29 Abril 2012 Seguir en 
Alejandra Deza y Amelia Acosta dirigen el Estudio Bajo Jardín desde hace años. En un diálogo con LA GACETA, Deza confiesa que en los últimos tiempos observó una mayor demanda y toma de conciencia respecto de la necesidad del estudio de la danza académica (ya sea clásica o contemporánea) para mejorar los desempeños en otros estilos dancísticos o en las danzas populares o folclóricas.
"No hemos notado mayores exigencias de los padres de alumnos, ni de alumnos, para acelerar procesos educativos; por el contrario, la mayoría de ellos se quejan respecto de cómo estos programas tan mediáticos desvirtúan conceptos en relación con la necesidad de atravesar los necesarios procesos de estudio. Estos procesos llevan su tiempo para lograr la adquisición y dominio de una herramienta técnica artística, sobre todo en las denominadas danzas académicas", añadió la directora refiriéndose al fenómeno mediático que conduce Marcelo Tinelli.
"A mi criterio, la popularidad de la danza gracias a la mayor difusión no ha logrado aún movilizar a la toma de conciencia, a la reflexión y a la discusión por parte del ámbito de la danza en general -y menos aún en Tucumán- respecto de lo que tenemos, de lo que hay que cambiar y de adónde queremos llegar. No creo que esta popularidad mediática promueva hoy 'avanzar en el dominio de las técnicas'. Por el contrario, está tergiversando las necesidades reales referidas a los tiempos y procesos (perseverancia, conducta, voluntad, actitud, tesón) necesarios para la formación de bailarines profesionales. En una semana no se adquiere técnica alguna, de ninguna manera, sólo podés aprender (si tenés algo de conocimientos previos) una secuencia, una coreografía quizás, para una danza popular, no académica. Y menos aún si habláramos de un estilo, como por ejemplo el romanticismo dentro del ballet, eso es imposible. Lo fácil y rápido no es lo mejor. La danza no es igual a un fast food".
Posteriormente, Deza, cita a la investigadora mexicana Graciela Agudelo: "(…) la inflexible presión de la cultura dominante, privilegia el ingenio sobre la inteligencia, las imágenes sobre las ideas, el humor sobre la gravedad, la banalidad sobre lo profundo y lo frívolo sobre lo serio. Ya no produce creadores en nuestros días, lo que se espera de los artistas no es el talento ni la destreza, sino la bravata y el desplante, sus atrevimientos no son más que las máscaras de un nuevo conformismo".
"La desaparición de mínimos consensos sobre los valores estéticos hace que en la actualidad todo sea permitido -añade-. En ese ámbito la confusión reina".
"No hemos notado mayores exigencias de los padres de alumnos, ni de alumnos, para acelerar procesos educativos; por el contrario, la mayoría de ellos se quejan respecto de cómo estos programas tan mediáticos desvirtúan conceptos en relación con la necesidad de atravesar los necesarios procesos de estudio. Estos procesos llevan su tiempo para lograr la adquisición y dominio de una herramienta técnica artística, sobre todo en las denominadas danzas académicas", añadió la directora refiriéndose al fenómeno mediático que conduce Marcelo Tinelli.
"A mi criterio, la popularidad de la danza gracias a la mayor difusión no ha logrado aún movilizar a la toma de conciencia, a la reflexión y a la discusión por parte del ámbito de la danza en general -y menos aún en Tucumán- respecto de lo que tenemos, de lo que hay que cambiar y de adónde queremos llegar. No creo que esta popularidad mediática promueva hoy 'avanzar en el dominio de las técnicas'. Por el contrario, está tergiversando las necesidades reales referidas a los tiempos y procesos (perseverancia, conducta, voluntad, actitud, tesón) necesarios para la formación de bailarines profesionales. En una semana no se adquiere técnica alguna, de ninguna manera, sólo podés aprender (si tenés algo de conocimientos previos) una secuencia, una coreografía quizás, para una danza popular, no académica. Y menos aún si habláramos de un estilo, como por ejemplo el romanticismo dentro del ballet, eso es imposible. Lo fácil y rápido no es lo mejor. La danza no es igual a un fast food".
Posteriormente, Deza, cita a la investigadora mexicana Graciela Agudelo: "(…) la inflexible presión de la cultura dominante, privilegia el ingenio sobre la inteligencia, las imágenes sobre las ideas, el humor sobre la gravedad, la banalidad sobre lo profundo y lo frívolo sobre lo serio. Ya no produce creadores en nuestros días, lo que se espera de los artistas no es el talento ni la destreza, sino la bravata y el desplante, sus atrevimientos no son más que las máscaras de un nuevo conformismo".
"La desaparición de mínimos consensos sobre los valores estéticos hace que en la actualidad todo sea permitido -añade-. En ese ámbito la confusión reina".
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