BUENOS AIRES.- Como desde hace casi dos meses, el presidente Néstor Kirchner fue esta semana el protagonista exclusivo de la política local. En ese rol, concretó su viaje internacional más importante desde que se asomó a la política y puso su firma para derogar un polémico decreto: el que prohibía la extradición de militares para ser juzgados en el exterior por delitos de lesa humanidad.
En Estados Unidos, Kirchner desplegó una actitud y un discurso similares a los que ensayó en su periplo por Europa. Habló sin eufemismos y se mostró como un presidente realmente dispuesto a defender los intereses del país.
Sólo cambió las formas a la hora de hablar en Nueva York con empresarios e inversionistas americanos. Ahí, el jefe del Estado fue duro en su mensaje de fondo, pero cuidadoso en los modos, como no lo había sido en Madrid.
Según fuentes oficiales, el cambio no se debió a una autocrítica de lo hecho en Europa -ausencia a la reunión con los franceses y reto a los españoles- sino a la "calidad" del auditorio. "Ahí no estaban los que desangraron al país con giros de remesas, contratos leoninos o incumplimientos", dijeron. Lo cierto es que de su paso por Washington y Nueva York, el Presidente salió robustecido. Los guiños políticos de George W. Bush para el santacruceño fueron capitalizados por los voceros argentinos, que pusieron en palabras lo que nunca hizo siquiera a través de un escueto papel el Departamento de Estado.
Los elogios de Bush
Bush endulzó a Kirchner: lo trató de "líder", elogió lo que ha hecho por el país desde su asunción, lo alentó a pelear con el FMI hasta la última moneda y celebró sus puntos de vista. Pero, a buen entendedor, pocas palabras: "Si ustedes se ayudan, nosotros los vamos a ayudar", le dijo.
La frase, sencilla y cortita, conlleva nada más ni nada menos todo lo que desde Washington -en su doble versión Gobierno de Estados Unidos y FMI- se ha venido diciendo: plan sustentable, seguridad jurídica, pago de las abultadas deudas, etc.
La supuesta "buena impresión" causada por Kirchner en Washington no modificará el accionar de EE.UU. en lo más mínimo. En la política, la "seducción" y la "química" nunca se imponen por sobre los intereses. Y si algo tiene en claro Bush, eso parece ser la defensa de lo que él cree son los intereses americanos.
Era lógico prever "buenos resultados" de una cumbre a la que el santacruceño fue invitado antes de cumplir su segundo mes de gobierno. En ese marco, los guiños y los elogios sobraron. Pero, como dijo el canciller Rafael Bielsa, ahora hay que ver "los hechos". Sobre todo, los provenientes de un país con los que Argentina tiene, por decirlo de algún modo, conflictos que no existían años atrás (temas Irak, Cuba, ingreso de algunos productos nacionales a territorio americano, suculentas deudas impagas, etc).
Sólo la fortaleza para negociar y la pericia que Kirchner tenga para conducir las cuestiones de Estado mostrarán en el tiempo si los floreos por Europa y EE.UU. han dado frutos, o si sólo fueron los "espejismos" de la diplomacia.En el plano local, Kirchner debió acelerar los tiempos que había imaginado para estampar su firma en el decreto delarruista que prohibía la extradición de militares para ser juzgados por delitos aberrantes.
La cuestión militar
El pedido del juez Baltasar Garzón para que la Argentina extradite a unos 45 militares, a agentes de seguridad y a un civil, obligó a Kirchner a transferir a la Justicia el tema, mediante la derogación del decreto. En la Casa Rosada algunos creen que, finalmente, no se concretará una sola extradición. "Eso sería muy pesado", dicen. Esperan, en cambio, que la Corte Suprema de Justicia declare inconstitucionales las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, gestadas por Raúl Alfonsín, y que los militares pasen, entonces, por los tribunales nacionales."El decreto de De la Rúa era antijurídico. Queremos volver a la normalidad. Sólo con esta finalidad se ha vuelto sobre un tema que nunca debió haberse cerrado de la forma como se lo hizo. No creemos que se vayan a dar extradiciones. Eso demandará mucho tiempo. Antes va a haber una solución dentro del territorio argentino", dicen en el Gobierno, en el convencimiento de que la Corte fallará en sintonía con lo que ellos esperan. Aunque se niegan posibles "sutiles presiones" sobre el alto Tribunal, el propio Kirchner confió al "Washington Post" su postura a favor de la revisión -¿anulación?- de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
Por supuesto que en la Casa de Gobierno descreen de cualquier "peligro" para la democracia, derivado de este escenario.Así toma el segundo mes de gobierno al patagónico. Con logros internacionales y una impresionante buena imagen, pero con claros desafíos por venir. (DyN)






