Hijo político, pero dilecto, de los brasileños

Dilma Rousseff bate récords de popularidad, pero los mismos gobernados que la elogian quieren que Lula vuelva al poder en 2014. Nació pobre, fue lustrín, enviudó joven, fue líder de masas, cayó preso, fundó un partido y antes de ganar, perdió tres veces

29 Abril 2012
"Bueno" o "Muy bueno". Así considera el 64% de los brasileños a la gestión de Dilma Rousseff. Según una encuesta de de 2.588 casos realizada por Datafolha (vinculada al diario Folha de São Paulo) , el 29% califica de "Regular" al gobierno, y sólo el 5% lo rotura de "Malo". Lo inquietante no es el récord de popularidad que acaba de alcanzar la mandataria, sino el hecho de que, pese a la positiva valoración, la mayoría prefiere que Luiz Inácio Lula da Silva vuelva a la jefatura del Estado. Específicamente, el 57% de los encuestados quiere que el ex presidente sea de nuevo en el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones presidenciales de 2014. Sólo el 32% se expresa en favor de la reelección de Rousseff, que siempre ha sido reivindicado como un "derecho" de la presidenta por parte del propio Lula, que sistemáticamente declina ofrecimientos.

En 2002, en un artículo publicado precisamente en Folha de São Paulo, el historiador inglés Eric Hobsbawm sostiene que es tal el impacto de la elección de Lula como presidente de Brasil que ese es uno de los pocos eventos del comienzo del siglo XXI que da esperanzas para el resto de la centuria. Hablaba de un hombre que sufrió el desarraigo, que conoció a su padre mucho después de haber nacido, que fue lustrabotas, que fue perseguido y preso político, que perdió tres elecciones presidenciales, que viró ideológicamente para que la cuarta fuera la vencida, y que después de dos gestiones exitosas, debió emprender la lucha contra el cáncer, que hoy libra.

El origen
"El 27 de octubre de 1945, en Garanhuns, una ciudada castigada por la sequía y olvidada del sertón de Pernambuco, nacía el séptimo hijo de un matrimonio de labradores pobres: Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Mello, más conocida como doña Lindu. Bautizado como Luiz, el niño pronto recibió el apodo de Lula, bastante común en esa región nordestina", describe Denise Paraná en Lula, el hijo de Brasil, una de las biografías del ex mandatario más vendidas en la Argentina.

Allí se da cuenta de que pocos días antes de que naciera Lula, su padre emigra en busca de trabajo: se conocieron cuando el niño cumplió cinco años, en 1950. Dos años después, su madre decide mudar a toda la familia. En las calles de Santos (donde Arístides consigue trabajo como estibador) Luiz Inácio tiene su primer trabajo: vende de maní, naranja y tapioca. Y se alfabetiza en la primaria. Cuatro años después, doña Lindu se muda con sus hijos a la ciudad de São Paulo, separándose del hombre al que acusa de violento y de no haber sido nunca buen marido ni buen padre.

En 1956, Lula trabaja como ayudante de tintorería y como telefonista, haciendo "changas" como lustrabotas, precisa el libro. Cuando cumple 15 años, consigue una vacante en el curso de tornero mecánico ofrecido por el Servicio Nacional de la Industria. Ya recibido, pasa a intergrar el plantel de operarios de una gran empresa metalúrgica, Villares.

Era todavía joven cuando se casa por primera vez. Su esposa, María de Lurdes, una operaria tejedora, muere tempranamente, a raíz de una hepatitis que es detectada muy tarde. El hijo del matrimonio fallece junto con su madre durante el parto. Años más tarde, Lula sería padre de una niña, Luriam, fruto e una relación mantenida durante su viudez con la enfermera Mariam Cordeiro. Poco después se casa con Marisa Letícia da Silva, y es padre de cuatro hijos más: Marcos -hijo del primer matrimonio de Marisa, también viuda-, Fabio Luiz, Sandro Luiz y Luiz Claudio.

El sindicalista

"En 1969, un Lula despolitizado y sin ningún conocimiento de las prácticas sindicales, es invitado a participar en la dirección del Sindicato de los Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas y de Material Eléctrico de São Bernardo do Campo y Diadema. Aunque a disgusto, termina por aceptar la invitación que inicialmente ha sido dirigida a su hermano, José (Frei Chico), que era militante comunista. Fue esa mera casualidad la que lo acercó al mundo sindical", relata Paraná. Cuando en 1972 es convocado otra vez a formar parte de la directiva del sindicato, ya es un promisorio líder sindical, que se hace cargo del sector de previsión social de la entidad. En 1975, una nueva elección lo coloca en la presidencia del gremio".

Son los tiempos del "nuevo sindicalismo" brasileño, diferente del caracterizado por el clientelismo y el asistencialismo. Él retoma antiguas luchas: salarios dignos, empleo estable, mejores condiciones de trabajo. En las elecciones del 78, es reelecto con el 98% de los votos de los agremiados. Y a través de los Metalúrgicos y de su liderazgo, los trabajadores brasileños desafiarán a la dictadura militar que hasta entonces desconocía las huelgas de alcance nacional.

La biógrafa precisa que en el 79 se repite la experiencia huelguista, pero como paro unificado de toda la industria metalúrgica, que se extiende por 15 días. La dictadura y el empresariado responde con represión policial incluso dentro de las fábricas. El Ministerio de Trabajo considera ilegal la huelga e interviene el sindicato, separando a Lula y a la comisión directiva durante dos meses.

En 1980, él lidera una conocida huelga del sector, que dura 41 días. Todo el industrializado Estado de São Paulo se paraliza y 300.000 trabajadores adhieren a la medida de fuerza. Otra vez, represión policial e intervención del sindicato, pero es peor. Lula recibe 31 días de reclusión en el Departamento de Orden Político y Social (en noviembre de 1981, la Justicia Militar lo condena a tres años y medio de prisión, pero en abril del 82 es anulado por el superior tribunal superior).

El político
"Convencido de que los trabajadores debían tener sus propios representantes en la esfera política, el 10 de febrero de 1980, Lula, junto con otros sindicalistas, intelectuales, representantes de la Iglesia progresista, militantes de grupos de izquierda y de movimientos populares, entre otros factores, fundan el Partido de los Trabajadores", precisa Paraná. Son los delicados tiempos de la transición de la dictadura militar ya insostenible a la democracia. Forjado en el seno del movimiento sindical, el PT proclama la transformación sólo es posible si proviene del pueblo.

Con no muchos recursos financieros ni humanos, él y un grupo de sindicalistas y de militantes de izquierda inician una peregrinación por el país. Pocos años después, el PT se transforma uno de los partidos opositores más importantes del país. Y Luiz Inácio encara una peregrinación por el mundo, pero ya debidamente invitado por centrales obreras, líderes políticos e intelectuales.

En 1982, el PT consagra ocho diputados federales. En 1983 funda la Central Única de los Trabajadores, sin tutela del Estado. En 1986, el PT duplica su representación parlamentaria y consigue 16 diputados. Un año antes gana la intendencia de una capital: el municipio de Fortaleza.

En 1989, y tras 29 años sin elecciones directas para la Presidencia de la República, Lula llega a segunda vuelta con 16 millones de votos. Finalmente, conseguirá el 47% de los sufragios (31,5 millones de votos), contra el 53% (35 millones de voluntades) de Fernando Collor de Mello.

El año siguiente lo encuentra coordinando el "gabinete de las sombras" de la oposición. En 1991, durante el transcurso del primer congreso nacional del PT, es reelegido presidente del partido y propone una revisión ideológica en nombre de la moderación. Por entonces, compara al PT con un árbol de tronco socialista cuyas ramas eran lo bastante flexibles como para incluir diversas corrientes, desde los trotskistas hasta los ecologistas y los teólogos de la liberación.

En 1992 tiene un papel rutilante en la lucha contra la corrupción, que culminó con el proceso parlamentario de destitución de Collor de Mello, quien renunció minutos antes de la votación que iba a separarlo definitivamente del cargo. Las encuestas decían entonces que si las elecciones del 89 fueran ese año, Lula sería el Presidente electo. Pero él debería esperar una década más para alcanzar la primer magistratura.

Paraná recuerda que, en 1993, Lula está embanderado en la lucha por los derechos humanos y adhiere activamente a una campaña nacional de lucha contra el hambre y encabeza las multitudinarias Caravanas de la Ciudadanía. Pero enfrente aparece Fernando Henrique Cardoso, quien siendo ministro llevó adelante el Plan Real, exitoso en el control de la inflación. Él, con el 44% de los votos (34,4 millones de sufragios), le ganará en primera vuelta a Lula en 1994, que obtiene el 22% (17,1 millones de intenciones). En el 98 se repetirá la historia: Cardoso es reelecto en primera vuelta, con casi 36 millones de votos, contra los 21,5 millones que consigue Lula.

El presidente
Finalmente, en 2002, Lula se presenta por cuarta vez en comicios presidenciales y logra la victoria batiendo el récord de votos de las elecciones de Brasil: consigue 52,8 millones de votos (31,3%), contra los 33,4 millones de sufragios (38,7%) de José Serra (Partido de la Social Democracia Brasileña), que era apoyado por Cardoso. Se convierte en el décimo séptimo presidente electo por el voto directo en Brasil. Proponiendo un pacto social con "las fuerzas vivas de la Nación", alió el PT con el Partido Liberal y puso como compañero de fórmula al magnate textil José Alencar. Creó así una fórmula más de "centro" que en las oportunidades anteriores.

Opera toda una evolución ideológica y un viraje estratégico al comienzo de la campaña electoral, a fines de 2001, cuando los asesores de Lula adoptaron una visión menos radical del combate político y convirtieron al líder obrero en un político profesional. Bajo la dirección de Duda Mendonça, gurú del marketing político encargado de la campaña electoral, el presidente del PT eliminó de su programa cualquier referencia al socialismo. Los asesores impusieron una imagen inédita del candidato, menos hosca, con traje y corbata, padre y esposo afectuoso.

Lula se comprometió a respetar el acuerdo entre el gobierno de Cardoso y el Fondo Monetario Internacional (FMI), "un pacto de transición" que obligaba a mantener la austeridad presupuestaria a cambio de los préstamos internacionales que garantizaban la estabilidad financiera.

Aunque el impulso electoral de Lula convirtió al PT en el primer partido en ambas Cámaras del Congreso, el nuevo presidente, el del "partido de los pobres", sólo contaba con el aval de 180 de los 513 diputados y de 30 de los 81 senadores, lo que le obligaba a una negociación permanente para sacar adelante sus proyectos.

Con la hegemonía indiscutible del PT (el mayor partido de izquierda de occidente, sólo superado en el mundo por el Partido Comunista Chino), tiene como prioridades la reforma agraria y el combate contra la pobreza. Pero afronta un desafío: encontrar las mayorías para propulsar las reformas necesarias sin alarmar a los poderes fácticos, nacionales e internacionales; y calmar las lógicas impaciencias de los obreros, los campesinos sin tierra y las clases medias empobrecidas.

Logró maniobrar inteligentemente entre ambas orillas, hasta el punto de liquidar la deuda con el Fondo Monetario internacional (15.500 millones de dólares en diciembre de 2005), para desvincularse de los controles del organismo internacional. Y al año siguiente, volvió a imponerse en las presidenciales de 2006.

Su política ecocómica de baja inflación, alta tasa de crecimiento del PBI, reducción del desempleo y equilibrio de la balanza fiscal fue clave. Sus prácticas clientelísticas, tan criticadas desde la barricada sindical, también.

El escándalo
Su pujante ascenso político y su gobierno se vieron salpicados por un sonoro caso de corrupción del PT, que recibió el nombre de Mensalón (o "escándalo de las mensualidades"), en 2005. El Partido Laborista Brasileño (PTB) denunció que sus propios diputados recibían fabulosas "mensualidades" del tesorero del PT, Delúbio Soares,para votar en sintonía con el oficialismo.

El escándalo involucró a dirigentes históricos del PT, a miembros del Ejecutivo federal y a todos los grandes partidos. Sin embargo, Lula logró salir airoso de esta crisis: fue otra vez el candidato del PT y, como se dijo, obtuvo cómodamente la reelección.

Justamente, en un pasaje de las entrevistas que componem Lula, el hijo de Brasil, él suelta una frase que, aunque la emplea como descripción literal, sin connotación alguna, se convierte en una metáfora sumamente significativa. "Yo no iba por el camino de las Lágrimas, iba por el marginal". La ruta de las Lágrimas es un camino de trabajadores de su zona natal, y el marginal es una vereda, un sendero. Pero en su vida son eso, y otras muchas otras cosas también.

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