18 Enero 2012 Seguir en 
MADRID.- Baltasar Garzón se enfrenta desde ayer a una de sus peores pesadillas: ser juzgado. Y empezó de la peor manera, ya que el Tribunal Supremo español que lo juzga por un presunto prevaricato en una causa de corrupción ligada al gobernante Partido Popular (PP), rechazó la mayoría de las cuestiones presentadas por su defensa, que intentó suspender el juicio.
El magistrado está suspendido en su cargo desde hace casi dos años, y se enfrenta a 17 años de inhabilitación por su investigación del caso Gürtel, una trama de beneficios ilegales recibidos por dirigentes de la derecha española (actualmente se sustancia un juicio penal por aparte). Puntualmente, se lo cuestiona por haber ordenado escuchas entre los acusados detenidos y sus abogados defensores, las que ya fueron declaradas inconstitucionales.
La fracasada estrategia de Garzón fue pedir la posibilidad de recurrir una eventual sentencia condenatoria y recusar a los jueces que lo juzgan, Luciano Varela y Manuel Marchena, por considerar que su imparcialidad está comprometida. Ningún planteo prosperó.
El juez tiene otras dos causas en el Tribunal Supremo: una relacionada con su investigación de los crímenes del franquismo, y la otra por un dinero cobrado para dictar cursos en Nueva York entre 2005 y 2006.
Justificación
Garzón no está sentado en el banquillo de los acusados, sino en uno de los estrados, vestido con su toga negra de magistrado. Disfónico, respondió como pudo al interrogatorio de los magistrados supremos. Justificó las escuchas, en 2009, por existir indicios de que los acusados y sus abogados estaban complotados en una maniobra de blanqueo de más de 20 millones de euros (casi U$S 25,5 millones) en sobornos depositados en cuentas en paraísos fiscales. Los letrados, por el contrario, insistieron en que las intervenciones tenían como objetivo conocer la estrategia de defensa, algo que el enjuiciado negó rotundamente.
El juez suspendido acusó al PP de estar detrás de las causas en su contra por motivación ideológica. Al llegar a los tribunales fue recibido con aplausos y gritos de "Garzón es inocente, Garzón es un valiente"; "Tenemos memoria, queremos justicia" y "Fuera fascistas del Supremo". "Esto es un linchamiento, no un juicio", sostuvo el diputado de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares. (Télam)
El magistrado está suspendido en su cargo desde hace casi dos años, y se enfrenta a 17 años de inhabilitación por su investigación del caso Gürtel, una trama de beneficios ilegales recibidos por dirigentes de la derecha española (actualmente se sustancia un juicio penal por aparte). Puntualmente, se lo cuestiona por haber ordenado escuchas entre los acusados detenidos y sus abogados defensores, las que ya fueron declaradas inconstitucionales.
La fracasada estrategia de Garzón fue pedir la posibilidad de recurrir una eventual sentencia condenatoria y recusar a los jueces que lo juzgan, Luciano Varela y Manuel Marchena, por considerar que su imparcialidad está comprometida. Ningún planteo prosperó.
El juez tiene otras dos causas en el Tribunal Supremo: una relacionada con su investigación de los crímenes del franquismo, y la otra por un dinero cobrado para dictar cursos en Nueva York entre 2005 y 2006.
Justificación
Garzón no está sentado en el banquillo de los acusados, sino en uno de los estrados, vestido con su toga negra de magistrado. Disfónico, respondió como pudo al interrogatorio de los magistrados supremos. Justificó las escuchas, en 2009, por existir indicios de que los acusados y sus abogados estaban complotados en una maniobra de blanqueo de más de 20 millones de euros (casi U$S 25,5 millones) en sobornos depositados en cuentas en paraísos fiscales. Los letrados, por el contrario, insistieron en que las intervenciones tenían como objetivo conocer la estrategia de defensa, algo que el enjuiciado negó rotundamente.
El juez suspendido acusó al PP de estar detrás de las causas en su contra por motivación ideológica. Al llegar a los tribunales fue recibido con aplausos y gritos de "Garzón es inocente, Garzón es un valiente"; "Tenemos memoria, queremos justicia" y "Fuera fascistas del Supremo". "Esto es un linchamiento, no un juicio", sostuvo el diputado de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares. (Télam)







