Fue la semana de las emociones. No hubo ningún corazón argentino al que no se le haya acelerado el ritmo. Alegría, bronca, calor, desazón, desilusión, indignación, justicialismo, kirchnerismo, lamentos, mezquindad, ninguneo, recuerdos, reencuentros, revisiones, vergüenza, venganza, zonceras. Más de una de estas palabras produjeron taquicardias o llantos durante los últimos siete días.
Dos momentos
El kirchnerismo tuvo dos momentos culminantes. Uno para saltar y bailar al ritmo de "Los Caballeros de la Quema", que le dieron la más juvenil impronta al triunfo de Cristina; y el otro fue el de la reflexión y el del recuerdo de su líder. Los kirchneristas tuvieron dos reacciones inmediatas: la del goce tranquilo por el resultado de una tarea de ocho años y los que estallaron agrediendo y vociferando a quienes consideran enemigos. La mirada rápida se dirigió hacia algunos medios y, en menor medida, hacia determinados opositores. Hay un pecado de la prensa -aprendido en la soberbia de los 90- que nunca podrá sacarse de encima: confundir la responsabilidad de contar y analizar hechos con la falacia que significa hacer futurología. Sin embargo, a esas equivocaciones no llega el periodista solo, muchas veces lo impulsa o empujan sectores de la sociedad que exigen esas actitudes equivocadas. Pero después del triunfo del domingo pasado no hay tiempos de repaso ni de revisión, las reacciones son según los espíritus. Mientras Horacio González invita al debate, otros se conforman con la burla y la descalificación. No obstante estas digresiones, al Gobierno nacional no le quedó más remedio que ocuparse del tema que menos hubiera querido y que más le advirtieron: la economía.
Dos períodos
En la provincia, José Alperovich también tuvo una semana especial. Culminó ayer, cuando recibió el diploma de gobernador récord. En el mensaje le quedó colgado un tema.
Se preocupó por recordarles a los tucumanos cómo estaba la provincia cuando él se sentó por primera vez en el sillón de Lucas Córdoba. Se preocupó por marcar desde los niños desnutridos que hicieron famoso a Tucson hasta las dificultades para producir o para enseñar. Puso especial énfasis en subrayar esas diferencias. Obviamente, no dijo nada sobre que él, como muchos de sus funcionarios, formaron parte de aquel peronismo mirandista que gestionó la provincia.
En un texto sin ambages dejó en claro deficiencias del Gobierno de Antonio Bussi, que le cuestan caro a los tucumanos, pero también destacó una a una las políticas que comparte con la Nación. Un texto ajustado que se preocupó de cuidar a Alperovich, pero que no le dijo cómo serán los próximos cuatro años.
Dos grupos
El mandatario sugirió continuidad, pero Tucumán afrontará cuestiones muy concretas. Por un lado se inició la cuenta regresiva del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Argentina. Por el otro, todos los políticos tienen en la cabeza la reforma de la Constitución. Es el tema que los convoca... y que los divide. Hay 49 legisladores, de los cuales 42 son oficialistas. De ellos 26 están por primera vez sentados en la Cámara; el resto necesita la reforma de la Constitución para lograr la reelección indefinida que les alargue la vida política. La tensión entre los "nuevos" y los "viejos" alperovichistas existe. Los primeros no se desesperan; y a cuanta consulta les hacen responden: "haremos lo que diga José". A los "viejos" esa contestación no les hace gracia.
Dos frases
Esa última expresión es la que manda en el reino de José. Él está por encima de las instituciones. Sólo así se explica cuando el propio gobernador le avisa a Cristina que los diputados nacionales serán "soldados de la causa". Es decir que no serán -como fueron- ciudadanos a los que el pueblo les delega una misión. Tampoco podrán ejercer ese rol con la libertad que les da el haber sido electos. Sólo se deben a José. Una lástima.
La otra frase la marcó el vicegobernador de licencia permanente: "sentía la necesidad de hacer lo que ella decidiera", fue la confesión de Juan Manzur, que además fue subrayada por Alperovich: "se hará lo que la presidenta diga". Es decir que el medio millón de tucumanos que votó a Manzur para que sea vice y la voluntad de ellos por tener a ese hombre sentado en el pedestal más alto de la Cámara no es tenido en cuenta. La democracia se fortalece cuando se respeta la decisión popular. En estos últimos tiempos se han puesto de moda las candidaturas falsas que postulan a un ciudadano que después -aún siendo votado- cumple otra función. Ayer la discusión en la Legislatura se centró en esto; y Ricardo Bussi llegó a hablar de estafa. Lo cierto es que ningún oficialista ni opositor puede tirar la primera piedra después de las doble candidaturas que intentaron los dirigentes de la oposición que al sentirse perdidosos se postularon para más de un cargo.
De nuevo se ha violado un pacto tácito entre los electores y los candidatos, porque el pedido que formula quien se postula se hace a sabiendas de que no será correspondido por la misma persona que hace la solicitud de voto. Giovanni Sartori sostiene: "no puede existir representación mientras que el representante no sienta la expectativa de aquellos a los que representa, y no la siente como una expectativa vinculante". (Elementos de la teoría política, Alianza Editorial).
Tras las candidaturas tramposas queda al descubierto una debilidad en el liderazgo del gobernador. Llama la atención que no haya podido crear cuadros políticos fuertes que cumplan determinados roles y, por lo tanto, debe recurrir a la misma persona para dos funciones diferentes.
Dos años
El Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) ha celebrado también en estos días por haber cumplido dos años de vida. Este organismo creado para darle más transparencia a la Justicia ha sido una institución parida con enorme sacrificio. Es uno de los pocos organismos de la prolongada administración alperovichista que tiene un bajo nivel de "sijosesismo" para funcionar. Es el producto de una disputa enroscadísima entre el Poder Ejecutivo (PE) y el Colegio de Abogados de Tucumán, que en su momento zanjó la Justicia con una solución que terminó cristalizando en una ley de la Legislatura. Es una institución joven que ha salido fortalecida de cuantos obstáculos ha enfrentado. Aunque con sus más y sus menos, y sus naturales tropiezos, ha logrado erigirse en un modelo de transparencia, eficiencia y profesionalismo en el cumplimiento del objetivo de seleccionar candidatos idóneos para la judicatura.
El martes pasado, el CAM cerró un ciclo fundacional. Lo hizo de la manera que la sociedad espera: con una rendición de cuentas de sus actos (una memoria), y un reconocimiento a las entidades y jurados que colaboraron en la sustanciación de los concursos.
No es poca cosa: este Consejo -el saliente- ha defendido las formas y formalidades de una manera que ya parecía olvidada en Tucumán. Ese logro pertenece al primer cuerpo de consejeros que, con la presidencia de Antonio Gandur, consiguió algo todavía más valioso que la previsibilidad: resolver las diferencias internas en el contexto del diálogo y el debate. Esa búsqueda de acuerdos se consiguió a partir de que los distintos estamentos representados en el CAM (la Corte, los magistrados, los abogados y la Legislatura) entendieron que para fortalecer la institución había que deponer los intereses pequeños. Ese ha sido el aprendizaje de estos dos años, tal cual lo ha manifestado la vicepresidenta del órgano, la legisladora alperovichista Carolina Vargas Aignasse.
Dos posturas
Ayer Alperovich volvió a jurar como gobernador. Los pocos opositores fueron a buscarlo para abrazarlo, otros para que les den un cargo como el radical Hugo Saab. En este Tucson de principios de siglo se va entendiendo que las instituciones están entre bambalinas y los hombres ocupan el centro del escenario. Alperovich arriesgó en los últimos años y ganó, la oposición no arriesgó y así le fue.
Dos momentos
El kirchnerismo tuvo dos momentos culminantes. Uno para saltar y bailar al ritmo de "Los Caballeros de la Quema", que le dieron la más juvenil impronta al triunfo de Cristina; y el otro fue el de la reflexión y el del recuerdo de su líder. Los kirchneristas tuvieron dos reacciones inmediatas: la del goce tranquilo por el resultado de una tarea de ocho años y los que estallaron agrediendo y vociferando a quienes consideran enemigos. La mirada rápida se dirigió hacia algunos medios y, en menor medida, hacia determinados opositores. Hay un pecado de la prensa -aprendido en la soberbia de los 90- que nunca podrá sacarse de encima: confundir la responsabilidad de contar y analizar hechos con la falacia que significa hacer futurología. Sin embargo, a esas equivocaciones no llega el periodista solo, muchas veces lo impulsa o empujan sectores de la sociedad que exigen esas actitudes equivocadas. Pero después del triunfo del domingo pasado no hay tiempos de repaso ni de revisión, las reacciones son según los espíritus. Mientras Horacio González invita al debate, otros se conforman con la burla y la descalificación. No obstante estas digresiones, al Gobierno nacional no le quedó más remedio que ocuparse del tema que menos hubiera querido y que más le advirtieron: la economía.
Dos períodos
En la provincia, José Alperovich también tuvo una semana especial. Culminó ayer, cuando recibió el diploma de gobernador récord. En el mensaje le quedó colgado un tema.
Se preocupó por recordarles a los tucumanos cómo estaba la provincia cuando él se sentó por primera vez en el sillón de Lucas Córdoba. Se preocupó por marcar desde los niños desnutridos que hicieron famoso a Tucson hasta las dificultades para producir o para enseñar. Puso especial énfasis en subrayar esas diferencias. Obviamente, no dijo nada sobre que él, como muchos de sus funcionarios, formaron parte de aquel peronismo mirandista que gestionó la provincia.
En un texto sin ambages dejó en claro deficiencias del Gobierno de Antonio Bussi, que le cuestan caro a los tucumanos, pero también destacó una a una las políticas que comparte con la Nación. Un texto ajustado que se preocupó de cuidar a Alperovich, pero que no le dijo cómo serán los próximos cuatro años.
Dos grupos
El mandatario sugirió continuidad, pero Tucumán afrontará cuestiones muy concretas. Por un lado se inició la cuenta regresiva del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Argentina. Por el otro, todos los políticos tienen en la cabeza la reforma de la Constitución. Es el tema que los convoca... y que los divide. Hay 49 legisladores, de los cuales 42 son oficialistas. De ellos 26 están por primera vez sentados en la Cámara; el resto necesita la reforma de la Constitución para lograr la reelección indefinida que les alargue la vida política. La tensión entre los "nuevos" y los "viejos" alperovichistas existe. Los primeros no se desesperan; y a cuanta consulta les hacen responden: "haremos lo que diga José". A los "viejos" esa contestación no les hace gracia.
Dos frases
Esa última expresión es la que manda en el reino de José. Él está por encima de las instituciones. Sólo así se explica cuando el propio gobernador le avisa a Cristina que los diputados nacionales serán "soldados de la causa". Es decir que no serán -como fueron- ciudadanos a los que el pueblo les delega una misión. Tampoco podrán ejercer ese rol con la libertad que les da el haber sido electos. Sólo se deben a José. Una lástima.
La otra frase la marcó el vicegobernador de licencia permanente: "sentía la necesidad de hacer lo que ella decidiera", fue la confesión de Juan Manzur, que además fue subrayada por Alperovich: "se hará lo que la presidenta diga". Es decir que el medio millón de tucumanos que votó a Manzur para que sea vice y la voluntad de ellos por tener a ese hombre sentado en el pedestal más alto de la Cámara no es tenido en cuenta. La democracia se fortalece cuando se respeta la decisión popular. En estos últimos tiempos se han puesto de moda las candidaturas falsas que postulan a un ciudadano que después -aún siendo votado- cumple otra función. Ayer la discusión en la Legislatura se centró en esto; y Ricardo Bussi llegó a hablar de estafa. Lo cierto es que ningún oficialista ni opositor puede tirar la primera piedra después de las doble candidaturas que intentaron los dirigentes de la oposición que al sentirse perdidosos se postularon para más de un cargo.
De nuevo se ha violado un pacto tácito entre los electores y los candidatos, porque el pedido que formula quien se postula se hace a sabiendas de que no será correspondido por la misma persona que hace la solicitud de voto. Giovanni Sartori sostiene: "no puede existir representación mientras que el representante no sienta la expectativa de aquellos a los que representa, y no la siente como una expectativa vinculante". (Elementos de la teoría política, Alianza Editorial).
Tras las candidaturas tramposas queda al descubierto una debilidad en el liderazgo del gobernador. Llama la atención que no haya podido crear cuadros políticos fuertes que cumplan determinados roles y, por lo tanto, debe recurrir a la misma persona para dos funciones diferentes.
Dos años
El Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) ha celebrado también en estos días por haber cumplido dos años de vida. Este organismo creado para darle más transparencia a la Justicia ha sido una institución parida con enorme sacrificio. Es uno de los pocos organismos de la prolongada administración alperovichista que tiene un bajo nivel de "sijosesismo" para funcionar. Es el producto de una disputa enroscadísima entre el Poder Ejecutivo (PE) y el Colegio de Abogados de Tucumán, que en su momento zanjó la Justicia con una solución que terminó cristalizando en una ley de la Legislatura. Es una institución joven que ha salido fortalecida de cuantos obstáculos ha enfrentado. Aunque con sus más y sus menos, y sus naturales tropiezos, ha logrado erigirse en un modelo de transparencia, eficiencia y profesionalismo en el cumplimiento del objetivo de seleccionar candidatos idóneos para la judicatura.
El martes pasado, el CAM cerró un ciclo fundacional. Lo hizo de la manera que la sociedad espera: con una rendición de cuentas de sus actos (una memoria), y un reconocimiento a las entidades y jurados que colaboraron en la sustanciación de los concursos.
No es poca cosa: este Consejo -el saliente- ha defendido las formas y formalidades de una manera que ya parecía olvidada en Tucumán. Ese logro pertenece al primer cuerpo de consejeros que, con la presidencia de Antonio Gandur, consiguió algo todavía más valioso que la previsibilidad: resolver las diferencias internas en el contexto del diálogo y el debate. Esa búsqueda de acuerdos se consiguió a partir de que los distintos estamentos representados en el CAM (la Corte, los magistrados, los abogados y la Legislatura) entendieron que para fortalecer la institución había que deponer los intereses pequeños. Ese ha sido el aprendizaje de estos dos años, tal cual lo ha manifestado la vicepresidenta del órgano, la legisladora alperovichista Carolina Vargas Aignasse.
Dos posturas
Ayer Alperovich volvió a jurar como gobernador. Los pocos opositores fueron a buscarlo para abrazarlo, otros para que les den un cargo como el radical Hugo Saab. En este Tucson de principios de siglo se va entendiendo que las instituciones están entre bambalinas y los hombres ocupan el centro del escenario. Alperovich arriesgó en los últimos años y ganó, la oposición no arriesgó y así le fue.







