Estiman que al promediar 2012 habrá cuatro millones de computadoras en poder de adolescentes argentinos. Pretender que la conectividad es una variable de inclusión social es un tanto exagerado. Tampoco es nuevo: se dijo en otras épocas algo similar sobre el cine, la radio y la TV. Sabemos que hasta en los hogares más pobres encontramos parabólicas satelitales, TV por cable, radio o equipos de audio de punta. Sin embargo, no podemos comparar la posibilidad de escuchar radio con el acceso a internet, que no es sólo navegar por la web, sino subirse a la revolución digital que está cambiando el mundo a niveles tales que la Revolución Industrial o la revolución de Gutenberg parecerán apenas una mano de pintura social. La revolución digital trastoca todo, economía, ciencia, arte, deportes, al tejido social e incluso al lenguaje y con éste también a nuestra mente. Se suman cuatro millones de chicos cuyo cerebro no es igual al nuestro, piensan, hablan y viven distinto y van a influir masivamente sobre nuestras vidas. Si le parece que todo cambia muy rápido, no se preocupe porque el tsunami recién comienza.







