Operaciones en negro

Las dudas dan impulso a la informalidad. La nueva realidad post-Menem. (Por Luis Alberto Peña, Jefe de Redacción).

27 Julio 2003
Están curtidos por las crisis que superaron. En estos meses los devaluaron, los pesificaron, los llenaron de bonos, les expropiaron sus Bocade, retiraron las cuasimonedas y los aplastaron con la recesión.
Los gobiernos estafaron demasiadas veces a los empresarios. Muchos están fundidos, pero lo disimulan. Se ponen saco y corbata para ir a los bancos, aunque preferirían no mendigar por descubiertos o préstamos.
A los empresarios les cuesta tragarse sus angustias y tratan de mirar al futuro con una dosis más digerible de optimismo.
Pero los que manejan dinero no vendrán a Tucumán y los que ya están no invertirán si hay problemas para producir (escasez en el suministro de gas o electricidad), si no pueden sacar sus producciones (por los piqueteros o la falta de camiones), si la seguridad jurídica se quiebra (con cambios en las reglas de juego, nuevos impuestos o expropiaciones), o si el Estado funciona como una descomunal maquinaria, dominada por la corrupción, que abruma al sector privado.
Estos son algunos de los motivos por los cuales las empresas no confían. Sobrevivir en Tucumán las obliga un esfuerzo ponderable. Afilar la imaginación, aceitar la inteligencia y tensar los músculos no son suficientes cuando el contexto es adverso.Es cierto que se puede ganar mucha plata, pero para la mayoría la realidad es adversa. De ahí que a la actual transición hasta el Kirchner definitivo y la llegada de Alperovich, repleta de incertidumbre sobre su plan y sus relaciones con la Legislatura y con el peronismo, la utilicen para reacomodar sus estrategias. La clave está en la economía. Cuando los indicadores del nivel de actividad empiecen a ajustarse como en los países normales, la gente perdonará cualquier error o extravagancia.
En caso contrario pasará del amor al odio en un santiamén."A pesar de todo, a Tucumán le va bastante bien. Otras zonas del país están peor", aseguran en oficinas en las que se tejen negocios. Como algo singular frente a una sociedad empobrecida y deprimida, que vomita demonios cuando discute sobre la crisis, se ubican las finanzas estatales, que están ordenadas, y una parte del agro e industrias, exportadores y productores, que lograron recuperarse.
Sin embargo, una cosa es poner en marcha las fábricas que estaban paralizadas y otra es lograr que fabriquen más, ocupen personal e inviertan, a medida que varios sectores se estancan. Las empresas están pendientes de lo que dice y hace el gobierno, debido al cambio de las reglas de juego, que se va produciendo poco a poco y no de golpe. Hay reactivación, pero demora el crecimiento.
En el mundo de los negocios tucumanos lo importante es adaptarse a la nueva realidad post-Menem y a las injusticias y a los desafíos de la globalización, repleta de intereses cruzados, de protecciones y de capitales volátiles, que no tienen sentimientos.
El viraje del modelo menemista al kirchnerista implica que se avecinan años con políticas muy diferentes, estatizantes y reguladoras. La incertidumbre induce a moverse en el terreno de la informalidad. La economía en negro reina en Tucumán, con una tendencia creciente en el submundo de los negocios, tanto en evasión impositiva como en empleo en negro.
Como nadie sabe cómo viene la mano, se opta por operar en efectivo, para esquivar los controles. El "cash" es vital en ese juego de transacciones mano a mano, sin cheques (para eludir el tributo y los impuestos) y con empleados informales. Son síntomas de un persistente retroceso hacia el pasado que no resultará fácil combatir en Tucumán.

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