera vista) que fue con su torso.
Y luego llegó el turno de Noir, que recibió la asistencia de Matías Manzano, también desde la izquierda y definió de zurda, pero en el festejo apareció algo de culpa: el delantero no lo gritó y levantó su mano señalando a su ex hinchada como para que quede claro que no hubo ensañamiento, aunque el daño estaba hecho.
El segundo tiempo sirvió para que el local especule entre el tercero y cuidar los dos que había sacado, consiguiendo un equilibrio: generó algunas chances (no tan claras como en el primero) y se reforzó atrás. San Martín salió con otra cara pero ya había mostrado la peor de sus máscaras y eso se sintió. Avanzó y avanzó, pero sin crear peligro concreto. Las estocadas seguían en el cuerpo y deberá curarlas antes del miércoles.
Los dos primeros minutos del partido fueron un oasis para los de La Ciudadela, con el que nunca se volverían a reencontrar en los siguientes 88' del desierto salteño. Tras un par de ataques aislados, la "Banda de la Izquierda" de Central, asaltó a defensores y mediocampistas derechos del visitante. Entre Germán Weiner, Diego Ceballos y Denis Caputo se llevaron todo lo que había por ese carril dejando en claro cómo venía la mano en la noche. Y el botín fue sustancioso: lo primero que metieron a la bolsa fue desde un córner de esa esquina que ejecutó Ceballos, peinó Enzo Noir y Matías Villavicencio, que pasó por el "santo", empujó con su cuerpo. Pese a que los jugadores visitantes protestaron, dio la sensación (a primera vista) que fue con su torso.
Y luego llegó el turno de Noir, que recibió la asistencia de Matías Manzano, también desde la izquierda y definió de zurda, pero en el festejo apareció algo de culpa: el delantero no lo gritó y levantó su mano señalando a su ex hinchada como para que quede claro que no hubo ensañamiento, aunque el daño estaba hecho.
El segundo tiempo sirvió para que el local especule entre el tercero y cuidar los dos que había sacado, consiguiendo un equilibrio: generó algunas chances (no tan claras como en el primero) y se reforzó atrás. San Martín salió con otra cara pero ya había mostrado la peor de sus máscaras y eso se sintió. Avanzó y avanzó, pero sin crear peligro concreto. Las estocadas seguían en el cuerpo y deberá curarlas antes del miércoles.
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