11 Noviembre 2011 Seguir en 
Atiende el teléfono Dady Brieva, pero tal vez es de lo que menos tenga ganas. Es que por fin ha podido hacer un parate en su casa de Palermo y resguardarse de tanto avión, aeropuerto y paisajes cambiantes. Atiende el teléfono Dady, pero cada tanto se distrae con los balbuceos de Felipe, su bebé de menos de un año, y el curso normal de las respuestas se desvía en un "qué pasha, coshita hermosa, goldito del papá". "¡Hola bombón!", se corrige después, para contar -franco- que está con gripe, fiebre y la voz tomada, y sintetizar su situación en una descripción a lo Dady: "estoy como el culo, digamos".
"Pero vas a venir, ¿verdad?", se le pregunta. "¡Claro, amor! -enfatiza-. Salgo primero hacia Jujuy, luego viajo a Salta y desde allí a Tucumán. Así que más vale que me cure rápido porque no paro hasta el 18 de diciembre". Se refiere a la gira que encara con "Dadyman, recuerdos de barrio", un espectáculo unipersonal construido a base de monólogos, y que constituye su primer proyecto sobre las tablas después de despedirse del público con el trío Midachi.
- ¿Todo lo que decís en el show tiene que ver con tu vida?
- Sí, hago un camino autobiográfico en el que relato anécdotas propias. Hablo de las fiestas de antes, de las novias de antes, de las cosas que nos duelen, que nos divierten, de las que no quedan registro... Por ejemplo, destaco el hecho de que probablemente de nuestros abuelos no tengamos ni la grabación de su voz, pero seguro de nuestros hijos hay 65.000 filmaciones que van a quedar en YouTube, pendrives, y no se cuánta cosa más. El show es un ejercicio de la memoria en el que cuento la relación con mis hijos, con mis padres, del trabajo, entre otras; historias, que por otra parte, siempre he contado.
- ¿Por qué la referencia al barrio en el título del show?
- El barrio (en Santa Fe) es el lugar en el que me crié y todo lo que cuento sucedió allí, a lo largo de dos cuadras. Ahora vivo en Buenos Aires y mi entorno no tiene que ver en absoluto con aquel. Para empezar, allá, en esa época, sólo había ascensores en la Municipalidad y en los bancos. Ahora estoy rodeado de edificios.
- ¿Extrañás algo de ese tiempo?
- Lo que más extraño es la claridad con la que se expresaba todo lo que se debía hacer y lo que no, el sentido común. Nuestros abuelos no tuvieron que ir a Harvard para saber razonar lo que estaba bien y lo que no. Hoy existe una falsa democratización de esas cuestiones, todo es relativo, todo se debate, y así jamás se está seguro de quién es el policía y quién el ladrón. Durante el show reflexiono sobre este tema seriamente y luego doy el toque de humor por medio de anécdotas muy elocuentes.
- Respecto de las terapias en Sábado Show (al jurado de ShowMatch, y a Paula Chaves y Peter Alfonso), ¿cómo llegaste a ese lugar?
- Siempre fui un buen escuchador, pero además he aprendido mucho haciendo "Agrandadytos"; también hice mucha terapia y eso me sirvió. En realidad, antes que ser escuchador, me paro desde el lugar del niño curioso y pregunto sobre cosas que me llaman la atención. Soy una gran esponja y a todo lo almaceno en un disco rígido. Creo que es fundamental escuchar qué te dicen, porqué lo dicen y sacar conclusiones. También hay sabiduría en el silencio desde el que se escucha, antes los viejos decían "el que sabe, sabe" y no se hablaba de más.
- ¿Y con quién te confesás en la intimidad?
- Hablo mucho con mi mujer (Mariela Anchipi, coreógrafa de "Bailando por un sueño") y también con mi psicóloga, que es además mi profesora de yoga.
- ¿A qué personaje te gustaría entrevistar?
- ¡Uf, a ocho millones! En lo ideal, me gustaría hablar con Juan Domingo Perón. Dentro de poco probablemente entreviste a Marcelo Tinelli, pero ya le he hecho notas a Cristina Fernández de Kirchner, a Sandro, a Susana Giménez, a Ramón "Palito" Ortega, y todas han salido muy lindas. Son buenas todas las historias.
- Después de tanto camino recorrido en los escenarios y en programas como los de Susana y Tinelli, ¿todavía hay algo que te ponga nervioso?
- Tengo una descarga de adrenalina cada vez que subo al escenario, me coloco en un lugar energético como para transmitir esa energía. No son nervios, porque no tengo dudas, pero sí me pongo alerta, muy expectante. Yo soy un pastor evangélico que tira buena onda y que trata de hacer militancia para que la gente se ría, que es muy importante. La risa lo ablanda todo.
"Pero vas a venir, ¿verdad?", se le pregunta. "¡Claro, amor! -enfatiza-. Salgo primero hacia Jujuy, luego viajo a Salta y desde allí a Tucumán. Así que más vale que me cure rápido porque no paro hasta el 18 de diciembre". Se refiere a la gira que encara con "Dadyman, recuerdos de barrio", un espectáculo unipersonal construido a base de monólogos, y que constituye su primer proyecto sobre las tablas después de despedirse del público con el trío Midachi.
- ¿Todo lo que decís en el show tiene que ver con tu vida?
- Sí, hago un camino autobiográfico en el que relato anécdotas propias. Hablo de las fiestas de antes, de las novias de antes, de las cosas que nos duelen, que nos divierten, de las que no quedan registro... Por ejemplo, destaco el hecho de que probablemente de nuestros abuelos no tengamos ni la grabación de su voz, pero seguro de nuestros hijos hay 65.000 filmaciones que van a quedar en YouTube, pendrives, y no se cuánta cosa más. El show es un ejercicio de la memoria en el que cuento la relación con mis hijos, con mis padres, del trabajo, entre otras; historias, que por otra parte, siempre he contado.
- ¿Por qué la referencia al barrio en el título del show?
- El barrio (en Santa Fe) es el lugar en el que me crié y todo lo que cuento sucedió allí, a lo largo de dos cuadras. Ahora vivo en Buenos Aires y mi entorno no tiene que ver en absoluto con aquel. Para empezar, allá, en esa época, sólo había ascensores en la Municipalidad y en los bancos. Ahora estoy rodeado de edificios.
- ¿Extrañás algo de ese tiempo?
- Lo que más extraño es la claridad con la que se expresaba todo lo que se debía hacer y lo que no, el sentido común. Nuestros abuelos no tuvieron que ir a Harvard para saber razonar lo que estaba bien y lo que no. Hoy existe una falsa democratización de esas cuestiones, todo es relativo, todo se debate, y así jamás se está seguro de quién es el policía y quién el ladrón. Durante el show reflexiono sobre este tema seriamente y luego doy el toque de humor por medio de anécdotas muy elocuentes.
- Respecto de las terapias en Sábado Show (al jurado de ShowMatch, y a Paula Chaves y Peter Alfonso), ¿cómo llegaste a ese lugar?
- Siempre fui un buen escuchador, pero además he aprendido mucho haciendo "Agrandadytos"; también hice mucha terapia y eso me sirvió. En realidad, antes que ser escuchador, me paro desde el lugar del niño curioso y pregunto sobre cosas que me llaman la atención. Soy una gran esponja y a todo lo almaceno en un disco rígido. Creo que es fundamental escuchar qué te dicen, porqué lo dicen y sacar conclusiones. También hay sabiduría en el silencio desde el que se escucha, antes los viejos decían "el que sabe, sabe" y no se hablaba de más.
- ¿Y con quién te confesás en la intimidad?
- Hablo mucho con mi mujer (Mariela Anchipi, coreógrafa de "Bailando por un sueño") y también con mi psicóloga, que es además mi profesora de yoga.
- ¿A qué personaje te gustaría entrevistar?
- ¡Uf, a ocho millones! En lo ideal, me gustaría hablar con Juan Domingo Perón. Dentro de poco probablemente entreviste a Marcelo Tinelli, pero ya le he hecho notas a Cristina Fernández de Kirchner, a Sandro, a Susana Giménez, a Ramón "Palito" Ortega, y todas han salido muy lindas. Son buenas todas las historias.
- Después de tanto camino recorrido en los escenarios y en programas como los de Susana y Tinelli, ¿todavía hay algo que te ponga nervioso?
- Tengo una descarga de adrenalina cada vez que subo al escenario, me coloco en un lugar energético como para transmitir esa energía. No son nervios, porque no tengo dudas, pero sí me pongo alerta, muy expectante. Yo soy un pastor evangélico que tira buena onda y que trata de hacer militancia para que la gente se ría, que es muy importante. La risa lo ablanda todo.







