15 Noviembre 2011 Seguir en 
CORDOBA.- Fue a bailar, se fue a la cama con otro hombre, lo mató y lo cortó en pedazos. Días después, hartos del mal olor, los vecinos lo denunciaron. Cuando la Policía llegó a la casa, encontró un torso y una pierna putrefactos, que -según se supo luego- pertenecían a Sergio Alejandro Busto, asesinado de seis puñaladas.
La historia parece sacada de un thriller de clase B y, de hecho, el autor del crimen se inspiró en ese género cinematográfico. "Recordé las películas y lo corté en pedazos", confesó Germán Alejo Torres, el joven de 21 años que tiene horrorizada a la provincia de Córdoba.
El macabro hecho tuvo lugar en un pequeño departamento en la planta alta de un conventillo de calle Castañares al 600, a 30 metros de la villa de emergencia Barranca Yaco, una de las zonas más peligrosas de la capital de Córdoba.
El 15 de octubre, Torres recibió un llamado de una vecina que se quejaba por el olor que salía de su vivienda. "Es carne que se me pudrió porque se cortó la luz y el freezer no anda", se justificó. La mujer no le creyó y llamó a la Policía. Los agentes que entraron a la casa se encontraron con un torso masculino en un fuentón, debajo de la mesa. Las piernas en otro lado, bajo una mesada. Eran los restos del hombre de 42 años, descuartizado la semana anterior. En un tupper había carne humana fileteada.
La cabeza fue encontrada una semana más tarde por empleados municipales, dentro de una bolsa de consorcio, en un lago del Parque Sarmiento. Estaba a pocos metros del bar donde Torres trabajaba como mozo. A la Policía le dijo que había esperado el paso del camión de la basura para tirar otras partes del cadáver, según publicó el diario "Clarín".
"Lo descuarticé porque no tenía dónde enterrarlo. Si hubiera tenido un patio, lo entierro sin tocarlo", fue la explicación que dio Torres. Según "Clarín", el asesino se sentó en el comedor y, mientras fumaba un cigarrillo pensaba qué hacer con el cuerpo de Busto. Cuatro días más tarde, al oficial de Homicidios le confesó con tono monocorde: "Me acordé de las películas que vi y lo corté en pedazos".
Torres agregó en su declaración: "Estuvimos tomando alcohol, nos drogamos, tuvimos sexo. Cuando él quiso que le hiciera sexo oral yo me negué. Entonces él me amenazó con un cuchillo, se lo saqué de la mano y lo clavé".
En el bar en donde Torres trabajaba dicen que era un empleado ejemplar. "Era responsable, correcto, alegre. Trabajaba de mozo y atendía muy bien a los clientes. Y cuando cocinó, lo hizo muy bien. Era buena persona y muy ubicado. Nunca me falló. Le digo más, si sale en libertad, lo tomo de nuevo", afirmó Mario Baldissone, el dueño del bar. El caso recayó en la fiscalía de turno, la de Distrito 3 Turno 3, a cargo de Eve Flores, que ya estuvo a cargo de la pesquisa en dos prostíbulos en busca de los restos de Marita Verón. (Especial)
La historia parece sacada de un thriller de clase B y, de hecho, el autor del crimen se inspiró en ese género cinematográfico. "Recordé las películas y lo corté en pedazos", confesó Germán Alejo Torres, el joven de 21 años que tiene horrorizada a la provincia de Córdoba.
El macabro hecho tuvo lugar en un pequeño departamento en la planta alta de un conventillo de calle Castañares al 600, a 30 metros de la villa de emergencia Barranca Yaco, una de las zonas más peligrosas de la capital de Córdoba.
El 15 de octubre, Torres recibió un llamado de una vecina que se quejaba por el olor que salía de su vivienda. "Es carne que se me pudrió porque se cortó la luz y el freezer no anda", se justificó. La mujer no le creyó y llamó a la Policía. Los agentes que entraron a la casa se encontraron con un torso masculino en un fuentón, debajo de la mesa. Las piernas en otro lado, bajo una mesada. Eran los restos del hombre de 42 años, descuartizado la semana anterior. En un tupper había carne humana fileteada.
La cabeza fue encontrada una semana más tarde por empleados municipales, dentro de una bolsa de consorcio, en un lago del Parque Sarmiento. Estaba a pocos metros del bar donde Torres trabajaba como mozo. A la Policía le dijo que había esperado el paso del camión de la basura para tirar otras partes del cadáver, según publicó el diario "Clarín".
"Lo descuarticé porque no tenía dónde enterrarlo. Si hubiera tenido un patio, lo entierro sin tocarlo", fue la explicación que dio Torres. Según "Clarín", el asesino se sentó en el comedor y, mientras fumaba un cigarrillo pensaba qué hacer con el cuerpo de Busto. Cuatro días más tarde, al oficial de Homicidios le confesó con tono monocorde: "Me acordé de las películas que vi y lo corté en pedazos".
Torres agregó en su declaración: "Estuvimos tomando alcohol, nos drogamos, tuvimos sexo. Cuando él quiso que le hiciera sexo oral yo me negué. Entonces él me amenazó con un cuchillo, se lo saqué de la mano y lo clavé".
En el bar en donde Torres trabajaba dicen que era un empleado ejemplar. "Era responsable, correcto, alegre. Trabajaba de mozo y atendía muy bien a los clientes. Y cuando cocinó, lo hizo muy bien. Era buena persona y muy ubicado. Nunca me falló. Le digo más, si sale en libertad, lo tomo de nuevo", afirmó Mario Baldissone, el dueño del bar. El caso recayó en la fiscalía de turno, la de Distrito 3 Turno 3, a cargo de Eve Flores, que ya estuvo a cargo de la pesquisa en dos prostíbulos en busca de los restos de Marita Verón. (Especial)
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