21 Noviembre 2011 Seguir en 
Está en la naturaleza humana porque el hombre es un mamífero, un animal con raciocinio, por lo tanto, cuando incurre en ella tiene una responsabilidad que poseen sus congéneres que actúan por instinto y por lo tanto carecen de conciencia. Desde hace tiempo, la violencia viene instalándose en diferentes ámbitos de la sociedad, especialmente en la calle y más silenciosamente en el ámbito escolar.
Dos episodios de fuerte agresividad ocurridos en la provincia de Córdoba resonaron la semana pasada en todo el país. La Web se convulsionó por un video que mostraba cómo un adolescente de 15 años era golpeado a patadas y trompadas por uno de sus compañeros hasta su desvanecimiento. El ataque fue filmada por varios compañeros que subieron el video a YouTube, aunque luego fue dado de baja por "infringir las normas de uso". Mientras se produce la golpiza, se escuchan las risas de otros compañeros, sin que ninguno intervenga.
En el otro hecho, una denunció que su hija de 13 años era hostigada en la escuela y que el 4 de noviembre algunas compañeras le provocaron lesiones. Relató su hija escapaba en bicicleta porque sabía que iban a pegarle, pero un chico le cerró el paso provocando su caída, por lo que sufrió un fuerte golpe en la boca, se rompió un diente, se cortó el labio y se lastimó una pierna. Según le dijo a la Policía, discriminaban a su hija desde el año pasado y le pegaban por ser linda y flaca.
A estos dos episodios se sumó otro ocurrido el miércoles en la provincia de Mendoza, cuando un alumno de sexto grado apuñaló en la espalda a un chico de séptimo, a la salida del colegio al que ambos asisten. La pelea entre ambos se había iniciado dentro de la escuela; inmediatamente intervinieron los docentes y todo se calmó. Pero a la salida del turno mañana, se volvieron a pelear fuera de la escuela. La víctima, agredida posiblemente con un cortapluma, fue llevada al hospital y a las pocas horas le dieron de alta.
Esta realidad no es ajena a Tucumán. Una psicopedagoga, experta en el tema, afirmó que ya no se puede hablar de prevención porque la violencia está instalada en las instituciones escolares. "Se necesita asistencia a la víctima, al victimario y a todos los involucrados", dijo. Según un estudio efectuado por la especialista, en el 50% de los establecimientos escolares tucumanos se registran episodios de violencia; se trata sólo de los declarados, aunque se cree que hay muchos más. Mientras que la rectora de la Escuela Normal aseveró que los padres están más preocupados por ser amigos de sus hijos y se olvidan de los límites. Cuestionan la autoridad del docente y hasta apañan a sus hijos en todo tipo de reclamos. "Asistimos a una ruptura del contrato pedagógico entre la sociedad y la escuela", dijo.
En junio pasado, una periodista de nuestro diario compartió una mañana de trabajo a bordo de las ambulancias de una empresa de emergencias médicas, que suele recibir alrededor de 400 llamados diarios, y un centenar proviene de las escuelas públicas de la capital y el conurbano.
Los niños y jóvenes son el reflejo de la educación que reciben tanto en el hogar como en el ámbito educativo. Las autoridades no deben minimizar esta realidad. Quizás si se integrara a los padres al hecho educativo y participaran activamente, estos no se desentenderían de la responsabilidad que les compete, que es tanto o mayor, que la de los educadores.
Dos episodios de fuerte agresividad ocurridos en la provincia de Córdoba resonaron la semana pasada en todo el país. La Web se convulsionó por un video que mostraba cómo un adolescente de 15 años era golpeado a patadas y trompadas por uno de sus compañeros hasta su desvanecimiento. El ataque fue filmada por varios compañeros que subieron el video a YouTube, aunque luego fue dado de baja por "infringir las normas de uso". Mientras se produce la golpiza, se escuchan las risas de otros compañeros, sin que ninguno intervenga.
En el otro hecho, una denunció que su hija de 13 años era hostigada en la escuela y que el 4 de noviembre algunas compañeras le provocaron lesiones. Relató su hija escapaba en bicicleta porque sabía que iban a pegarle, pero un chico le cerró el paso provocando su caída, por lo que sufrió un fuerte golpe en la boca, se rompió un diente, se cortó el labio y se lastimó una pierna. Según le dijo a la Policía, discriminaban a su hija desde el año pasado y le pegaban por ser linda y flaca.
A estos dos episodios se sumó otro ocurrido el miércoles en la provincia de Mendoza, cuando un alumno de sexto grado apuñaló en la espalda a un chico de séptimo, a la salida del colegio al que ambos asisten. La pelea entre ambos se había iniciado dentro de la escuela; inmediatamente intervinieron los docentes y todo se calmó. Pero a la salida del turno mañana, se volvieron a pelear fuera de la escuela. La víctima, agredida posiblemente con un cortapluma, fue llevada al hospital y a las pocas horas le dieron de alta.
Esta realidad no es ajena a Tucumán. Una psicopedagoga, experta en el tema, afirmó que ya no se puede hablar de prevención porque la violencia está instalada en las instituciones escolares. "Se necesita asistencia a la víctima, al victimario y a todos los involucrados", dijo. Según un estudio efectuado por la especialista, en el 50% de los establecimientos escolares tucumanos se registran episodios de violencia; se trata sólo de los declarados, aunque se cree que hay muchos más. Mientras que la rectora de la Escuela Normal aseveró que los padres están más preocupados por ser amigos de sus hijos y se olvidan de los límites. Cuestionan la autoridad del docente y hasta apañan a sus hijos en todo tipo de reclamos. "Asistimos a una ruptura del contrato pedagógico entre la sociedad y la escuela", dijo.
En junio pasado, una periodista de nuestro diario compartió una mañana de trabajo a bordo de las ambulancias de una empresa de emergencias médicas, que suele recibir alrededor de 400 llamados diarios, y un centenar proviene de las escuelas públicas de la capital y el conurbano.
Los niños y jóvenes son el reflejo de la educación que reciben tanto en el hogar como en el ámbito educativo. Las autoridades no deben minimizar esta realidad. Quizás si se integrara a los padres al hecho educativo y participaran activamente, estos no se desentenderían de la responsabilidad que les compete, que es tanto o mayor, que la de los educadores.







