BUENOS AIRES.- Con suerte dispar, la presidenta Cristina Fernández buscó en los últimos días dar señales de racionalidad económica y cordialidad política para su nueva etapa de Gobierno, escribe el analista de la agencia Noticias Argentinas (NA), Gabriel Profiti. Ese es el norte que fijó para su administración, que también se dispone a abrir etapas distintas, se presume mejores, en sus vínculos con Estados Unidos, la Iglesia Católica y el macrismo.
Cristina volvió a predicar en la Cumbre del G-20, realizada en Cannes, en contra del ajuste recomendado a Grecia y otros países de Europa por la crisis de la deuda. Y tuvo una reunión con Barack Obama, que abre una etapa promisoria para la relación con EEUU. Se trata de una oportunidad para mejorar una relación cruzada por cortocircuitos en los ocho años y medio de kirchnerismo. Los funcionarios argentinos que minimizaron el vínculo en los peores momentos ahora resaltaron la relación con Washington. Por su inserción internacional, el país parece que está dispuesto a saldar cuentas impagas.
El traspaso del subte a la Ciudad de Buenos Aires volvió a sentar en una misma mesa a macristas con kirchneristas. Si bien aún resta saber cómo se hará esa transferencia, hay voluntad política para trabajar en sintonía.
Una cuestión más difícil parece ser la relación con la Iglesia, cuyas opiniones inquietan generalmente al Gobierno. Ahora, con la salida del cardenal Jorge Bergoglio de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), en la Casa Rosada quieren inaugurar una nueva etapa en las relaciones. El arzobispo de Santa Fe y primo del ex presidente Raúl Alfonsín, José María Arancedo, parte como favorito y cuenta con el beneplácito oficial. Por lo pronto, el sensible debate del aborto que tanto preocupa a los obispos parece haberse extinguido en el Congreso, al menos por este año, y sólo queda por resolver qué ocurrirá con el obispado castrense que la Casa Rosada pretende disolver por su pasado conectado a la dictadura, puntualiza Profiti, en su columna de fin de semana.
Todo parece indicar que, en su segundo mandato, Cristina Fernández mostrará signos de acercamientos con sectores que, hasta hace poco, estaban en la vereda del frente de la Casa Rosada. (NA-Especial)
Cristina volvió a predicar en la Cumbre del G-20, realizada en Cannes, en contra del ajuste recomendado a Grecia y otros países de Europa por la crisis de la deuda. Y tuvo una reunión con Barack Obama, que abre una etapa promisoria para la relación con EEUU. Se trata de una oportunidad para mejorar una relación cruzada por cortocircuitos en los ocho años y medio de kirchnerismo. Los funcionarios argentinos que minimizaron el vínculo en los peores momentos ahora resaltaron la relación con Washington. Por su inserción internacional, el país parece que está dispuesto a saldar cuentas impagas.
El traspaso del subte a la Ciudad de Buenos Aires volvió a sentar en una misma mesa a macristas con kirchneristas. Si bien aún resta saber cómo se hará esa transferencia, hay voluntad política para trabajar en sintonía.
Una cuestión más difícil parece ser la relación con la Iglesia, cuyas opiniones inquietan generalmente al Gobierno. Ahora, con la salida del cardenal Jorge Bergoglio de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), en la Casa Rosada quieren inaugurar una nueva etapa en las relaciones. El arzobispo de Santa Fe y primo del ex presidente Raúl Alfonsín, José María Arancedo, parte como favorito y cuenta con el beneplácito oficial. Por lo pronto, el sensible debate del aborto que tanto preocupa a los obispos parece haberse extinguido en el Congreso, al menos por este año, y sólo queda por resolver qué ocurrirá con el obispado castrense que la Casa Rosada pretende disolver por su pasado conectado a la dictadura, puntualiza Profiti, en su columna de fin de semana.
Todo parece indicar que, en su segundo mandato, Cristina Fernández mostrará signos de acercamientos con sectores que, hasta hace poco, estaban en la vereda del frente de la Casa Rosada. (NA-Especial)







