El desamparo de las víctimas de los asaltos

06 Noviembre 2011
Ataque de pánico. Insomnio. Miedo a salir a la calle. Depresión. Taquicardia, Vértigo. Náuseas. Pérdida del interés por cosas que le gustaban. Irritabilidad. Terror a pasar nuevamente por el mismo lugar. Son algunas de las secuelas psicológicas que padecen las víctimas de un asalto con o sin lesiones físicas. Según los expertos, la mayoría queda marcada para siempre, no logra superar el trauma. Los médicos que atienden en las guardias de los hospitales señalan que la violencia en las calles ha desplazado a los virus y a las bacterias del primer lugar de las causas de muerte. En la actualidad, los accidentes y las heridas en robos y asaltos suman la mayor cantidad de víctimas.

En un amplio informe que publicamos en nuestra edición de ayer, se indica que no sólo en el Hospital Padilla se ha producido un incremento de este tipo de lesionados; en el Centro de Salud recibe alrededor de 30 heridos. Las estadísticas del primero de los nosocomios indica que las heridas de arma de fuego ocupan el segundo lugar. Los damnificados presentan heridas de balas en corazón, tórax, abdomen, cráneo, brazos y piernas. Las puñaladas se ubican en tercer lugar. Estas se producen en el abdomen principalmente, en el tórax, en los miembros superiores e inferiores y hasta en la cara. "Los accidentes de tránsito siguen estando en el top ten de las consultas. Sin embargo, los sucesos violentos por robos y asaltos no están tan lejos en el ranking de las asistencias. En este tipo de episodios, además de las fracturas encontramos un importante daño psicológico en las víctimas", dijo un traumatólogo. Los números revelan que el 99% de los heridos por robos que atienden los traumatólogos fueron blanco de arrebatadores. Estas personas padecen desde traumatismos encéfalo craneanos hasta contusiones en las piernas y brazos.

Esta realidad hospitalaria está reflejando, por un lado, el incremento de la inseguridad y por otro, pone en evidencia las asignaturas pendientes de un Estado que sigue mirando para otro lado. Los victimarios y arrebatadores -en muchos casos, menores de edad- son protegidos por la ley, sin embargo, nadie se hace cargo de las víctimas. Alguien que padece lesiones en un asalto, debe costearse su recuperación física y mental, extensiva a su grupo familiar en el caso que haya resultado también afectado.

Lo paradójico es que en el Boletín Oficial del 19 de enero de 2007, se publicó la ley Nº 7.867, llamada "Programa de asistencia a la víctima de delito". La iniciativa prescribe la creación de un cuerpo interdisciplinario de especialistas (psicólogos y abogados, entre otros) para asistencia gratuita; un equipo de guardia para asesoramiento y atención a víctimas; el favorecimiento de la mediación como método de resolución de conflictos; un seguimiento sobre la evolución de la salud de la persona; entre otras medidas. En enero pasado, a cuatro años de promulgada la ley, los funcionarios seguían trabajando en su puesta en marcha.

Esta mora inexplicable, como la que sucede, por ejemplo, con la conformación del Consejo Provincial de las Adicciones -su creación fue aprobada por unanimidad en abril de 2010-, refleja la indolencia de parte de la clase dirigente con problemas centrales de la sociedad, tales como la inseguridad y el consumo de drogas. No se entiende que en casi un lustro después, se siga aún "trabajando" en cuestiones presupuestarias para el funcionamiento de este servicio de asistencia a las víctimas, cuando se han dilapidado sin miramientos tantos dineros públicos en las pujas electorales. ¿Será necesario que algún encumbrado representante del pueblo sea víctima de un asalto con lesiones para que puedan ocuparse de los intereses de la comunidad?

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