Una sensible cuestión de Estado

29 Diciembre 2011
Por Mariano Spezzapria - NA

Con razón, la salud de los presidentes es tratada como una cuestión de Estado. Es así desde tiempos remotos y se entiende porque un jefe de Estado no es una persona común. La política argentina está repleta de ejemplos, algunos muy cercanos.

Por eso el sorpresivo anuncio del cáncer de tiroides que padece la presidenta, Cristina Fernández, está llamado a sacudir el tablero político nacional, más allá de que en primera instancia el Gobierno nacional dio a entender que la enfermedad se encuentra en una fase inicial, por lo que puede ser detenida a tiempo.

Las enfermedades de los mandatarios suelen ser un hecho de fuerte significación política. Lo saben en Brasil, donde la evolución del cáncer que afecta a Lula da Silva es seguida con interés nacional. También pueden dar cuenta de ello en Venezuela, donde Hugo Chávez gobierna mientras convive con la enfermedad. Aquí, en la Argentina, todavía está fresca la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, que tuvo una fuerte incidencia en el rumbo que tomó la política nacional en el último año.

Ahora, la noticia que da cuenta de la enfermedad de Cristina agrega un motivo más de preocupación a los argentinos.

Aunque seguramente los mecanismos institucionales funcionarán como es debido y el vicepresidente Amado Boudou se hará cargo del Poder Ejecutivo. (NA)

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