El título de guapo, malo y camorrero no regalará ningún efecto sorpresa a quien pueda sentirse indestructible. El querer probarse ante otro rival, por probarse y sentirse mejor, tampoco lo convertirá en el mejor del mundo. Los machos no son parte de un deporte cuya dimensión cobra la descripción de epidemia. Las artes marciales mixtas o MMA tienen olor a revolución. Generan amores, odios pero, sobre todo, respeto. Mucho respeto. Entrar a una jaula, ring, octágono o hexágono no es para cualquiera. Resumir esta disciplina en un vale todo sería faltarle el respeto al honor por el oponente, al estudio y al trabajo de años.
Las MMA son artes marciales que engloban técnicas de otras, incorporan golpes y conocimientos de lucha de pie y suelo. Puede ser sangriento, sí, aunque ello no diga nada. Pasan los tres rounds de cinco minutos y cada uno a su casa, previo saludo, agradecimiento por una gran pelea y punto. De eso se tratan las artes marciales mixtas, de cruzar guantes, de saber moverse en el suelo; de lograr quebrar al enemigo con una sumisión, nocaut o abandono.
"Esto no es pelear por pelear. Los yankis cobran millones. Si no les pagás, no lanzan una mano. Un luchador se cuida como cualquier otro deportista. No te regala nada", explica Paloma Fabrykant, única embajadora en Argentina de UFC (Ultimate Fighting Championship), la NBA de este show, por compararlo de alguna manera. Especialista en el asunto, Paloma comenta en "Fox Sports" y "Space" peleas de MMA, de UFC y Strikeforce, entre otras franquicias. Lucha, pluma y prédica mediante, por darle el lugar que se merece el deporte.
Hay reglas y deben respetarse. La prioridad es el atleta, pese a que a veces termine brotado de sangre y chichones.
"Para ser un buen peleador de MMA es necesario saber jiu jitsu. Pero también tenés que saber sí o sí otras disciplinas que tengan striking (golpes). Es una guerra de atletas, de estilos personales", describe Paloma y regala un dato interesante. En Tucumán hay gente capacitada, como la academia "Sul Jiu Jitsu", de Gerardo Chirre. "Es gente seria, la adecuada", elogia Fabrykant a "Sato", estudioso del Brasilian Jiu Jitsu de Fernando Paradeda y Mario Sperri, de Porto Alegre. En Buenos Aires, su maestro es Javier Cardozo.
Un claro panorama
El encuentro con Chirre termina siendo revelador. "Toda la gente viene a aprender MMA y eso no se enseña, se entrena. MMA son varias artes marciales. Tenés que ser bueno en jiu jitsu, muai thai, karate, yudo, kick boxing; siendo bueno en eso, recién vas a pasar a un entrenamiento en MMA. No es venir y decir que te voy a enseñar. No es así. Esto lleva años de preparación". Gerardo, cuya base de operaciones está en un gimnasio de España primera cuadra, se adentra un poco más en el tema.
"Debés tener un panorama de las cinco distancias: larga, media, corta, cuerpo a cuerpo y suelo. En larga, media y corta, reinan el muai thai y el boxeo, por ejemplo; en cuerpo a cuerpo, el yudo y la lucha libre o grecorromana; y en suelo, el jiu jitsu. Hay que saber hacer una transición. Pego y voy a otra sabiendo a qué me enfrento y cómo encarar la situación", explica y le deja un mensaje a los que piensan que esto es así nomás.
"Podés ser un kamikaze y meterte a pelear MMA sin saber de guantes. El octágono es chico y podés terminar en el piso. Pero si no sabés de suelo, sí o sí vas a perder". El jiu jitsu es la piedra basal de esta historia.
"Hace 10 años que lo practico y desde hace poco soy cinturón marrón", baña de realidad "Sato" lo complicado y emocionante de este arte milenario. "En nuestra academia no se regalan cinturones; hay que ganárselo, no hay exámenes. Es por mérito. Podés encontrar 1.000 cintos negros de taekwondo. En cambio, de jiu jitsu no, porque todos los días evoluciona y se aprende algo nuevo", dice sobre el primer arte marcial japonés. Además de saber jiu jitsu, Chirre es segundo dan de Karate, cinturón marrón de yudo y hace lucha olímpica. "Estoy viejo, pero quizás si hubiera sido más joven, me tenía fe para pelear en ligas mayores, je", dice antes de la despedida "Sato".
"Pregonamos la amistad, la solidaridad, el apoyo al compañero. Si uno viene a probarse, acá no dura ni un día". Guapos, abstenerse.
Las MMA son artes marciales que engloban técnicas de otras, incorporan golpes y conocimientos de lucha de pie y suelo. Puede ser sangriento, sí, aunque ello no diga nada. Pasan los tres rounds de cinco minutos y cada uno a su casa, previo saludo, agradecimiento por una gran pelea y punto. De eso se tratan las artes marciales mixtas, de cruzar guantes, de saber moverse en el suelo; de lograr quebrar al enemigo con una sumisión, nocaut o abandono.
"Esto no es pelear por pelear. Los yankis cobran millones. Si no les pagás, no lanzan una mano. Un luchador se cuida como cualquier otro deportista. No te regala nada", explica Paloma Fabrykant, única embajadora en Argentina de UFC (Ultimate Fighting Championship), la NBA de este show, por compararlo de alguna manera. Especialista en el asunto, Paloma comenta en "Fox Sports" y "Space" peleas de MMA, de UFC y Strikeforce, entre otras franquicias. Lucha, pluma y prédica mediante, por darle el lugar que se merece el deporte.
Hay reglas y deben respetarse. La prioridad es el atleta, pese a que a veces termine brotado de sangre y chichones.
"Para ser un buen peleador de MMA es necesario saber jiu jitsu. Pero también tenés que saber sí o sí otras disciplinas que tengan striking (golpes). Es una guerra de atletas, de estilos personales", describe Paloma y regala un dato interesante. En Tucumán hay gente capacitada, como la academia "Sul Jiu Jitsu", de Gerardo Chirre. "Es gente seria, la adecuada", elogia Fabrykant a "Sato", estudioso del Brasilian Jiu Jitsu de Fernando Paradeda y Mario Sperri, de Porto Alegre. En Buenos Aires, su maestro es Javier Cardozo.
Un claro panorama
El encuentro con Chirre termina siendo revelador. "Toda la gente viene a aprender MMA y eso no se enseña, se entrena. MMA son varias artes marciales. Tenés que ser bueno en jiu jitsu, muai thai, karate, yudo, kick boxing; siendo bueno en eso, recién vas a pasar a un entrenamiento en MMA. No es venir y decir que te voy a enseñar. No es así. Esto lleva años de preparación". Gerardo, cuya base de operaciones está en un gimnasio de España primera cuadra, se adentra un poco más en el tema.
"Debés tener un panorama de las cinco distancias: larga, media, corta, cuerpo a cuerpo y suelo. En larga, media y corta, reinan el muai thai y el boxeo, por ejemplo; en cuerpo a cuerpo, el yudo y la lucha libre o grecorromana; y en suelo, el jiu jitsu. Hay que saber hacer una transición. Pego y voy a otra sabiendo a qué me enfrento y cómo encarar la situación", explica y le deja un mensaje a los que piensan que esto es así nomás.
"Podés ser un kamikaze y meterte a pelear MMA sin saber de guantes. El octágono es chico y podés terminar en el piso. Pero si no sabés de suelo, sí o sí vas a perder". El jiu jitsu es la piedra basal de esta historia.
"Hace 10 años que lo practico y desde hace poco soy cinturón marrón", baña de realidad "Sato" lo complicado y emocionante de este arte milenario. "En nuestra academia no se regalan cinturones; hay que ganárselo, no hay exámenes. Es por mérito. Podés encontrar 1.000 cintos negros de taekwondo. En cambio, de jiu jitsu no, porque todos los días evoluciona y se aprende algo nuevo", dice sobre el primer arte marcial japonés. Además de saber jiu jitsu, Chirre es segundo dan de Karate, cinturón marrón de yudo y hace lucha olímpica. "Estoy viejo, pero quizás si hubiera sido más joven, me tenía fe para pelear en ligas mayores, je", dice antes de la despedida "Sato".
"Pregonamos la amistad, la solidaridad, el apoyo al compañero. Si uno viene a probarse, acá no dura ni un día". Guapos, abstenerse.
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