31 Octubre 2011 Seguir en 
LONDRES.- Si Europa sigue con sus hábitos demográficos, para 2200 podría ser el hogar de una población de menos de la mitad de su nivel actual, y vivir en casas construidas para casi tres veces más habitantes.
Las mejoras en la producción de alimentos y la tecnología han permitido seguir creciendo a la población sin obstáculos y con relativa facilidad, y la potencial pesadilla se basa más en el rápido envejecimiento de las personas que en la falta de comida, combinado con una caída brusca de los nacimientos en países ricos y pobres.
Demógrafos y planificadores a largo plazo dicen que el desafío para este siglo no será tanto tratar con un mayor número de personas como lidiar con una mayor población envejecida y quizá con las personas dependientes mientras se encuentran nuevas estrategias para ofrecer prosperidad, empleo y servicios esenciales.
"Es un mundo que no se va a parecer en nada a cualquier mundo o población que haya existido antes", advirtió Jack Goldstone, profesor de política pública y destacado experto demógrafo en la Universidad George Mason de Washington. "Pensábamos que la sobrepoblación iba a obligar a la humanidad a expandirse a las estrellas. Pero el problema real es de crecimiento económico. Si tenemos crecimiento, podemos permitirnos el cuidado de los mayores; pero si no lo tenemos, todo el mundo va a sufrir", indicó.
Muchas naciones en vías de desarrollo, en especial China con su política de hijo único pero también un creciente número de otros países, seguirán con esa tendencia, pero a menudo no destinarán más recursos financieros para ayudar a pagar el costo de los cuidados médicos para la tercera edad.
En el mundo desarrollado, se confía en un gran número de trabajadores contribuyentes para pagar las prestaciones sociales, de salud y las pensiones de un grupo de personas mayores relativamente pequeño. En los países más pobres, las grandes familias tienden a cuidar de sus ancianos.
Más sanos
"La imprevisibilidad es enorme, y podría ser muy extraño", afirmó Sergei Scherbov, jefe del grupo de investigación en el Instituto de Demografía de Viena, quien, pese a todo, integra el grupo de los optimistas: "este será un mundo más viejo pero también mucho más educado; la gente cada vez está más sana y creo que nos adaptaremos a todas estas cosas".
En el peor escenario de conflicto, un conjunto de ancianos y personas de mediana edad podría bloquear los empleos y ejercer una presión feroz para mantener derechos insostenibles, mientras que una juventud enojada sentiría cómo se le cierran las oportunidades para verse obligada a pagar la factura financiera. Algunos afirman el fenómeno ya es visible en algunas naciones desarrolladas. (Reuters)
Las mejoras en la producción de alimentos y la tecnología han permitido seguir creciendo a la población sin obstáculos y con relativa facilidad, y la potencial pesadilla se basa más en el rápido envejecimiento de las personas que en la falta de comida, combinado con una caída brusca de los nacimientos en países ricos y pobres.
Demógrafos y planificadores a largo plazo dicen que el desafío para este siglo no será tanto tratar con un mayor número de personas como lidiar con una mayor población envejecida y quizá con las personas dependientes mientras se encuentran nuevas estrategias para ofrecer prosperidad, empleo y servicios esenciales.
"Es un mundo que no se va a parecer en nada a cualquier mundo o población que haya existido antes", advirtió Jack Goldstone, profesor de política pública y destacado experto demógrafo en la Universidad George Mason de Washington. "Pensábamos que la sobrepoblación iba a obligar a la humanidad a expandirse a las estrellas. Pero el problema real es de crecimiento económico. Si tenemos crecimiento, podemos permitirnos el cuidado de los mayores; pero si no lo tenemos, todo el mundo va a sufrir", indicó.
Muchas naciones en vías de desarrollo, en especial China con su política de hijo único pero también un creciente número de otros países, seguirán con esa tendencia, pero a menudo no destinarán más recursos financieros para ayudar a pagar el costo de los cuidados médicos para la tercera edad.
En el mundo desarrollado, se confía en un gran número de trabajadores contribuyentes para pagar las prestaciones sociales, de salud y las pensiones de un grupo de personas mayores relativamente pequeño. En los países más pobres, las grandes familias tienden a cuidar de sus ancianos.
Más sanos
"La imprevisibilidad es enorme, y podría ser muy extraño", afirmó Sergei Scherbov, jefe del grupo de investigación en el Instituto de Demografía de Viena, quien, pese a todo, integra el grupo de los optimistas: "este será un mundo más viejo pero también mucho más educado; la gente cada vez está más sana y creo que nos adaptaremos a todas estas cosas".
En el peor escenario de conflicto, un conjunto de ancianos y personas de mediana edad podría bloquear los empleos y ejercer una presión feroz para mantener derechos insostenibles, mientras que una juventud enojada sentiría cómo se le cierran las oportunidades para verse obligada a pagar la factura financiera. Algunos afirman el fenómeno ya es visible en algunas naciones desarrolladas. (Reuters)
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