Auto, calor, música y las clases

Por Juan Manuel Asis 10 Noviembre 2011
Ayer, 14.45, tarde aplastante, auto, aire acondicionado encendido y la radio FM clavada en el dial para escuchar música de los ochenta, y de más atrás. Afuera un calor de locos, el pavimento arde. Leonardo Favio se entromete: "fuiste mía un verano, yo no olvido la playa, ni aquel viejo café...". Tarareo, a mi izquierda un colegio que de repente imagino en medio del desierto. Pienso en los chicos que van a la escuela con este clima agobiante, pienso en mis sobrinos que no fueron a clases porque mis hermanos consideraron inhumano enviarlos a esa hora. Les doy la razón. Voy por Belgrano, doblo en Ejército del Norte: una joven madre con su hijo cruza corriendo, no tanto por los vehículos, sino buscando la sombra salvadora de un pobre arbolito. Instante de Los Iracundos: "me alejé de ti, sin saber por qué..."; claro, Puerto Montt. Rara sinapsis: y el Gobierno nacional que quiere estirar el calendario de clases de 2012 a 190 días porque lo inundó de feriados. ¿Clases hasta el inicio del verano? ¿Con 40º insoportables? No se piensa en los niños, en los golpes de calor. ¿No es hora de imaginar otra salida? Algo más sencillo y conceptual: no mirar tanto la cantidad sino la calidad. Semáforo en rojo en San Juan y Mitre; Manolo Galván canturrea "te quise, te quiero y te querré...". Verde, sigo: en una de esas, alterando los planes de estudio -se habla siempre de materias sin fines prácticos o incompatibles con la cultura local-, tratando de sacarle mayor utilidad al tiempo de clase o retrasando la salida. No sé, en fin, pensar un poco más en los chicos. Mendoza y Junín, pasadas las 15: María Martha Serra Lima cierra: "cualquier día, cualquier hora, en cualquier lugar...".

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios