La base de rap viaja por la sangre. Ellos sienten que están en una esquina del barrio. El escenario se ilumina y el show que tanto esperaron comienza. El presentador del grupo agita al público y enciende el hechizo. Entonces, los cantantes aprietan el micrófono y liberan, con ritmo inconfundible, historias propias que hablan de lucha, de realidad que duele, pero también de sacrificio y de esperanza.
El conjunto NDV (Narradores de Vida) se formó hace tres meses en El Sifón y sus cinco integrantes se presentaron en la sala del centro cultural Patio Lorca. Las 13 canciones del recital nacieron del propio puño y apuntan al alma con relatos sobre la pobreza y la discriminación que sufren los habitantes de uno de los vecindarios con más carencias de la capital. Identificado con las letras, el público, en su mayoría familiares, amigos y vecinos de la banda, animó a los artistas hasta el final del show.
Con la sonrisa ancha por el primer éxito del recital, David Romero (22), uno de los cantantes, afirma que el rap no está asociado al vandalismo ni a la delincuencia. "Si se usa con inteligencia puede ser muy bueno. Significa ritmo y poesía (rhythm and poetry, por sus siglas en inglés). Nosotros contamos lo que pasa en el barrio, pero también la importancia de la familia y del sacrificio para cumplir los sueños", expresa. "(...) Dos estrellas que llenan mi corazón, dos estrellas que me llenan de inspiración (...) Ella es mi estrella, la chiquitita, que me dice papá con su vocesita cuando me mira con sus ojitos a este corazón duro lo vuelve un corazoncito (...)", reza "Mis dos estrellas", que David compuso para su hija y para su esposa.
Identidad barrial
A diferencia de otros ritmos populares como la cumbia, el rap le permite a NDV abordar experiencias cotidianas y dolorosas. Leandro Otarola (22), el vocalista que habla y rapea a la vez, cuenta que tiene dos primos que cayeron en la delincuencia y en la droga: "cuando la Policía entraba a mi casa a buscarlos me daba miedo. Yo quiero narrar esto, pero también mostrar que hay gente buena". "Vivo en un barrio humilde y es un poco pobre, siempre nos marginan y nos tratan de ladrones; en mi barrio viven pibes con mucha humildad son muy buenas personas y no tienen maldad; siempre nos acusan de robar o de matar pero esa gente sólo habla por hablar (...)", describe Leandro en "Representando a mi barrio", uno de los himnos del grupo.
Música y lucha
Los miembros de NDV trabajan en una cooperativa que funciona en El Sifón y su tarea consiste en mejorar el entorno del barrio. Pero la música no es para ellos un pasatiempo, sino un trabajo más. Isaías Juárez, el tercer cantante, afirma que su madre le enseñó con el ejemplo el valor de la lucha diaria, y cristalizó ese sentimiento en una canción. "Con este rap les quisiera contar las cosas que he pasado, cosas de realidad (...) mi madre trabajaba para nosotros poder alimentar (...) y así muchas veces no teníamos qué comer pero ella luchaba contra todo y supo vencer", clama el autor en "Mi propia historia".
Los sueños impulsan la música de la banda. Ezequiel Arriazu, el pianista, y Walter Terrero, el presentador, coincidieron en que su máximo anhelo es vivir del arte y llevar sus historias los más lejos que puedan. "Los políticos simpre dicen que ayudarán al barrio. Pero nos mienten. Por eso queremos cambiar nuestro lugar y reflejar eso en las canciones", asegura Walter. En cualquier escenario que les toque rapear, los pibes de NDV le piden a El Sifón su poder. Saben que el barrio estará con ellos. Siempre.
El conjunto NDV (Narradores de Vida) se formó hace tres meses en El Sifón y sus cinco integrantes se presentaron en la sala del centro cultural Patio Lorca. Las 13 canciones del recital nacieron del propio puño y apuntan al alma con relatos sobre la pobreza y la discriminación que sufren los habitantes de uno de los vecindarios con más carencias de la capital. Identificado con las letras, el público, en su mayoría familiares, amigos y vecinos de la banda, animó a los artistas hasta el final del show.
Con la sonrisa ancha por el primer éxito del recital, David Romero (22), uno de los cantantes, afirma que el rap no está asociado al vandalismo ni a la delincuencia. "Si se usa con inteligencia puede ser muy bueno. Significa ritmo y poesía (rhythm and poetry, por sus siglas en inglés). Nosotros contamos lo que pasa en el barrio, pero también la importancia de la familia y del sacrificio para cumplir los sueños", expresa. "(...) Dos estrellas que llenan mi corazón, dos estrellas que me llenan de inspiración (...) Ella es mi estrella, la chiquitita, que me dice papá con su vocesita cuando me mira con sus ojitos a este corazón duro lo vuelve un corazoncito (...)", reza "Mis dos estrellas", que David compuso para su hija y para su esposa.
Identidad barrial
A diferencia de otros ritmos populares como la cumbia, el rap le permite a NDV abordar experiencias cotidianas y dolorosas. Leandro Otarola (22), el vocalista que habla y rapea a la vez, cuenta que tiene dos primos que cayeron en la delincuencia y en la droga: "cuando la Policía entraba a mi casa a buscarlos me daba miedo. Yo quiero narrar esto, pero también mostrar que hay gente buena". "Vivo en un barrio humilde y es un poco pobre, siempre nos marginan y nos tratan de ladrones; en mi barrio viven pibes con mucha humildad son muy buenas personas y no tienen maldad; siempre nos acusan de robar o de matar pero esa gente sólo habla por hablar (...)", describe Leandro en "Representando a mi barrio", uno de los himnos del grupo.
Música y lucha
Los miembros de NDV trabajan en una cooperativa que funciona en El Sifón y su tarea consiste en mejorar el entorno del barrio. Pero la música no es para ellos un pasatiempo, sino un trabajo más. Isaías Juárez, el tercer cantante, afirma que su madre le enseñó con el ejemplo el valor de la lucha diaria, y cristalizó ese sentimiento en una canción. "Con este rap les quisiera contar las cosas que he pasado, cosas de realidad (...) mi madre trabajaba para nosotros poder alimentar (...) y así muchas veces no teníamos qué comer pero ella luchaba contra todo y supo vencer", clama el autor en "Mi propia historia".
Los sueños impulsan la música de la banda. Ezequiel Arriazu, el pianista, y Walter Terrero, el presentador, coincidieron en que su máximo anhelo es vivir del arte y llevar sus historias los más lejos que puedan. "Los políticos simpre dicen que ayudarán al barrio. Pero nos mienten. Por eso queremos cambiar nuestro lugar y reflejar eso en las canciones", asegura Walter. En cualquier escenario que les toque rapear, los pibes de NDV le piden a El Sifón su poder. Saben que el barrio estará con ellos. Siempre.







