La primera semana de noviembre termina tal cual comenzó: envuelta en el misterio, las sospechas y el silencio. Del lunes a esta parte la dirigencia política tucumana mostró su peor faceta, la de la oscuridad. Es precisamente ese margen infinito de discrecionalidad el que permite que los tucumanos inicien un nuevo período democrático sin saber por qué un funcionario que juró el sábado se fue a las 48 horas, por qué un candidato opositor devino oficialista en 60 días y, lo que es más grave, por qué un grupo de trabajadores debe denunciar los sometimientos de los que dicen haber sido víctimas para ser oídos por las autoridades.
En el octavo gobierno elegido por el pueblo desde el retorno de la democracia, la madurez está lejos de alcanzarse. En rigor, si de algo carece el sistema es de transparencia. Y fundamentalmente, de respuestas. Todo, absolutamente todo, queda ceñido a la voluntad caprichosa y a las conveniencias circunstanciales.
Papelón y después
El gobernador, José Alperovich, aterrizará hoy en Londres sin siquiera haber dicho una palabra sobre los motivos por los que batió el insólito récord en asunción y dimisión: el ex fiscal de Estado, Francisco Sassi Colombres, no cumplió siquiera una hora de trabajo en el cargo en este nuevo mandato y, lejos de explicar a la ciudadanía los motivos de ese bochorno, el mandatario optó por el silencio, por las dudas y por avivar las sospechas. Lo sensato, y lo que corresponde, es que la gente conozca de boca de quien confiaron el Gobierno qué hubo en el medio de ese papelón institucional. Pero Alperovich, de eso, no habla.
No sólo de tretas se nutre el oficialismo. O, en realidad, también hay tretas entre opositores y alperovichistas. De lo contrario, cómo interpreta la gente que quien fue candidato a legislador por la oposición acabe en un municipio portanombres del Gobierno. Porque la llegada del radical José Hugo Saab al gabinete de Yerba Buena redunda en un desparpajo. Primero, porque demuestra que para muchos opositores no hay blancos y negros, sino laxos grises. Y segundo, porque cachetea en la cara a los yerbabuenenses: Saab llega al municipio que ¿conduce? el peronista Daniel Toledo porque Alperovich lo dispuso, no porque el intendente haya confiado en sus capacidades para la gestión en la ciudad.
La peor faceta
Lo triste es que esa bolsa de trabajo en que se convierte la política sí distingue entre privilegiados y discriminados. Lo sucedido en el Ente de Infraestructura Comunitaria es un ejemplo alarmante.
Que una veintena de trabajadores a los que apenas les alcanza para comer deban denunciar a los gritos que trabajaron en los domicilios particulares de sus patrones muestra la faceta más indigna de la política. Esa del abuso, del 'prepo' y del qué me importa. Porque, lamentablemente, esas denuncias afloran cuando el mismo poder político que los utiliza los expulsa del sistema. Y cuando todo quede en silencio, vendrán otros tucumanos a los que algún vivo les retendrá el dinero del plan o los hará cobrar un sueldo del Estado pero sólo les pagará la mitad, con suerte. Luego, de nuevo prevalecerá la mudez.
En definitiva, si de algo se alimenta este sistema perverso es de rumores, de personas que callan por temor, por aprietes o por conveniencia. Porque, en realidad, la militancia política y el ser opositor u oficialista se han convertido en una tarea sólo apta para ventajistas. Para prepotentes, en muchos casos. Pero, fundamentalmente, para aquellos que encuentran en el descaro una virtud.
En el octavo gobierno elegido por el pueblo desde el retorno de la democracia, la madurez está lejos de alcanzarse. En rigor, si de algo carece el sistema es de transparencia. Y fundamentalmente, de respuestas. Todo, absolutamente todo, queda ceñido a la voluntad caprichosa y a las conveniencias circunstanciales.
Papelón y después
El gobernador, José Alperovich, aterrizará hoy en Londres sin siquiera haber dicho una palabra sobre los motivos por los que batió el insólito récord en asunción y dimisión: el ex fiscal de Estado, Francisco Sassi Colombres, no cumplió siquiera una hora de trabajo en el cargo en este nuevo mandato y, lejos de explicar a la ciudadanía los motivos de ese bochorno, el mandatario optó por el silencio, por las dudas y por avivar las sospechas. Lo sensato, y lo que corresponde, es que la gente conozca de boca de quien confiaron el Gobierno qué hubo en el medio de ese papelón institucional. Pero Alperovich, de eso, no habla.
No sólo de tretas se nutre el oficialismo. O, en realidad, también hay tretas entre opositores y alperovichistas. De lo contrario, cómo interpreta la gente que quien fue candidato a legislador por la oposición acabe en un municipio portanombres del Gobierno. Porque la llegada del radical José Hugo Saab al gabinete de Yerba Buena redunda en un desparpajo. Primero, porque demuestra que para muchos opositores no hay blancos y negros, sino laxos grises. Y segundo, porque cachetea en la cara a los yerbabuenenses: Saab llega al municipio que ¿conduce? el peronista Daniel Toledo porque Alperovich lo dispuso, no porque el intendente haya confiado en sus capacidades para la gestión en la ciudad.
La peor faceta
Lo triste es que esa bolsa de trabajo en que se convierte la política sí distingue entre privilegiados y discriminados. Lo sucedido en el Ente de Infraestructura Comunitaria es un ejemplo alarmante.
Que una veintena de trabajadores a los que apenas les alcanza para comer deban denunciar a los gritos que trabajaron en los domicilios particulares de sus patrones muestra la faceta más indigna de la política. Esa del abuso, del 'prepo' y del qué me importa. Porque, lamentablemente, esas denuncias afloran cuando el mismo poder político que los utiliza los expulsa del sistema. Y cuando todo quede en silencio, vendrán otros tucumanos a los que algún vivo les retendrá el dinero del plan o los hará cobrar un sueldo del Estado pero sólo les pagará la mitad, con suerte. Luego, de nuevo prevalecerá la mudez.
En definitiva, si de algo se alimenta este sistema perverso es de rumores, de personas que callan por temor, por aprietes o por conveniencia. Porque, en realidad, la militancia política y el ser opositor u oficialista se han convertido en una tarea sólo apta para ventajistas. Para prepotentes, en muchos casos. Pero, fundamentalmente, para aquellos que encuentran en el descaro una virtud.







