17 Noviembre 2011 Seguir en 
"¡Es la economía, estúpido!". El famoso eslogan de la campaña de Bill Clinton para la Presidencia de Estados Unidos en 1992 bien podría aplicarse a la situación española que forzó el llamado a las elecciones legislativas adelantadas del domingo.
Sin la prolongada crisis y su expresión social más dramática, un nivel de desempleo récord de un 21,52% (entre los menores de 25 años llega a la escandalosa cifra del 46%), el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, probablemente habría optado por buscar un tercer mandato.
Sin embargo, los problemas arrastraron al gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que, según los pronósticos unánimes de los sondeos, sufrirán el domingo una derrota de dimensiones históricas.
En 2008, cuando los síntomas ya eran visibles, Rodríguez Zapatero aseguró que solo se trataba de una "desaceleración temporal" de la economía. Mientras la crisis continuaba profundizándose, el mandatario seguía relativizando la gravedad de la situación prometiendo un pronto "cambio de tendencia" y una rápida recuperación del empleo. Cuando la evolución de los hechos demostró todo lo contrario, el punto de inflexión llegó: de forma totalmente inesperada, en mayo de 2010 el Gobierno dio un giro de 180 grados anunciando un drástico programa de austeridad para reducir el déficit público en 10.000 millones de euros (unos U$S 13.500 millones), con recortes del 5% en los salarios de los empleados públicos y congelamiento en la mayoría de las pensiones.
En las filas del PSOE, el duro programa de ajuste adoptado causó estupor. No pocos socialistas creían entonces, y hoy siguen convencidos de ello, que lo mejor que pudiera haber hecho Rodríguez Zapatero era presentar su dimisión para no hacerse corresponsable de una política neoliberal, pero él prefirió pagar el precio político. El 22 de mayo, sufrió una auténtica debacle con la pérdida de más de 1 millón de votos y la caída en todas las comunidades autónomas donde venía gobernando.
A fines de julio, finalmente tiró la toalla y anunció el adelanto en cuatro meses de las elecciones parlamentarias de 2012. El nuevo Gobierno será del Partido Popular, con su líder Mariano Rajoy al frente, con una ventaja tan abismal que se dado el lujo de no precisar su futuro programa de gestión. Pero los españoles piden un cambio y aguardan impacientemente rápidas mejoras.
Sin la prolongada crisis y su expresión social más dramática, un nivel de desempleo récord de un 21,52% (entre los menores de 25 años llega a la escandalosa cifra del 46%), el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, probablemente habría optado por buscar un tercer mandato.
Sin embargo, los problemas arrastraron al gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que, según los pronósticos unánimes de los sondeos, sufrirán el domingo una derrota de dimensiones históricas.
En 2008, cuando los síntomas ya eran visibles, Rodríguez Zapatero aseguró que solo se trataba de una "desaceleración temporal" de la economía. Mientras la crisis continuaba profundizándose, el mandatario seguía relativizando la gravedad de la situación prometiendo un pronto "cambio de tendencia" y una rápida recuperación del empleo. Cuando la evolución de los hechos demostró todo lo contrario, el punto de inflexión llegó: de forma totalmente inesperada, en mayo de 2010 el Gobierno dio un giro de 180 grados anunciando un drástico programa de austeridad para reducir el déficit público en 10.000 millones de euros (unos U$S 13.500 millones), con recortes del 5% en los salarios de los empleados públicos y congelamiento en la mayoría de las pensiones.
En las filas del PSOE, el duro programa de ajuste adoptado causó estupor. No pocos socialistas creían entonces, y hoy siguen convencidos de ello, que lo mejor que pudiera haber hecho Rodríguez Zapatero era presentar su dimisión para no hacerse corresponsable de una política neoliberal, pero él prefirió pagar el precio político. El 22 de mayo, sufrió una auténtica debacle con la pérdida de más de 1 millón de votos y la caída en todas las comunidades autónomas donde venía gobernando.
A fines de julio, finalmente tiró la toalla y anunció el adelanto en cuatro meses de las elecciones parlamentarias de 2012. El nuevo Gobierno será del Partido Popular, con su líder Mariano Rajoy al frente, con una ventaja tan abismal que se dado el lujo de no precisar su futuro programa de gestión. Pero los españoles piden un cambio y aguardan impacientemente rápidas mejoras.
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