08 Mayo 2012 Seguir en 
La victoria de François Hollande en las elecciones presidenciales de Francia cambia el espectro político europeo y complica las cosas a la canciller alemana, Ángela Merkel, acostumbrada a decidir la dirección del Viejo Continente con el incondicional apoyo de su aliado, Nicolas Sarkozy.
Desde el domingo, el dúo "Merkozy", pilar de la política anticrisis en Europa, es historia. La líder democristiana tendrá que acostumbrarse a un nuevo Presidente, que promete no seguirle el juego fácilmente y al que no ha visto personalmente.
El domingo, Merkel también tuvo que ver cómo los partidos de su coalición de centroderecha sufrían una nueva derrota regional en los comicios de Schleswig-Holstein. Y el próximo fin de semana se enfrenta a una peligrosa cita electoral en Renania del Norte-Westfalia, el Land más poblado de Alemania. Las malas noticias llegan de dentro y de afuera del país. En los corrillos del Poder Ejecutivo la respuesta es unánime: no le espera "nada bueno" con la victoria de Hollande.
Merkel y Sarkozy se empeñaron, en los últimos tiempos, en imponer una férrea disciplina presupuestaria que debería culminar en el pacto fiscal que diseñaron juntos para Europa. Hollande, por el contrario, promete revisarlo para impulsar un programa de crecimiento y empleo, con el confeso propósito de cambiar Europa. Consiga o no frenar a Alemania, lo cierto es que el resultado galo tiñe de rojo parte de un mapa invadido por el azul de los conservadores.
"El fin de 'Merkozy' significa el comienzo de una Europa mejor", subrayó el presidente del Partido Socialdemócrata alemán (SPD), Sigmar Gabriel. Horst Seehofer, líder de la CSU (socialcristianos), hermana bávara de la CDU de Merkel y socia en el Gobierno alemán, reconoció que las elecciones en Francia y Grecia "no facilitarán las cosas" a Berlín, pero consideró que el eje franco-alemán seguirá funcionando simplemente porque se trata de "una razón de Estado". "Si son inteligentes, se pondrán de acuerdo; ninguno de ellos puede tener interés en un bloqueo mutuo", concluyó el prestigioso semanario "Der Spiegel".
Desde el domingo, el dúo "Merkozy", pilar de la política anticrisis en Europa, es historia. La líder democristiana tendrá que acostumbrarse a un nuevo Presidente, que promete no seguirle el juego fácilmente y al que no ha visto personalmente.
El domingo, Merkel también tuvo que ver cómo los partidos de su coalición de centroderecha sufrían una nueva derrota regional en los comicios de Schleswig-Holstein. Y el próximo fin de semana se enfrenta a una peligrosa cita electoral en Renania del Norte-Westfalia, el Land más poblado de Alemania. Las malas noticias llegan de dentro y de afuera del país. En los corrillos del Poder Ejecutivo la respuesta es unánime: no le espera "nada bueno" con la victoria de Hollande.
Merkel y Sarkozy se empeñaron, en los últimos tiempos, en imponer una férrea disciplina presupuestaria que debería culminar en el pacto fiscal que diseñaron juntos para Europa. Hollande, por el contrario, promete revisarlo para impulsar un programa de crecimiento y empleo, con el confeso propósito de cambiar Europa. Consiga o no frenar a Alemania, lo cierto es que el resultado galo tiñe de rojo parte de un mapa invadido por el azul de los conservadores.
"El fin de 'Merkozy' significa el comienzo de una Europa mejor", subrayó el presidente del Partido Socialdemócrata alemán (SPD), Sigmar Gabriel. Horst Seehofer, líder de la CSU (socialcristianos), hermana bávara de la CDU de Merkel y socia en el Gobierno alemán, reconoció que las elecciones en Francia y Grecia "no facilitarán las cosas" a Berlín, pero consideró que el eje franco-alemán seguirá funcionando simplemente porque se trata de "una razón de Estado". "Si son inteligentes, se pondrán de acuerdo; ninguno de ellos puede tener interés en un bloqueo mutuo", concluyó el prestigioso semanario "Der Spiegel".
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