29 Abril 2012 Seguir en 
La foto dio la vuelta al mundo. El presidente estadounidense, Barack Obama, en el situation room de la Casa Blanca, rodeado de asesores, la mirada fija en una pantalla de video. El ganador del premio Nobel de la Paz observaba en vivo cómo unidades especiales mataban, el 1 de mayo de 2011 (en uso horario occidental), en Pakistán, al jefe terrorista Osama bin Laden.
"We got him (Lo tenemos)", dice Obama tras la operación, una frase que parece salida de un thriller de Hollywood. Los disparos que mataron al creador de Al Qaeda hace un año fueron celebrados en EEUU como un momento estelar de la Nación, como la victoria final contra el mal. Pero en la lucha contra el terrorismo también hay un lado oscuro. ¿Estados Unidos sostiene los valores que predica?
Bin Laden muerto fue un triunfo por el que Estados Unidos esperó casi diez años. Con habilidad, Obama aprovecha las ventajas del momento. Los republicanos más duros sospecharon que era un "blando"; pero logró algo en lo que fracasó su antecesor en el cargo, George W. Bush.
"Se hizo justicia. Bin Laden no fue un líder musulmán, fue un asesino de musulmanes", declaró serio y claramente confiado en su rol de comandante en jefe. Son palabras fuertes. Palabras que aman los estadounidenses, que se enteraron a cuentagotas sobre una operación planeada durante semanas. No era la primera vez que Obama se presentaba como un luchador duro e intrépido contra el terrorismo, aunque algunos demócratas se imaginaron que sería diferente.
Antes había ordenado masivos bombardeos con aviones no tripulados en Pakistán; asesinatos dirigido en todo el mundo (incluso contra ciudadanos estadounidenses, como el predicador Anwar al Awlaki, nacido en Yemen), o el mantenimiento de la tan cuestionada cárcel de Guantánamo, cuyo cierre anunció un día después de asumir para luego cambiar de opinión (todavía hay 170 prisioneros en la base, la mayoría sin una acusación formal). "Hay una violación de los derechos estadounidenses e internacionales", aseguró Jamel Jaffer, de la organización de defensa de los derechos civiles ACLU.
Militares y miembros del servicio secreto elaboran listas de muerte en la que pueden ingresar estadounidenses sin juicio ni condena, algo que irrita a los demócratas. No fue hasta hace poco que Obama hizo que las muertes dirigidas fueran aprobadas por el Departamento de Justicia. Por eso no sorprende que el defensor de los derechos humanos, Anthony Gregory, le diera un nuevo nombre a Obama: "Bush Plus".
"We got him (Lo tenemos)", dice Obama tras la operación, una frase que parece salida de un thriller de Hollywood. Los disparos que mataron al creador de Al Qaeda hace un año fueron celebrados en EEUU como un momento estelar de la Nación, como la victoria final contra el mal. Pero en la lucha contra el terrorismo también hay un lado oscuro. ¿Estados Unidos sostiene los valores que predica?
Bin Laden muerto fue un triunfo por el que Estados Unidos esperó casi diez años. Con habilidad, Obama aprovecha las ventajas del momento. Los republicanos más duros sospecharon que era un "blando"; pero logró algo en lo que fracasó su antecesor en el cargo, George W. Bush.
"Se hizo justicia. Bin Laden no fue un líder musulmán, fue un asesino de musulmanes", declaró serio y claramente confiado en su rol de comandante en jefe. Son palabras fuertes. Palabras que aman los estadounidenses, que se enteraron a cuentagotas sobre una operación planeada durante semanas. No era la primera vez que Obama se presentaba como un luchador duro e intrépido contra el terrorismo, aunque algunos demócratas se imaginaron que sería diferente.
Antes había ordenado masivos bombardeos con aviones no tripulados en Pakistán; asesinatos dirigido en todo el mundo (incluso contra ciudadanos estadounidenses, como el predicador Anwar al Awlaki, nacido en Yemen), o el mantenimiento de la tan cuestionada cárcel de Guantánamo, cuyo cierre anunció un día después de asumir para luego cambiar de opinión (todavía hay 170 prisioneros en la base, la mayoría sin una acusación formal). "Hay una violación de los derechos estadounidenses e internacionales", aseguró Jamel Jaffer, de la organización de defensa de los derechos civiles ACLU.
Militares y miembros del servicio secreto elaboran listas de muerte en la que pueden ingresar estadounidenses sin juicio ni condena, algo que irrita a los demócratas. No fue hasta hace poco que Obama hizo que las muertes dirigidas fueran aprobadas por el Departamento de Justicia. Por eso no sorprende que el defensor de los derechos humanos, Anthony Gregory, le diera un nuevo nombre a Obama: "Bush Plus".







