Los juegos de azar

Habría que volver a la actitud del ex gobernador Gelsi con respeto al manejo de fondos provenientes de esta actividad.

27 Julio 2003
El griego Sófocles contaba que fue Palamedes, durante el sitio de Troya, el primero que jugó a los dados. El juego de azar fue una de las pasiones dominantes de los antiguos, quienes erigieron numerosos templos a la diosa Fortuna. Entre los romanos, fue la pasión por el juego una de las causas de la degradación de las costumbres públicas y de la decadencia del imperio, pese a que fueron estos los primeros en legislar contra el juego.
En medio de grandes polémicas, durante la gestión de Celestino Gelsi, el 31 de mayo de 1959 se inauguró el Casino provincial y meses después se legalizó la quiniela. De las utilidades se destinaban importantes porcentajes para salud (29%), educación (19%), cultura (5%) y turismo (44%). Los fondos provenientes del juego le permitieron a Gelsi la realización de importantes obras; entre ellas, la construcción del edificio del aeropuerto Matienzo y pavimentación de su pista de aterrizaje; pavimentación de las calles de distintos barrios de la ciudad; construcción de la Maternidad, del Mercado Sur y del Hospital de Niños; excavación del lago San Miguel en el parque 9 de Julio, y la erección del dique El Cadillal. En el ámbito de la cultura, se crearon el Teatro y el Ballet Estables, y se implementó el Setiembre Musical Tucumano. Con acciones concretas, Gelsi acalló entonces las voces que se oponían a la legalización de los juegos de azar como una fuente de ingresos para el Estado. Demostró que el dinero proveniente del juego, bien administrado, servía para impulsar el progreso.
Pero muy pocos de los gobernantes que lo sucedieron mantuvieron ese espíritu progresista, y, mucho menos, quienes vienen conduciendo la provincia en las dos últimas décadas, que no han podido hacer ni un tercio de lo realizado por Gelsi, que también gobernó en medio de conflictos sociales.
Actualmente, sobre una población de casi 1,4 millón, hay más de 100.000 adictos al juego en Tucumán. Se estima que una buena parte de las casi 50 salas de video póquer registradas que funcionan en San Miguel de Tucumán, no está habilitada por la Municipalidad.
Un legislador sostiene que sólo el 50% de las máquinas en la provincia paga el canon de $ 300 a la Caja Popular de Ahorros; la entidad crediticia, mientras tanto, se defiende, y afirma que si una máquina no paga el canon, se la secuestra. Asegura que, en caso contrario, no habría utilidades. Una edil afirma que de las 10 casas de juego instaladas en la avenida Roca, sólo una cuenta con autorización municipal, situación que debería controlar la Dipasa. Para justificar la ausencia de control y de transparencia se recurre a caprichosas interpretaciones del Código de Planeamiento Urbano, tanto el viejo como el nuevo. El legislador de Pueblo Unido denunció que el negocio de las apuestas está apadrinado por políticos influyentes, pero no dio nombres, y presentó un proyecto de ley para prohibir la instalación de las casas de juego en la provincia.
Ciertamente, no se trata de prohibir esta actividad. Con el mismo criterio, podría prohibirse la televisión por no estar de acuerdo con programas de dudoso contenido moral, cuando en realidad es el televidente quien puede decidir por sí mismo si ve o no un programa. Se trata, por un lado, de educar al ciudadano para que pueda discernir la realidad con un criterio propio y evitar de ese modo caer en la adicción. Pero, por otra parte, fallan los mecanismos de control de Estado porque las leyes y ordenanzas no se aplican en su sentido más cabal, ocasionándoles además un daño a las arcas del Estado; es decir, a todos los ciudadanos.
Hace más de cuatro décadas, el dinero proveniente de los juegos de azar ayudó a impulsar el progreso en Tucumán. Cabe preguntarse, entonces, cuál es actualmente el destino de esos millones de pesos si las obras públicas, la educación, la salud y la cultura se encuentran en constante agonía desde hace varios lustros.

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