24 Julio 2003 Seguir en 
Una de las ventajas competitivas que venía ofreciendo Tucumán para tentar la radicación de grandes industrias era gas barato y en abundancia. Este beneficio se perdió en los últimos dos años y hoy no se puede garantizar la provisión del fluido industrial a ninguna empresa que quiera instalar aquí una fábrica.
Ingenios, citrícolas, textiles, una papelera e inclusive centrales termoeléctricas adaptaron sus sistemas de combustión para consumir gas y, de esta manera, mejorar su competitividad. Sin embargo, sostener un ritmo de consumo creciente implica inversiones que las compañías responsables del suministro del combustible no están dispuestas a afrontar hasta que no se adecuen las tarifas a los cambios económicos planteados en el país tras la devaluación. Precisamente, la falta de inversiones derivó en que el año pasado la Transportadora de Gas del Norte (TGN) suspendiera por varios días la provisión de gas interrumpible. El problema iba a ser más grave este año, porque, además de la falta de transporte, las productoras de gas directamente habían decidido suspender el envío del fluido interrumpible, lo cual se revirtió tras un difícil acuerdo entre las partes, con la mediación de los Estados nacional y provincial.
Un aumento encubierto
"Si alguna empresa de alto consumo de gas quisiera instalarse en Tucumán, no hay disponibilidad para darle el suministro en firme, en lo que se refiere a transporte y al gas propiamente dicho", admitió ante LA GACETA el subgerente de Gasnor, Elio Hernández. "En este momento, el único gas que se puede ofrecer en Tucumán es el interrumpible, que puede cortarse en el mismo instante en que haya problemas de provisión", recalcó.
El presidente de la Unión Industrial de Tucumán (UIT), Fernando Allena, coincidió con la afirmación del funcionario de Gasnor. "En Tucumán ya rige un aumento de tarifas, porque las empresas que quieren gas garantizado deben pagarlo más caro que en el resto del país. Es cierto que si una empresa quiere instalarse en la provincia ni siquiera puede firmar un contrato de gas en firme", remarcó Allena. "En estas condiciones, ninguna empresa puede evaluar con interés la posibilidad de radicarse aquí", añadió.
En Tucumán, durante el invierno se consumen aproximadamente 6 millones de metros cúbicos diarios de gas. La mitad de ese volumen es distribuido por Gasnor y se destina a las industrias, al uso domiciliario y al GNC. El resto, unos 3 millones de metros cúbicos provistos en forma directa por TGN, es demandado por las centrales termoeléctricas de El Bracho. "Las generadoras de energía eléctrica consumen más gas por año que todo el resto de la provincia", reveló Hernández. Indicó que este año la industria redujo en forma significativa el uso del gas, en un 20%, debido a las restricciones en la provisión.
Gestiones
El secretario de Servicios y Actividades Productivas, Juan Luis Fernández, reconoció el problema y dejó en claro que el Gobierno está haciendo gestiones a través de la Secretaría de Energía de la Nación y del Enargás para que se normalice el suministro de gas natural en Tucumán, tanto el firme como el interrumpible. "Aquí hay una puja entre el aumento de tarifas que exigen las empresas y la renegociación de contratos, mediante la cual el Estado exigirá seguramente un nivel de inversiones a las compañías que garanticen la llegada de suficiente gas en las distintas etapas del gasoducto", resaltó.
PUNTO DE VISTA
Debe invertir el transportista privado
POR JORGE LAPEÑA
EX SECRETARIO DE ENERGIA DE LA NACION - TITULAR DEL INSTITUTO ARGENTINO DE ENERGIA GENERAL MOSCONI
La Argentina tiene reservas de gas suficientes para alimentar cualquier demanda, residencial, industrial o comercial. Lo que pasa en este sector es que desde la privatización de Gas del Estado no se hicieron nuevos gasoductos troncales, sino tan sólo para exportación. Por lo tanto, todos los gasoductos nacionales podrían ser ampliados, siguiendo a la demanda.
Es natural y lógico que un gasoducto llegue en algún momento a su máximo por el crecimiento de cualquier sistema; pero si no tiene capacidad de ser ampliado, hay que instalar otra cañería.
Esa inversión, que en la Argentina la hizo hasta 1990 el Estado, la tiene que hacer ahora el transportista privado.
Si un solo gasoducto de la Argentina no tiene, supuestamente, capacidad de ampliación esto no implica que deba ser un limitante para la instalación de una nueva industria.
Si las reservas de gas son suficientes y están repartidas en todo el territorio nacional -tenemos cuencas importantes en el NOA, en Neuquén, y otra importantísima en el sur, en Santa Cruz, Tierra del Fuego y en el mar-, no puede ser un privativo que alguien aduzca que se agotó el caño para tal sector.
El Gobierno actual tiene un Ministerio de Planificación e Infraestructura del cual depende la Secretaría de Energía; y si el sector privado no expande esa red de gasoducto en tiempo y forma, es precisamente el Ministerio el que debe fijar cómo se va a expandir esa infraestructura. De ninguna manera puede ser un limitante en ninguna región del país, porque hasta se dedica a exportar.
Ningún habitante ni empresa alguna pueden ser restringidos en el consumo de gas porque en el país es una ventaja comparativa.
Renegociación necesaria
Creo que los empresarios que manejan el gas en la Argentina desde 1992 -según la Ley de Emergencia Económica, votada por el Congreso el 6 de enero de 2002- deben renegociar los contratos y establecer tarifas que puedan ser absorbidas por los usuarios residenciales, industriales y comerciales, y que permitan hacer las ampliaciones de infraestructura necesarias.
Esto es una asignatura pendiente. Si el Gobierno y los empresarios no dan curso a este proceso de renegociación y provocan un atraso fenomenal, es cierto que en algún momento podemos tener problemas. Pero esto no debe ser interpretado como una restricción a cualquier industrial que quiera instalarse en Tucumán, por ejemplo. Si eso ocurre, sería porque el Gobierno y las empresas están en falta.
(Exclusivo para LA GACETA)
Ingenios, citrícolas, textiles, una papelera e inclusive centrales termoeléctricas adaptaron sus sistemas de combustión para consumir gas y, de esta manera, mejorar su competitividad. Sin embargo, sostener un ritmo de consumo creciente implica inversiones que las compañías responsables del suministro del combustible no están dispuestas a afrontar hasta que no se adecuen las tarifas a los cambios económicos planteados en el país tras la devaluación. Precisamente, la falta de inversiones derivó en que el año pasado la Transportadora de Gas del Norte (TGN) suspendiera por varios días la provisión de gas interrumpible. El problema iba a ser más grave este año, porque, además de la falta de transporte, las productoras de gas directamente habían decidido suspender el envío del fluido interrumpible, lo cual se revirtió tras un difícil acuerdo entre las partes, con la mediación de los Estados nacional y provincial.
Un aumento encubierto
"Si alguna empresa de alto consumo de gas quisiera instalarse en Tucumán, no hay disponibilidad para darle el suministro en firme, en lo que se refiere a transporte y al gas propiamente dicho", admitió ante LA GACETA el subgerente de Gasnor, Elio Hernández. "En este momento, el único gas que se puede ofrecer en Tucumán es el interrumpible, que puede cortarse en el mismo instante en que haya problemas de provisión", recalcó.
El presidente de la Unión Industrial de Tucumán (UIT), Fernando Allena, coincidió con la afirmación del funcionario de Gasnor. "En Tucumán ya rige un aumento de tarifas, porque las empresas que quieren gas garantizado deben pagarlo más caro que en el resto del país. Es cierto que si una empresa quiere instalarse en la provincia ni siquiera puede firmar un contrato de gas en firme", remarcó Allena. "En estas condiciones, ninguna empresa puede evaluar con interés la posibilidad de radicarse aquí", añadió.
En Tucumán, durante el invierno se consumen aproximadamente 6 millones de metros cúbicos diarios de gas. La mitad de ese volumen es distribuido por Gasnor y se destina a las industrias, al uso domiciliario y al GNC. El resto, unos 3 millones de metros cúbicos provistos en forma directa por TGN, es demandado por las centrales termoeléctricas de El Bracho. "Las generadoras de energía eléctrica consumen más gas por año que todo el resto de la provincia", reveló Hernández. Indicó que este año la industria redujo en forma significativa el uso del gas, en un 20%, debido a las restricciones en la provisión.
Gestiones
El secretario de Servicios y Actividades Productivas, Juan Luis Fernández, reconoció el problema y dejó en claro que el Gobierno está haciendo gestiones a través de la Secretaría de Energía de la Nación y del Enargás para que se normalice el suministro de gas natural en Tucumán, tanto el firme como el interrumpible. "Aquí hay una puja entre el aumento de tarifas que exigen las empresas y la renegociación de contratos, mediante la cual el Estado exigirá seguramente un nivel de inversiones a las compañías que garanticen la llegada de suficiente gas en las distintas etapas del gasoducto", resaltó.
PUNTO DE VISTA
Debe invertir el transportista privado
POR JORGE LAPEÑA
EX SECRETARIO DE ENERGIA DE LA NACION - TITULAR DEL INSTITUTO ARGENTINO DE ENERGIA GENERAL MOSCONI
La Argentina tiene reservas de gas suficientes para alimentar cualquier demanda, residencial, industrial o comercial. Lo que pasa en este sector es que desde la privatización de Gas del Estado no se hicieron nuevos gasoductos troncales, sino tan sólo para exportación. Por lo tanto, todos los gasoductos nacionales podrían ser ampliados, siguiendo a la demanda.
Es natural y lógico que un gasoducto llegue en algún momento a su máximo por el crecimiento de cualquier sistema; pero si no tiene capacidad de ser ampliado, hay que instalar otra cañería.
Esa inversión, que en la Argentina la hizo hasta 1990 el Estado, la tiene que hacer ahora el transportista privado.
Si un solo gasoducto de la Argentina no tiene, supuestamente, capacidad de ampliación esto no implica que deba ser un limitante para la instalación de una nueva industria.
Si las reservas de gas son suficientes y están repartidas en todo el territorio nacional -tenemos cuencas importantes en el NOA, en Neuquén, y otra importantísima en el sur, en Santa Cruz, Tierra del Fuego y en el mar-, no puede ser un privativo que alguien aduzca que se agotó el caño para tal sector.
El Gobierno actual tiene un Ministerio de Planificación e Infraestructura del cual depende la Secretaría de Energía; y si el sector privado no expande esa red de gasoducto en tiempo y forma, es precisamente el Ministerio el que debe fijar cómo se va a expandir esa infraestructura. De ninguna manera puede ser un limitante en ninguna región del país, porque hasta se dedica a exportar.
Ningún habitante ni empresa alguna pueden ser restringidos en el consumo de gas porque en el país es una ventaja comparativa.
Renegociación necesaria
Creo que los empresarios que manejan el gas en la Argentina desde 1992 -según la Ley de Emergencia Económica, votada por el Congreso el 6 de enero de 2002- deben renegociar los contratos y establecer tarifas que puedan ser absorbidas por los usuarios residenciales, industriales y comerciales, y que permitan hacer las ampliaciones de infraestructura necesarias.
Esto es una asignatura pendiente. Si el Gobierno y los empresarios no dan curso a este proceso de renegociación y provocan un atraso fenomenal, es cierto que en algún momento podemos tener problemas. Pero esto no debe ser interpretado como una restricción a cualquier industrial que quiera instalarse en Tucumán, por ejemplo. Si eso ocurre, sería porque el Gobierno y las empresas están en falta.
(Exclusivo para LA GACETA)







