Tres delirantes que hicieron del cachetazo una obra de arte

09 Diciembre 2011
Es difícil imaginar lo que habrá sentido Robert Downey Jr. hace dos décadas, cuando sir Richard Attenborough le ofreció el rol de Chaplin en la película homónima; un desafío apetecible para cualquier actor, pero al mismo tiempo, un compromiso de alto riesgo. La propuesta no era sólo la de encarnar al genial bufo, sino además, replicarlo en sus más célebres personajes y rutinas cómicas.

Ahora, los hermanos Farrelly emulan el desafío y lo multiplican por tres: devolver a la pantalla a los integrantes de uno de los más desopilantes conjuntos humorísticos en (tres) nuevos episodios.

Ya el primer rumor acerca del proyecto de los talentosos hermanos había causado revuelo en el mundo del cine. Es que el célebre trío de atolondrados que divirtió (y sigue haciéndolo) a generaciones de espectadores creó su propia estética (heredada del viejo vodevil) a partir de una mezcla de violencia y desenfreno con una buena cuota de absurdo, aderezada con un adecuado balance entre las contrastantes personalidades de sus integrantes.

Con la presencia de Moe y Larry como columnas, y con las idas y vueltas de Shemp, los Curly y los Joe, "Los tres chiflados" patentaron para siempre los cachetazos que no siempre llegan al destino esperado, los martillazos en la frente, los portazos en los dedos, las caídas, los resbalones y una casi infinita lista de torpezas y atrocidades físicas, infalibles a la hora de arrancar carcajadas en los públicos de todas las edades.

Los Farrelly, sus actores y sus guionistas enfrentan una prueba similar a la que Downey afrontó airosamente. Legiones de fanáticos del célebre trío original esperan ansiosamente el resultado.

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