23 Julio 2003 Seguir en 
Cada vez resulta más difícil conseguir un taxi en la capital de Tucumán. A menudo el pasajero debe soportar una larga espera, conformarse con un vehículo en estado deplorable, o subir a cualquier auto trucho. La crisis que atraviesa el sector, imposibilitado de mantener o renovar las unidades, afrontar los robos y competir con los transportes ilegales, ha provocado la gradual salida de circulación de muchos vehículos. Desde hace un par de años hasta la fecha, las agencias se han quedado con dos tercios de los móviles que tenían.
Es tal el deterioro de los autos que a menudo son abandonados por sus dueños en el garaje o en el taller mecánico, porque no pueden costear los gastos de reparación. Hasta la cifra de remises ilegales ha caído, según sostienen en las agencias consultadas por LA GACETA. Según precisó Héctor Aguirre, de la Unión de Propietarios de Taxis (UPT), de los casi 2.200 móviles con licencia municipal dejaron de circular unos 400. Por otra parte, a pesar de que también desaparecieron muchos taxis ilegales, todavía representan una fuerte competencia. Diariamente llegan a esta ciudad al menos 800 taxis con licencia de otras jurisdicciones (Alderetes, Banda del Río Salí y Yerba Buena) para trabajar ilegalmente en la capital.
"De los cuatro autos que yo tenía trabajando, sigue circulando uno solo. Los otros tres están en el taller; no sé cuándo los voy a poder arreglar, porque hay que hacerles motor y cuesta muchísimo. Para colmo, he tenido que renovar la licencia de uno de los autos que están parados, para no perderla", confesó la titular de una importante agencia de taxis. De los 600 móviles que la firma llegó a tener inscriptos, hoy quedan menos de 400. Ana Lía, encargada de otra agencia, contó que tenían 320 autos y quedaron con 200. "Es constante el trabajo, pero a toda hora tenemos problemas para cubrir la demanda. Esto se agudiza en épocas de clases", señaló.
Caen hasta los truchos
Por el lado de los remises, hay unas 1.300 licencias, a las que se suman alrededor de 3.000 remises truchos trabajando en esta ciudad. "Eran más, pero han bajado también", agregó Aguirre. En su opinión, los controles obligan a los taxis legales a mantener siempre en forma su vehículo; en cambio, los ilegales (taxis o remises) siguen trabajando en condiciones desastrosas, hasta que el público los evita y los obliga así a dejar de circular. "Hay taxis que no pudieron cambiar su auto por uno a GNC, y ahora no trabajan más a causa del aumento del gasoil -señaló Aguirre-. Otros no trabajan, porque superaron la antigüedad permitida (11 años y 3 meses)".
La dueña de una agencia comentó que incluso a veces borran la licencia y salen a trabajar como remises truchos. "Otros venden el auto y la licencia, y se dedican a otra cosa. Es una situación muy difícil, porque no podemos cumplir con los clientes. Nos faltan autos", añadió.
Los repuestos
Antes de la devaluación, cuando los repuestos costaban menos de la mitad de lo que valen ahora, las agencias controlaban el estado de sus taxis y les daban un plazo a aquellos que no se encontraban en condiciones. "Ahora ya no podemos exigirles nada-agregó la empresaria-. No hemos podido sostener la quita del descuento del 30%, que estaba destinada a sanear la situación. La gente no subía a los taxis, así que hemos tenido que mantener un descuento del 20%. Al taxista no le alcanza lo que gana para reparar el vehículo".
La inseguridad, un factor decisivo
La inseguridad influye en la paulatina desaparición de los taxis. En una sola agencia, que tiene menos de 400 unidades, hay por semana entre 4 y 5 robos de equipos de radiocomunicación. El equipo cuesta entre U$S 300 y U$S 500. Ante la imposibilidad de reponerlo, un taxista asaltado opta por abandonar el sistema, y la agencia, dueña del equipo, debe resignarse a no recuperarlo más. Una sola perdió casi 200 equipos durante el último lustro.
Las empresas de radio-taxi consultadas por este diario coincidieron en que se encuentran desbordadas por los pedidos de los usuarios, porque cada vez cuentan con menos autos para cubrir el servicio. "El taxi está desapareciendo", sostienen.
Algunas firmas líderes del mercado, que suelen inspirar mayor confianza a los usuarios, van resignando su prestigio a causa de los cientos de truchos que utilizan su marca ilegalmente, con total impunidad. "Pagamos la marca registrada, y sin embargo hay un montón de autos con plafones falsos, que reciben cupones y circulan sin radio. Le decimos al cliente que se fije si el móvil tiene radio para verificar si es trucho -exhortó la encargada-. Y los truchos pueden trabajar porque los autos que pertenecen a la empresa les compran los cupones (a menos valor) para después canjearlos en la empresa".
"Mucha gente dejó la actividad porque no es rentable. Vendieron el auto y la licencia y se dedicaron a otra cosa", indicó Héctor Aguirre, de la UPT.
Una actividad con baja rentabilidad
Trabajando en doble turno, un auto gasta, en promedio, $ 1.500 mensuales por todo concepto. Casi el 50% de esa suma se va en combustible. La mayor parte del resto corresponde a reparaciones y mantenimiento técnico, a los que hay que sumar el servicio de radio, los seguros y los impuestos.
Si al taxi no lo maneja su dueño, deberá conformarse con obtener una ganancia inferior a la que obtendrán los choferes, quienes se llevan el 30% de lo que recaudan. "En junio, los choferes de uno de mis autos se llevaron casi $ 1.400. A mí me quedó menos de $ 1.000", calculó un empresario del sector. En su opinión, los taxis o remises ilegales y la falta de controles son las principales razones de que esté cayendo la actividad. Pero además, remarcó, la desactualización de la tarifa (vigente desde hace 14 años) y el descuento del 20% impiden obtener una rentabilidad adecuada.
Mientras en Tucumán la bajada de bandera se mantiene a $ 0,80 (menos el 20% queda en $ 0,64), en la Capital Federal cuesta $ 1,28. El valor de la ficha es aquí de 7 centavos; cuando se le resta el 20% queda en 5,6 centavos, lo cual representa casi un tercio de los 16 centavos que cuesta en Buenos Aires. El taxista dice que debería eliminarse el descuento; comprobó -dice- que durante los meses en que fue quitado subió la rentabilidad. "En marzo, que es un mes malo, la recaudación bajó entre un 10% y un 15% con respecto a enero. Pero el kilometraje bajó un 40%, y por ende también bajaron los costos", dijo.
Es tal el deterioro de los autos que a menudo son abandonados por sus dueños en el garaje o en el taller mecánico, porque no pueden costear los gastos de reparación. Hasta la cifra de remises ilegales ha caído, según sostienen en las agencias consultadas por LA GACETA. Según precisó Héctor Aguirre, de la Unión de Propietarios de Taxis (UPT), de los casi 2.200 móviles con licencia municipal dejaron de circular unos 400. Por otra parte, a pesar de que también desaparecieron muchos taxis ilegales, todavía representan una fuerte competencia. Diariamente llegan a esta ciudad al menos 800 taxis con licencia de otras jurisdicciones (Alderetes, Banda del Río Salí y Yerba Buena) para trabajar ilegalmente en la capital.
"De los cuatro autos que yo tenía trabajando, sigue circulando uno solo. Los otros tres están en el taller; no sé cuándo los voy a poder arreglar, porque hay que hacerles motor y cuesta muchísimo. Para colmo, he tenido que renovar la licencia de uno de los autos que están parados, para no perderla", confesó la titular de una importante agencia de taxis. De los 600 móviles que la firma llegó a tener inscriptos, hoy quedan menos de 400. Ana Lía, encargada de otra agencia, contó que tenían 320 autos y quedaron con 200. "Es constante el trabajo, pero a toda hora tenemos problemas para cubrir la demanda. Esto se agudiza en épocas de clases", señaló.
Caen hasta los truchos
Por el lado de los remises, hay unas 1.300 licencias, a las que se suman alrededor de 3.000 remises truchos trabajando en esta ciudad. "Eran más, pero han bajado también", agregó Aguirre. En su opinión, los controles obligan a los taxis legales a mantener siempre en forma su vehículo; en cambio, los ilegales (taxis o remises) siguen trabajando en condiciones desastrosas, hasta que el público los evita y los obliga así a dejar de circular. "Hay taxis que no pudieron cambiar su auto por uno a GNC, y ahora no trabajan más a causa del aumento del gasoil -señaló Aguirre-. Otros no trabajan, porque superaron la antigüedad permitida (11 años y 3 meses)".
La dueña de una agencia comentó que incluso a veces borran la licencia y salen a trabajar como remises truchos. "Otros venden el auto y la licencia, y se dedican a otra cosa. Es una situación muy difícil, porque no podemos cumplir con los clientes. Nos faltan autos", añadió.
Los repuestos
Antes de la devaluación, cuando los repuestos costaban menos de la mitad de lo que valen ahora, las agencias controlaban el estado de sus taxis y les daban un plazo a aquellos que no se encontraban en condiciones. "Ahora ya no podemos exigirles nada-agregó la empresaria-. No hemos podido sostener la quita del descuento del 30%, que estaba destinada a sanear la situación. La gente no subía a los taxis, así que hemos tenido que mantener un descuento del 20%. Al taxista no le alcanza lo que gana para reparar el vehículo".
La inseguridad influye en la paulatina desaparición de los taxis. En una sola agencia, que tiene menos de 400 unidades, hay por semana entre 4 y 5 robos de equipos de radiocomunicación. El equipo cuesta entre U$S 300 y U$S 500. Ante la imposibilidad de reponerlo, un taxista asaltado opta por abandonar el sistema, y la agencia, dueña del equipo, debe resignarse a no recuperarlo más. Una sola perdió casi 200 equipos durante el último lustro.
Las empresas de radio-taxi consultadas por este diario coincidieron en que se encuentran desbordadas por los pedidos de los usuarios, porque cada vez cuentan con menos autos para cubrir el servicio. "El taxi está desapareciendo", sostienen.
Algunas firmas líderes del mercado, que suelen inspirar mayor confianza a los usuarios, van resignando su prestigio a causa de los cientos de truchos que utilizan su marca ilegalmente, con total impunidad. "Pagamos la marca registrada, y sin embargo hay un montón de autos con plafones falsos, que reciben cupones y circulan sin radio. Le decimos al cliente que se fije si el móvil tiene radio para verificar si es trucho -exhortó la encargada-. Y los truchos pueden trabajar porque los autos que pertenecen a la empresa les compran los cupones (a menos valor) para después canjearlos en la empresa".
"Mucha gente dejó la actividad porque no es rentable. Vendieron el auto y la licencia y se dedicaron a otra cosa", indicó Héctor Aguirre, de la UPT.
Una actividad con baja rentabilidad
Trabajando en doble turno, un auto gasta, en promedio, $ 1.500 mensuales por todo concepto. Casi el 50% de esa suma se va en combustible. La mayor parte del resto corresponde a reparaciones y mantenimiento técnico, a los que hay que sumar el servicio de radio, los seguros y los impuestos.
Si al taxi no lo maneja su dueño, deberá conformarse con obtener una ganancia inferior a la que obtendrán los choferes, quienes se llevan el 30% de lo que recaudan. "En junio, los choferes de uno de mis autos se llevaron casi $ 1.400. A mí me quedó menos de $ 1.000", calculó un empresario del sector. En su opinión, los taxis o remises ilegales y la falta de controles son las principales razones de que esté cayendo la actividad. Pero además, remarcó, la desactualización de la tarifa (vigente desde hace 14 años) y el descuento del 20% impiden obtener una rentabilidad adecuada.
Mientras en Tucumán la bajada de bandera se mantiene a $ 0,80 (menos el 20% queda en $ 0,64), en la Capital Federal cuesta $ 1,28. El valor de la ficha es aquí de 7 centavos; cuando se le resta el 20% queda en 5,6 centavos, lo cual representa casi un tercio de los 16 centavos que cuesta en Buenos Aires. El taxista dice que debería eliminarse el descuento; comprobó -dice- que durante los meses en que fue quitado subió la rentabilidad. "En marzo, que es un mes malo, la recaudación bajó entre un 10% y un 15% con respecto a enero. Pero el kilometraje bajó un 40%, y por ende también bajaron los costos", dijo.







