Los fantasmas

El modelo muestra grietas que dejan ver que la estructura es endeble y se sostiene en los ingresos extraordinarios de la soja.

BUENOS AIRES.- Después de consagrar casi 20 feriados y "días puentes" en el año, para fomentar el turismo y la actividad económica, el gobierno nacional cayó en la cuenta que semejante cantidad de jornadas inhábiles resulta un salvavidas de plomo para la actividad económica.

El esquema sirve también como excusa para que las autoridades escondan, en estos días inactivos, las causas de la caída en la actividad económica.

Con este razonamiento, no son las fallas del modelo. Son los feriados los que provocan la caída de la actividad.

Sin embargo, el modelo económico que instrumenta el Ejecutivo muestra las grietas de sus fallas de origen. Esas grietas dejan ver que la estructura es endeble y que sólo está cimentada en los ingresos provenientes de los extraordinarios precios internacionales de la soja.

La fuga de capitales que, durante el año anterior, llegó a 34.000 millones de dólares, marcó el comienzo del derrumbe, tanto para el gobierno como para los inversores.

No es casual entonces que la Casa Rosada haya "apuntalado" el modelo con medidas restrictivas de importaciones y de control cambiario que frenaron el desequilibrio comercial, de balance de pago, pero que generaron costos no deseados e impactan de lleno en la actividad económica.

Las barreras paraarancelarias dispuestas por la Argentina encuentran reciprocidad en sus clientes y las denuncias contra el país, en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en diversos foros internacionales y regionales se multiplican.

Efectos secundarios
La falta de insumos, en algunos casos, y la acumulación de stock en otros están generando efectos secundarios de alto impacto social, como suspensiones y cierre de plantas.

Paralelamente, el déficit fiscal se amplía, a pesar de los ingresos extraordinarios vía retenciones.

En el primer trimestre del año, las cuentas públicas muestran un rojo de 1.000 millones de dólares, sin contar los vencimientos de capital de la deuda pública.

Las proyecciones más moderadas hablan de un desequilibrio para todo este 2012 cercano a los 5.000 millones de dólares.

Primero, intentaron con el recorte de los subsidios y quedó a medias debido al abrupto freno de la demanda global.

Luego, con la "ocupación" del Banco Central de la República Argentina (BCRA), lograron una posición más confortable, aunque no termina de cuajar.

El zarpazo sobre Repsol -sin ahondar en los riesgos, costos inmediatos y mediatos que conlleva semejante operación del Gobierno-, es la contracara de esta asfixia financiera.

YPF no es una caja para solucionar los mamarrachos fiscales. Al revés, YPF necesita dinero, y mucho, además de manejo ultraprofesional con el cual el gobierno no cuenta. Las experiencias "estatizadoras" muestran el perfil de la gestión kirchnerista.

El despilfarro de los ahorros previsionales, el monstruoso déficit de Aerolíneas Argentinas y de Agua y Saneamientos Argentinos (Aysa), el colapso del sistema ferroviario y el desequilibrio de la balanza energética son muestras cabales de la mano kirchnerista.

El ajuste
Al margen del destino de YPF, el gobierno apuesta como desde 2007, al impuesto inflacionario como mecanismo de ajuste profundizando aún más la pobreza. El ajuste lo pagan los más pobres. El modelo es, claramente, de exclusión social.

Ahora con el Banco Central y la imprenta de billetes sin control, "el festival de papelitos de colores sin respaldo" será la política elegida para apuntalar el modelo.

Sin la posibilidad de encontrar financiamiento genuino, con las fuentes internas casi agotadas, con el desfile mendaz de las provincias en procura de dinero fresco o de cuasidinero -la imprenta calcográfica lo puede todo-, el Tesoro está cercado.

Sin dólares a disposición y con pesos sin valor, una frase quedó haciendo eco en la city: "hay que desdolarizar la Argentina por las buenas o por las malas", dijo el responsable de la Unidad de Información Financiera, encargada de controlar el lavado de dinero.

El fantasma de una pesificación sobrevuela nuevamente la Argentina.

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