La ciudad natal del comandante lo defiende por el naufragio

22 Enero 2012
Meta di Sorrento, la ciudad natal de Francesco Schettino, cerca de Nápoles, estrechó el círculo de protección alrededor del capitán señalado como el mayor responsable de la tragedia del crucero Costa Concordia, convencida de que hizo todo lo posible para salvar a más de 4.000 personas.

Schettino, de 52 años, llegó a su casa la madrugada del miércoles, acompañado por carabineros que organizaron una verdadera operación secreta para engañar a la prensa y protegerlo de los fotógrafos que lo esperaban frente a su residencia.

El comandante está acusado de haber causado el naufragio en el que murieron, al menos, 12 personas, y está en arresto domiciliario. "El hombre más detestado" de Italia, según la prensa y las páginas de Internet, es defendido a capa y espada por sus paisanos. "Garantizó la seguridad a mucha gente, fue hábil", repiten varios vecinos, quienes subrayaron que dirigir los socorros desde las lanchas de rescate se llama "control marítimo" y es un comportamiento "completamente legal".

El pueblo es una suerte de barrio con 7.000 habitantes cerca de Sorrento. Allí se justifica el grave "error" del capitán, quien acercó demasiado el barco a la isla del Giglio para rendirle homenaje a sus habitantes, una práctica conocida como la "reverencia". Hijo de una dinastía de lobos de mar, Schettino fue recibido por su esposa, Fabiola Russo, y su hija de quince años, agobiadas por la tragedia. "En estas horas dramáticas, estamos cerca de los familiares de las víctimas", fueron las declaraciones de la mujer, pocas horas después del naufragio.

"Este es un linchamiento mediático", comentó un vecino y amigo de toda la vida, quien lo considera "un héroe", una persona que "salvó vidas humanas". También el cura del pueblo lo defiende y recuerda las arraigadas tradiciones marineras de esa tierra, la vida y los sacrificios de un hombre que hizo una carrera brillante y de la que se sentía orgulloso. "Humanamente lo mataron, es una vergüenza", se lamenta Gennaro Starita, quien es el párroco de la localidad desde hace 25 años.

"Ha cometido un error, pero no debe ser juzgado por los programas de televisión", sostienen sus amigos más cercano, a los que le ha dicho y repetido que no es verdad que haya escapado del barco siniestrado. Algunos ex colegas de trabajo aseguran que lo entienden. "Nos decepcionó, aunque estamos convencidos de que se trata de una reacción dictada por la emoción", sostienen.

Menos comprensivos resultan los internautas que envían mensajes llenos de insultos y desprecio contra el que califican de "sureño incapaz".

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios