Sucumbió en Salta y complicó su futuro

Villavicencio y Noir fueron los verdugos de los "santos", que mostraron una pálida imagen.

NO GRAVITO. Lucas Oviedo trata de escapar de Chávez (5). El volante del santo tuvo un flojo desempeño. FOTO DE ROLANDO DíAZ (ESPECIAL PARA LA GACETA) NO GRAVITO. Lucas Oviedo trata de escapar de Chávez (5). El volante del "santo" tuvo un flojo desempeño. FOTO DE ROLANDO DíAZ (ESPECIAL PARA LA GACETA)
Nicolás Iriarte
Por Nicolás Iriarte 20 Mayo 2012
SALTA.- ¿Cómo disimular un cuchillazo en el centro del pecho? Imposible. Los gestos futbolísticos de San Martín no fueron la excepción y encajaron cada puñalada de la peor manera. En total fueron dos y lo peor es que no pudo asestar ninguna. Para colmo, los culpables son los que el hincha menos quiere: jugadores con pasado "santo" y los mismos 11 de Miguel Amaya que con el bajo nivel que mostraron, posibilitaron el 0-2 en contra.

Los dos primeros minutos del partido fueron un oasis para los de La Ciudadela, con el que nunca se volverían a reencontrar en los siguientes 88' del desierto salteño. Tras un par de ataques aislados, la "Banda de la Izquierda" de Central, asaltó a defensores y mediocampistas derechos del visitante. Entre Germán Weiner, Diego Ceballos y Denis Caputo se llevaron todo lo que había por ese carril dejando en claro cómo venía la mano en la noche. Y el botín fue sustancioso: lo primero que metieron a la bolsa fue desde un córner de esa esquina que ejecutó Ceballos, peinó Enzo Noir y Matías Villavicencio, que pasó por el "santo", empujó con su cuerpo. Pese a que los jugadores visitantes protestaron, dio la sensación (a primera vista) que fue con su torso.

Y luego llegó el turno de Noir, que recibió la asistencia de Matías Manzano, también desde la izquierda y definió de zurda, pero en el festejo apareció algo de culpa: el delantero no lo gritó y levantó su mano señalando a su ex hinchada como para que quede claro que no hubo ensañamiento, aunque el daño estaba hecho.

El segundo tiempo sirvió para que el local especule entre el tercero y cuidar los dos que había sacado, consiguiendo un equilibrio: generó algunas chances (no tan claras como en el primero) y se reforzó atrás. San Martín salió con otra cara pero ya había mostrado la peor de sus máscaras y eso se sintió. Avanzó y avanzó, pero sin crear peligro concreto. Las estocadas seguían en el cuerpo y deberá curarlas antes del miércoles.

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