Morales arranca su séptimo año en el poder

El mandatario parece haber abandonado su estilo confrontativo para buscar la concertación

CHARLA INFORMAL. Morales y Ronaldinho se reunieron el viernes en Sucre. REUTERS
CHARLA INFORMAL. Morales y Ronaldinho se reunieron el viernes en Sucre. REUTERS
22 Enero 2012
El presidente de Bolivia, Evo Morales, comenzó a arriar sus banderas más radicales y a buscar alianzas con empresarios privados y con opositores, en procura de revertir un acelerado desgaste político y avanzar en megaproyectos vitales para el empobrecido país. El giro coincide con el inicio de su séptimo año en el poder, para el que parece haber abandonado su tradicional estilo desafiante, similar al de su aliado venezolano Hugo Chávez, y adoptado una insospechada estrategia de concertación, incluso con Estados Unidos luego de más de tres años de distanciamiento.

Se avisora así un nuevo Morales, más pragmático y conciliador, luego de que en el último año perdió buena parte del capital político acumulado en el quinquenio previo, como Presidente de los "movimientos sociales" y conductor de una "refundación" del país, con sello indigenista y socialista.

"Ante una especie de crisis interna y de dispersión de sus bases, el Gobierno trata de cohesionar nuevamente a las organizaciones sociales y acercar a otros sectores; quiere reconducir el proceso de cambio", consideró el analista político Franklin Pareja.

Sindicatos y grupos indígenas encabezaron numerosas protestas en 2011 (ver Más de...), que cuestionaron el liderazgo y la capacidad de Morales para completar sus planes económicos, aunque sin poner en riesgo la gobernabilidad. Ahora, el mandatario va a necesitar no sólo tranquilidad social sino también apoyo empresarial y político para ejecutar varios proyectos (industriales, de infraestructura y de explotación de recursos naturales) con los que pretende acelerar el crecimiento del país, aún entre los más pobres del continente pese a excelentes cifras macroeconómicas.

Entre esos planes se destacan la multiplicación por cinco de las reservas de gas; la industrialización de hidrocarburos y del litio; la expansión de la minería; la construcción de la primera industria siderúrgica, de hidroeléctricas, de carreteras y hasta de un ferrocarril de alta velocidad para conectar Brasil con los puertos chilenos y peruanos del Pacífico. Para estos objetivos, convocó a los partidos de la oposición, pero las mayores fuerzas políticos se autoexcluyeron y argumentaron que exigían hablar de política antes que de economía.

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