En menos de 300 horas Julio Miranda será, o no, el candidato a senador y a presidente del PJ. El calendario electoral lo presiona y le pone fecha tope a su silencio. Ya consiguió las mejores cartas para dar el quiero; como ser los 120.000 votos de diferencia con el segundo -los mirandistas hablan de que se plebiscitó su gestión-; el pedido del congreso -la máxima autoridad partidaria- para que acepte el convite, y el respaldo del gobernador electo José Alperovich -pero únicamente a él, según aclara-. Sólo resta la tradicional movilización peronista para exigir que lo sea, y se cierra el capítulo del ruego. Y, otra vez, mirandismo para rato, ya que en el horizonte interno no se avizoran contrincantes de fuste. Los de apellidos con historia y de trayectoria quedaron afuera del PJ, sancionados con la desafiliación.
Hasta tanto a Miranda se le acabe el tiempo electoral -porque ya demostró que maneja bien el tiempo político-, todos los que aspiren a pelear los cargos electivos, especialmente, y los partidarios, en menor medida, estarán atentos a la menor señal del jefe. Lo único seguro es que no presentará una lista oficialista para senadores y diputados; los que quieran esos puestos deberán enfrentarse entre sí. Del saco de Miranda no se colgarán, por lo menos en apariencia, porque algunos guiños hay.
También hay operaciones silenciosas para que unos sean y otros no. Cabría preguntar quién apoya, por ejemplo, a Carlos Cisneros -que se postuló a diputado nacional-, amigo de Miranda y adversario interno de José Alperovich. El gobernador actual y el electo charlaron específicamente sobre aquel. El ex ministro habría puesto objeciones, y hasta se habría molestado por la presencia de Fernando Juri -el vicegobernador electo- en el plenario gremial que avaló al bancario. Y cuando a algún mirandista leal se le pregunta si su jefe respalda a Cisneros, la respuesta no es directa, pero suficientemente entendible. "No lo frenó", señalan.
Este caso pone en la mesa la verdadera cuestión de fondo; que a las actuales estructuras partidarias del justicialismo las maneja Miranda y que Alperovich necesita del peronismo. Cuando se armen las listas para los cuadros orgánicos y la de candidatos al Congreso -aunque se lo niegue en este último caso-, Miranda tendrá la lapicera. Pondrá a los suyos, a los leales, como es lógico. Y de este entramado político, electoral e institucional, quedará afuera, precisamente, Alperovich.
No es un dato menor si se piensa que el ex ministro de Economía gobernará los próximos cuatro años. Miranda hizo su gestión, pero gobernando al PJ.
Impuso a su sucesor, logró que varios de sus colaboradores dilectos lleguen a puestos clave en la próxima gestión y ahora puede irse al Senado por seis años y, desde allí, anudar acuerdos con el presidente Néstor Kirchner a partir de su sociedad con Eduardo Duhalde.
Los peronistas de años, los que manejan códigos y que únicamente viven pensando en la actividad política, consideran como un error táctico político que Alperovich no entre a terciar, por lo menos, en la proposición de candidatos al Congreso. Sin figuras que surjan al amparo de su bendición para quedar bien con Kirchner y con una nula injerencia en la composición de las estructuras partidarias, la debilidad política del futuro gobernador -en su relación con el mirandismo- es para que mínimamente se preocupe. Mucho más cuando en el documento que aprobó el congreso partidario del PJ se señala, en negrita, que nada de lo que se haga en nombre del movimiento podrá realizarse si antes orgánicamente no se aprueba. Huelgan las palabras.
En el justicialismo, comandado por Miranda, no se está dando un paso interno más; se está elaborando el esquema de poder de los próximos cuatro años, tanto partidario como de influencia en la gestión gubernamental.
30 Julio 2003 Seguir en 
Por Juan Manuel Asis






