21 Enero 2012 Seguir en 
BERLÍN.- El presidente federal de Alemania, Christian Wulff, expresó "vergüenza e indignación" por los crímenes racistas cometidos por ultraderechistas en la última década, al cumplirse ayer el 70 aniversario de la Conferencia de Wannsee, donde se dispuso el genocidio de los judíos de Europa. "Haremos todo lo posible para que el terror y el odio asesino al extranjero y a lo foráneo nunca vuelvan a tener un lugar en Alemania", aseguró en la ceremonia realizada cerca de Berlín.
El 20 de enero de 1942, 15 altos jerarcas nazis se reunieron, bajo la dirección de Reinhard Heydrich, en la mansión a orillas de un lago para sellar la deportación y el exterminio sistemático de judíos, en lo que se llamó la Solución Final. Entre los máximos responsables figuraba Adolf Eichmann.
En 1992 se inauguró un monumento funerario en ese sitio. "Este lugar y el nombre Wannsee se han convertido en símbolo de la distinción, organizada burocráticamente, entre vida digna de vivir e indigna de vivir para el exterminio organizado por el Estado, de la fría crueldad, del punto de partida del asesinato sistemático de un pueblo", afirmó Wulff. Agregó que el antisemitismo del Estado nazi había sido alimentado y sostenido por el antisemitismo en la sociedad. Por ello, dijo, es una tarea mantener viva la memoria del genocidio judío: "no podemos olvidar que lo increíble e inimaginable realmente sucedió".
El mandatario germano les garantizó a los judíos de todo el mundo el respaldo de Alemania en caso de estar en peligro o de ser perseguidos, y destacó el apoyo incondicional de su país a Israel. Al acto asistió el ministro israelí Yossi Peled, quien sobrevivió al Holocausto bajo una identidad falsa en Bélgica. De su familia sólo su madre sobrevivió en el campo de Auschwitz.
La referencia actual de Wulff se relacionó con tres neonazis que, en 10 años, asesinaron a ocho turcos, un griego y una agente policial, sin que las autoridades se percatasen. La falta de coordinación entre los servicios de inteligencia y con la Policía impidió que fueran vinculados con los ataques racistas. (DPA-AFP)
El 20 de enero de 1942, 15 altos jerarcas nazis se reunieron, bajo la dirección de Reinhard Heydrich, en la mansión a orillas de un lago para sellar la deportación y el exterminio sistemático de judíos, en lo que se llamó la Solución Final. Entre los máximos responsables figuraba Adolf Eichmann.
En 1992 se inauguró un monumento funerario en ese sitio. "Este lugar y el nombre Wannsee se han convertido en símbolo de la distinción, organizada burocráticamente, entre vida digna de vivir e indigna de vivir para el exterminio organizado por el Estado, de la fría crueldad, del punto de partida del asesinato sistemático de un pueblo", afirmó Wulff. Agregó que el antisemitismo del Estado nazi había sido alimentado y sostenido por el antisemitismo en la sociedad. Por ello, dijo, es una tarea mantener viva la memoria del genocidio judío: "no podemos olvidar que lo increíble e inimaginable realmente sucedió".
El mandatario germano les garantizó a los judíos de todo el mundo el respaldo de Alemania en caso de estar en peligro o de ser perseguidos, y destacó el apoyo incondicional de su país a Israel. Al acto asistió el ministro israelí Yossi Peled, quien sobrevivió al Holocausto bajo una identidad falsa en Bélgica. De su familia sólo su madre sobrevivió en el campo de Auschwitz.
La referencia actual de Wulff se relacionó con tres neonazis que, en 10 años, asesinaron a ocho turcos, un griego y una agente policial, sin que las autoridades se percatasen. La falta de coordinación entre los servicios de inteligencia y con la Policía impidió que fueran vinculados con los ataques racistas. (DPA-AFP)







