04 Noviembre 2011 Seguir en 
Se suele decir que la imprudencia es madre, si no de todas, de muchas desgracias. El mediodía del miércoles el dolor circuló por todo el país cuando se difundió la noticia de que en la localidad de Zanjitas, a unos 60 kilómetros de la capital de San Luis, un tren de carga había embestido a un ómnibus que transportaba 42 niñas, de entre 10 y 12 años, y seis docentes, que iban a pasar una jornada de convivencia con chicos carecientes de la comunidad rural de Cazadores.
En el trágico episodio, fallecieron hasta el momento seis niñas y dos docentes. Según las primeras pericias y los testimonios recogidos en el lugar, el chofer del colectivo, contratado por el instituto Santa María de la San Luis, aparentemente no advirtió la presencia de la formación, cruzó confiado el paso a nivel sin barreras que cruza la ruta 3 y fue arrollado por el tren de carga de la firma América Latina Logística que había partido de Mendoza con rumbo a Buenos Aires, transportando carbón en 44 vagones.
Horas después del hecho, circuló la versión de que el colectivero había saltado del vehículo unos instantes previos al impacto. También se dijo que el conductor era nuevo en la empresa y que no tenía carnet de manejo profesional.
Durante la jornada de ayer, la jueza que investiga en la causa señaló que existen varios testimonios coincidentes en que el chofer del ómnibus iba escuchando música con auriculares al momento del accidente. Indicó que el hombre iba distraído y se le quedó el colectivo. "Hay versiones bastantes coincidentes en que esta persona habría bajado del transporte y dejado sus pasajeros adentro. Salvó su vida, no se expuso al peligro y abandonó al pasaje", dijo la jueza y acotó que el colectivo iba precedido de un vehículo en el que iban religiosos que también intentaron alertarle de la presencia de la locomotora. "El fiscal y yo nos constituimos nuevamente a los fines de ver, ya despejada el área, el tema de las señalizaciones y del estado de las vías. Es increíble cómo se pudo producir una cosa de esta naturaleza", manifestó la magistrada.
En septiembre pasado, en el barrio porteño de Flores, 11 personas murieron y más de 200 personas resultaron con lesiones de diversa consideración, algunas de extrema gravedad, cuando un ómnibus intentó traspasar la barrera y fue arrollado por el tren que marchaba de Once a Moreno. Las cámaras de seguridad de la estación ferroviaria mostraron que el chofer del colectivo de la línea 92 no frenó cuando se acercaba a la vía del ferrocarril Sarmiento. En el audio del video se escuchó sonar la bocina del tren instantes antes de que el colectivo cruzara y previo al impacto.
Ambos casos muestran que no cualquier persona puede conducir un vehículo y que el Estado no debe entregar un carnet de manejo sin que el aspirante haya pasado por un curso de educación vial con evaluaciones rigurosas y con pericias psicológicas. Se sabe desde siempre, que, en un paso a nivel, el conductor debe detenerse y fijarse si se aproxima un tren; no es el convoy el que debe frenar para que pase un vehículo. Mayor responsabilidad tienen aquellos que guían un ómnibus por la cantidad de vidas humanas que llevan. La licencia de conducir es un permiso que la sociedad le da a alguien para proteger la vida del prójimo y la propia. Habría tal vez menos accidentes si entendiéramos que "más vale perder un minuto en la vida, que la vida en minuto".
En el trágico episodio, fallecieron hasta el momento seis niñas y dos docentes. Según las primeras pericias y los testimonios recogidos en el lugar, el chofer del colectivo, contratado por el instituto Santa María de la San Luis, aparentemente no advirtió la presencia de la formación, cruzó confiado el paso a nivel sin barreras que cruza la ruta 3 y fue arrollado por el tren de carga de la firma América Latina Logística que había partido de Mendoza con rumbo a Buenos Aires, transportando carbón en 44 vagones.
Horas después del hecho, circuló la versión de que el colectivero había saltado del vehículo unos instantes previos al impacto. También se dijo que el conductor era nuevo en la empresa y que no tenía carnet de manejo profesional.
Durante la jornada de ayer, la jueza que investiga en la causa señaló que existen varios testimonios coincidentes en que el chofer del ómnibus iba escuchando música con auriculares al momento del accidente. Indicó que el hombre iba distraído y se le quedó el colectivo. "Hay versiones bastantes coincidentes en que esta persona habría bajado del transporte y dejado sus pasajeros adentro. Salvó su vida, no se expuso al peligro y abandonó al pasaje", dijo la jueza y acotó que el colectivo iba precedido de un vehículo en el que iban religiosos que también intentaron alertarle de la presencia de la locomotora. "El fiscal y yo nos constituimos nuevamente a los fines de ver, ya despejada el área, el tema de las señalizaciones y del estado de las vías. Es increíble cómo se pudo producir una cosa de esta naturaleza", manifestó la magistrada.
En septiembre pasado, en el barrio porteño de Flores, 11 personas murieron y más de 200 personas resultaron con lesiones de diversa consideración, algunas de extrema gravedad, cuando un ómnibus intentó traspasar la barrera y fue arrollado por el tren que marchaba de Once a Moreno. Las cámaras de seguridad de la estación ferroviaria mostraron que el chofer del colectivo de la línea 92 no frenó cuando se acercaba a la vía del ferrocarril Sarmiento. En el audio del video se escuchó sonar la bocina del tren instantes antes de que el colectivo cruzara y previo al impacto.
Ambos casos muestran que no cualquier persona puede conducir un vehículo y que el Estado no debe entregar un carnet de manejo sin que el aspirante haya pasado por un curso de educación vial con evaluaciones rigurosas y con pericias psicológicas. Se sabe desde siempre, que, en un paso a nivel, el conductor debe detenerse y fijarse si se aproxima un tren; no es el convoy el que debe frenar para que pase un vehículo. Mayor responsabilidad tienen aquellos que guían un ómnibus por la cantidad de vidas humanas que llevan. La licencia de conducir es un permiso que la sociedad le da a alguien para proteger la vida del prójimo y la propia. Habría tal vez menos accidentes si entendiéramos que "más vale perder un minuto en la vida, que la vida en minuto".







