Cassano embrujó a Tucumán en una despedida a lo grande
Los grandes teatros de la provincia estuvieron colmados. En el San Martín, la bailarina Eleonora Cassano consiguió hechizar a un público que la ovacionó de pie. Ella, siempre perfecta, brindó una impactante versión de "Carmen" y una selección de tangos y milongas. En el Alberdi, en tanto, QV4 divirtió a una platea que se entregó a las imitaciones y a los chistes.La bailarina se lució con "Carmen" y una nueva versión de "Entre tangos y milongas". Ovación
Así como sucede con la ópera, al ballet suele considerarselo elitista; un género que no acepta iniciados, sólo entendidos. Pues bien: ya es tiempo de ir dejando atrás esos prejuicios. El arte no se entiende, se disfruta. Y eso es justamente lo que hicieron los tucumanos que colmaron el teatro San Martín para ver "¡Chapeau!", el espectáculo que la consagrada Eleonora Cassano eligió para despedirse de los escenarios.
La función alcanzó momentos de gran lirismo y belleza, y consiguió embrujar a la platea hasta el final, cuando los últimos cuadros tangueros deslizaron la tenue e inevitable melancolía del adiós. Pero, para ser justos, el repertorio fue de lo más festivo. Y comenzó con la siempre vigente y aclamada "Carmen" de Georges Bizet, en la recordada versión que Alberto Alonso preparó para Maia Plisetskaia. Este ballet, tantas veces representado por los cuerpos estables de Tucumán, logró su nivel más conmovedor en la escena de la muerte de Carmen, la sensual cigarrera que no admite ser poseída por nadie y que Cassano encarnó con notable solvencia. Un final de acto que fue pura magia; no sólo por la maravillosa coreografía, sino sobre todo por la expresividad de los rostros de los artistas, en especial, el del primer bailarín Bautista Parada, que se lució de principio a fin.
En la segunda parte el espectáculo, ese sortilegio con el que Cassano hechizó a los tucumanos, alcanzó otro nivel gracias una elaborada y sofisticada interpretación del tango tradicional mezclado con la danza moderna. Semejante amalgama, brillantemente plasmada en lo coreográfico y en el diseño del vestuario, se debe a la firme experiencia del coreógrafo y vestuarista Gustavo Mollajoli. El clímax sobrevino con el pas de deux "A Buenos Aires", donde el tango y la milonga -despojados de toda voz- se entrelazaron sin ninguna trama argumental.
Cassano, cada vez más insertada en el género tanguero, volvió a innovar precisamente cuando parecía que ya todo estaba dicho en materia de milongas. Tal vez por eso, esta despedida fue una especie de "hasta luego". De hecho, muchos de los que se pusieron de pie para aplaudir a la bailarina al final del show le gritaron: "¡no te vayas nunca, Eleonora!"
La función alcanzó momentos de gran lirismo y belleza, y consiguió embrujar a la platea hasta el final, cuando los últimos cuadros tangueros deslizaron la tenue e inevitable melancolía del adiós. Pero, para ser justos, el repertorio fue de lo más festivo. Y comenzó con la siempre vigente y aclamada "Carmen" de Georges Bizet, en la recordada versión que Alberto Alonso preparó para Maia Plisetskaia. Este ballet, tantas veces representado por los cuerpos estables de Tucumán, logró su nivel más conmovedor en la escena de la muerte de Carmen, la sensual cigarrera que no admite ser poseída por nadie y que Cassano encarnó con notable solvencia. Un final de acto que fue pura magia; no sólo por la maravillosa coreografía, sino sobre todo por la expresividad de los rostros de los artistas, en especial, el del primer bailarín Bautista Parada, que se lució de principio a fin.
En la segunda parte el espectáculo, ese sortilegio con el que Cassano hechizó a los tucumanos, alcanzó otro nivel gracias una elaborada y sofisticada interpretación del tango tradicional mezclado con la danza moderna. Semejante amalgama, brillantemente plasmada en lo coreográfico y en el diseño del vestuario, se debe a la firme experiencia del coreógrafo y vestuarista Gustavo Mollajoli. El clímax sobrevino con el pas de deux "A Buenos Aires", donde el tango y la milonga -despojados de toda voz- se entrelazaron sin ninguna trama argumental.
Cassano, cada vez más insertada en el género tanguero, volvió a innovar precisamente cuando parecía que ya todo estaba dicho en materia de milongas. Tal vez por eso, esta despedida fue una especie de "hasta luego". De hecho, muchos de los que se pusieron de pie para aplaudir a la bailarina al final del show le gritaron: "¡no te vayas nunca, Eleonora!"







