Mientras la publicidad de los actos de gobierno es requisito básico de la república, la información pública es principio fundacional de la democracia. Es el agua que busca la sed.
Ese vínculo primordial ha sido esclarecido por Giovanni Sartori en su ya clásico libro ¿Qué es la democracia? Lejos de las concepciones platónicas, él contesta que la democracia no es el gobierno de los saben: es el gobierno de los que opinan. Esa opinión, por supuesto, no es cualquier opinión sino sólo la referida a la cosa pública. Para el florentino, esa y no otra es la opinión pública. Por tanto, no es opinión erudita, sino opinión informada. Informada acerca del manejo del Estado.
Ese contexto resignifica al Presupuesto General de la Provincia. Porque, se sabe, es la norma más importante que votará este año la Legislatura: ahí figuran los ingresos que harán operativas todas las disposiciones que se aprueben durante 2012. De allí que se le llame Ley de Leyes. Pero el cálculo de recursos y de gastos es, también, la expresión económica del plan de gobierno. Es la comprobación, en cifras, de cuán dispuesto está el oficialismo a cumplir sus promesas políticas. Y, en ese punto, el Presupuesto pasa a ser un acontecimiento democrático.
Pero aquí es Tucumán y el proyecto de Presupuesto 2012 es, en el mejor de los casos, una verdad a medias. Y cuando se trata del dinero del pueblo, esa suele ser una completa mentira.
Cualquier cosa
El Presupuesto General de la Provincia se cocina con cinco ingredientes. El principal es el monto ejecutado el año anterior. En el caso de este 2011, rondará los $ 12.000 millones.
A partir de allí se agrega, en segundo lugar, la pauta de incremento del PBI: el "crecimiento de la economía". Para 2012, 5,1%: mucho mejor que el 4% mentiroso de los últimos ocho años; mucho más real que las "tasas chinas" del 8%, teniendo en cuenta el escenario de crisis financiera global.
En tercera instancia, se añade la recaudación propia. En este punto, el Gobierno tucumano se ha redimido de falsedades anteriores ininterrumpidas: año tras año proyectaba recaudar menos que en el ejercicio anterior. Para 2012, en cambio, declara $ 3.431 millones: casi 280 millones por mes, una cifra por encima de los $ 214 millones recaudados durante septiembre pasado.
En cuarto término, el "tipo de cambio". Es un ingrediente más "gris" que los otros, pero no es disparatado fijar la relación en U$S 1 = $ 4,40 para el año próximo.
En definitiva, venía bien el Presupuesto, hasta que le tocó el turno al último ingrediente. Pautaron que la inflación, nada menos, será sólo del 9% en todo el año. Y entonces, el plan de ingresos y egresos se convierte, simplemente, en cualquier cosa.
El oficialismo local argumenta que debe replicar las pautas macroeconómicas del kirchnerismo, que también fija en el Presupuesto nacional una inflación del 9%. Pero el Presupuesto provincial 2012 calcula ingresos por $ 13.831 millones, de los cuales $ 7.764 millones son aportados por la Nación. Son el 56% de los fondos, la mitad, no el 80% de otros años. Por ello, el índice inflacionario debería responder a un índice de precios provincial. Pero el alperovichismo ha prohibido su elaboración. Prescinde de la realidad tucumana porque la única verdad es la sumisión a la pingüinera.
Eso, más el hecho de que subestimar el Presupuesto le conviene al Gobierno que no quiere ser controlado. Y mucho.
Cualquier cifra
Estadísticamente, pautar una inflación del 9% es mentir. La de 2010, según el propio Indec, fue del 11%. La de este año va, oficialmente, por el mismo camino. Extraoficialmente, hay consenso en que el índice real rondará el 17%. Para más datos provinciales, Ingresos Brutos. Este año, fuentes del Gobierno y del sector privado acuerdan en que ese impuesto absurdo y recesivo (todos los tucumanos lo pagan cada vez que compran pan, leche o gaseosa) creció el 32%. Un 6% corresponde al crecimiento de la economía y un 2% a los controles de Rentas. El 24% restante es inflación.
A escala. eso ocurre en el orden nacional con el Impuesto al Valor Agregado, ese otro tributo tan masivo como injusto, que pagan por igual los pobres y los ricos en la casi totalidad de los productos del supermercado. El IVA, que este año marcó récords de recaudación mes a mes, es el paradigma del impuesto coparticipable: la Nación toma el 31,2%, destina 24,3% a la Seguridad Social y reparte en las provincias el 44,5% restante. Y aquí se asoma la otra mitad de la verdad.
Cuando en 2012 la inflación supere el 9%, el IVA recaudará más de lo presupuestado. La Casa Rosada y la Anses recibirán más, y se enviará más dinero a Tucumán. Y a ese excedente de miles de millones de pesos, como siempre, el alperovichismo lo disfrutrará con total discrecionalidad.
Cualquier uso
La mentira presupuestaria se confirma en septiembre. Ese mes notan que hay mucha plata que, por esas cosas de la contabilidad, nadie había previsto. Por caso, el Presupuesto 2011 fue aprobado en $ 9.806 millones, pero hace dos meses lo ampliaron en $ 1.510 millones. O sea, no corrigieron el cálculo en un 5% (margen aceptable), ni en un 10% (error colorado), sino en un 15,4%.
En 2010, qué casualidad, pasó lo mismo. Presupuesto aprobado: $ 7.100 millones. Ampliación de septiembre: $ 1.134 millones. Corrección: 15,9%. Léase, el alperovichismo, a la hora de proyectar y aprobar el cálculo de ingresos y egresos anuales, se equivoca a razón de $ 15 por cada $ 100.
Claro que está haciendo muchas cosas, menos equivocarse.
Cuando el alperovichismo "corrige" sus presupuestos, se agencia fortunas para gastar como le plazca. Lo que tienen en común las ampliaciones de 2010 y la de este año es que, de los $ 2.650 millones añadidos en total, el 100% fueron destinados a Erogaciones Corrientes, y sin la menor imputación específica. Como vinieron, se irán. No se convertirán en obras, mobiliario ni menor deuda pública (pasó en esta gestión de $ 2.400 millones a $ 4.600 millones) porque ni un centavo fue destinado a Gastos de Capital.
El agravante: después de que esas Erogaciones Corrientes son gastadas, según el Tribunal de Cuentas, no puede establecerse cuánto queda. Una parte, directamente, es sacada del Presupuesto y enviada a los fondos fiduciarios municipales. Esos "agujeros negros" se tragaron ya el 70% de la deuda municipal: $ 957 millones.
En cuanto a lo que queda dentro del Presupuesto, dice el ente de contralor que los saldos presupuestarios de la Administración Central y los Poderes del Estado, justo en el nivel de la partida donde se imputa el gasto, "no reflejan razonablemente la situación de la ejecución del presupuesto".
Cualquier asfalto
Una primera conclusión, económica y política, consiste en que la inflación, tan negada por el Presupuesto local, devino impuesto general para que el alperovichismo goce de una multimillonaria discrecionalidad. Una segunda síntesis, en el orden discursivo, es que estamos trabajando fuerte significa, en realidad, estamos gastando cualquier cantidad. Y falta mucho por hacer equivale a vamos a seguir gastando muchísimo, pero no precisamente en infraestructura. Dicho en números, de los $ 13.800 millones que se prevé gastar el año que viene, sólo $ 2.100 millones (apenas el 15%) corresponde a Erogaciones de Capital. Cuando llegue la ampliación presupuestaria que destine $ 0 para capitalizar, la relación porcentual será todavía menor.
Eso sí: el Presupuesto 2012 de Tucumán arroja una certeza: la devaluación de la palabra oficial es abrumadora. Si, al inicio del ejercicio, un tucumano mira el Presupuesto subestimado, no podrá saber qué hará realmente el Gobierno con su dinero. Y si al final, el mismo ciudadano mira el informe del Tribunal de Cuentas sobre la Cuenta de Inversión (el dictamen técnico acerca de cómo se usó lo que tributó), tampoco podrá saber qué hizo realmente el Gobierno con su dinero.
El síntoma grita lo que el Gobierno calla. El alperovichismo, que se niega a aprobar una Ley de Acceso a la Información Pública, sí ha hecho sancionar por la Legislatura el programa Pavimento para Todos. La democracia pavimentadora no es el gobierno de los que saben ni tampoco el de los que opinan: es, tan sólo, la gestión de los que asfaltan. En ella, lo único concreto es el concreto.
Ese vínculo primordial ha sido esclarecido por Giovanni Sartori en su ya clásico libro ¿Qué es la democracia? Lejos de las concepciones platónicas, él contesta que la democracia no es el gobierno de los saben: es el gobierno de los que opinan. Esa opinión, por supuesto, no es cualquier opinión sino sólo la referida a la cosa pública. Para el florentino, esa y no otra es la opinión pública. Por tanto, no es opinión erudita, sino opinión informada. Informada acerca del manejo del Estado.
Ese contexto resignifica al Presupuesto General de la Provincia. Porque, se sabe, es la norma más importante que votará este año la Legislatura: ahí figuran los ingresos que harán operativas todas las disposiciones que se aprueben durante 2012. De allí que se le llame Ley de Leyes. Pero el cálculo de recursos y de gastos es, también, la expresión económica del plan de gobierno. Es la comprobación, en cifras, de cuán dispuesto está el oficialismo a cumplir sus promesas políticas. Y, en ese punto, el Presupuesto pasa a ser un acontecimiento democrático.
Pero aquí es Tucumán y el proyecto de Presupuesto 2012 es, en el mejor de los casos, una verdad a medias. Y cuando se trata del dinero del pueblo, esa suele ser una completa mentira.
Cualquier cosa
El Presupuesto General de la Provincia se cocina con cinco ingredientes. El principal es el monto ejecutado el año anterior. En el caso de este 2011, rondará los $ 12.000 millones.
A partir de allí se agrega, en segundo lugar, la pauta de incremento del PBI: el "crecimiento de la economía". Para 2012, 5,1%: mucho mejor que el 4% mentiroso de los últimos ocho años; mucho más real que las "tasas chinas" del 8%, teniendo en cuenta el escenario de crisis financiera global.
En tercera instancia, se añade la recaudación propia. En este punto, el Gobierno tucumano se ha redimido de falsedades anteriores ininterrumpidas: año tras año proyectaba recaudar menos que en el ejercicio anterior. Para 2012, en cambio, declara $ 3.431 millones: casi 280 millones por mes, una cifra por encima de los $ 214 millones recaudados durante septiembre pasado.
En cuarto término, el "tipo de cambio". Es un ingrediente más "gris" que los otros, pero no es disparatado fijar la relación en U$S 1 = $ 4,40 para el año próximo.
En definitiva, venía bien el Presupuesto, hasta que le tocó el turno al último ingrediente. Pautaron que la inflación, nada menos, será sólo del 9% en todo el año. Y entonces, el plan de ingresos y egresos se convierte, simplemente, en cualquier cosa.
El oficialismo local argumenta que debe replicar las pautas macroeconómicas del kirchnerismo, que también fija en el Presupuesto nacional una inflación del 9%. Pero el Presupuesto provincial 2012 calcula ingresos por $ 13.831 millones, de los cuales $ 7.764 millones son aportados por la Nación. Son el 56% de los fondos, la mitad, no el 80% de otros años. Por ello, el índice inflacionario debería responder a un índice de precios provincial. Pero el alperovichismo ha prohibido su elaboración. Prescinde de la realidad tucumana porque la única verdad es la sumisión a la pingüinera.
Eso, más el hecho de que subestimar el Presupuesto le conviene al Gobierno que no quiere ser controlado. Y mucho.
Cualquier cifra
Estadísticamente, pautar una inflación del 9% es mentir. La de 2010, según el propio Indec, fue del 11%. La de este año va, oficialmente, por el mismo camino. Extraoficialmente, hay consenso en que el índice real rondará el 17%. Para más datos provinciales, Ingresos Brutos. Este año, fuentes del Gobierno y del sector privado acuerdan en que ese impuesto absurdo y recesivo (todos los tucumanos lo pagan cada vez que compran pan, leche o gaseosa) creció el 32%. Un 6% corresponde al crecimiento de la economía y un 2% a los controles de Rentas. El 24% restante es inflación.
A escala. eso ocurre en el orden nacional con el Impuesto al Valor Agregado, ese otro tributo tan masivo como injusto, que pagan por igual los pobres y los ricos en la casi totalidad de los productos del supermercado. El IVA, que este año marcó récords de recaudación mes a mes, es el paradigma del impuesto coparticipable: la Nación toma el 31,2%, destina 24,3% a la Seguridad Social y reparte en las provincias el 44,5% restante. Y aquí se asoma la otra mitad de la verdad.
Cuando en 2012 la inflación supere el 9%, el IVA recaudará más de lo presupuestado. La Casa Rosada y la Anses recibirán más, y se enviará más dinero a Tucumán. Y a ese excedente de miles de millones de pesos, como siempre, el alperovichismo lo disfrutrará con total discrecionalidad.
Cualquier uso
La mentira presupuestaria se confirma en septiembre. Ese mes notan que hay mucha plata que, por esas cosas de la contabilidad, nadie había previsto. Por caso, el Presupuesto 2011 fue aprobado en $ 9.806 millones, pero hace dos meses lo ampliaron en $ 1.510 millones. O sea, no corrigieron el cálculo en un 5% (margen aceptable), ni en un 10% (error colorado), sino en un 15,4%.
En 2010, qué casualidad, pasó lo mismo. Presupuesto aprobado: $ 7.100 millones. Ampliación de septiembre: $ 1.134 millones. Corrección: 15,9%. Léase, el alperovichismo, a la hora de proyectar y aprobar el cálculo de ingresos y egresos anuales, se equivoca a razón de $ 15 por cada $ 100.
Claro que está haciendo muchas cosas, menos equivocarse.
Cuando el alperovichismo "corrige" sus presupuestos, se agencia fortunas para gastar como le plazca. Lo que tienen en común las ampliaciones de 2010 y la de este año es que, de los $ 2.650 millones añadidos en total, el 100% fueron destinados a Erogaciones Corrientes, y sin la menor imputación específica. Como vinieron, se irán. No se convertirán en obras, mobiliario ni menor deuda pública (pasó en esta gestión de $ 2.400 millones a $ 4.600 millones) porque ni un centavo fue destinado a Gastos de Capital.
El agravante: después de que esas Erogaciones Corrientes son gastadas, según el Tribunal de Cuentas, no puede establecerse cuánto queda. Una parte, directamente, es sacada del Presupuesto y enviada a los fondos fiduciarios municipales. Esos "agujeros negros" se tragaron ya el 70% de la deuda municipal: $ 957 millones.
En cuanto a lo que queda dentro del Presupuesto, dice el ente de contralor que los saldos presupuestarios de la Administración Central y los Poderes del Estado, justo en el nivel de la partida donde se imputa el gasto, "no reflejan razonablemente la situación de la ejecución del presupuesto".
Cualquier asfalto
Una primera conclusión, económica y política, consiste en que la inflación, tan negada por el Presupuesto local, devino impuesto general para que el alperovichismo goce de una multimillonaria discrecionalidad. Una segunda síntesis, en el orden discursivo, es que estamos trabajando fuerte significa, en realidad, estamos gastando cualquier cantidad. Y falta mucho por hacer equivale a vamos a seguir gastando muchísimo, pero no precisamente en infraestructura. Dicho en números, de los $ 13.800 millones que se prevé gastar el año que viene, sólo $ 2.100 millones (apenas el 15%) corresponde a Erogaciones de Capital. Cuando llegue la ampliación presupuestaria que destine $ 0 para capitalizar, la relación porcentual será todavía menor.
Eso sí: el Presupuesto 2012 de Tucumán arroja una certeza: la devaluación de la palabra oficial es abrumadora. Si, al inicio del ejercicio, un tucumano mira el Presupuesto subestimado, no podrá saber qué hará realmente el Gobierno con su dinero. Y si al final, el mismo ciudadano mira el informe del Tribunal de Cuentas sobre la Cuenta de Inversión (el dictamen técnico acerca de cómo se usó lo que tributó), tampoco podrá saber qué hizo realmente el Gobierno con su dinero.
El síntoma grita lo que el Gobierno calla. El alperovichismo, que se niega a aprobar una Ley de Acceso a la Información Pública, sí ha hecho sancionar por la Legislatura el programa Pavimento para Todos. La democracia pavimentadora no es el gobierno de los que saben ni tampoco el de los que opinan: es, tan sólo, la gestión de los que asfaltan. En ella, lo único concreto es el concreto.







