Por las pataditas interminables que regalabas en los entretiempos.
Por tirar un caño el día que debutaste en Primera.
Porque te pusiste la camiseta de Villa Fiorito y no te la sacaste nunca más.
Por aquel golazo a Leao, jugando contra Resto del Mundo en la cancha de River.
Por las madrugadas en blanco y negro desde Japón.
Por la vuelta olímpica en la plaza Independencia aquella tarde de 1986.
Por haber desparramado ingleses como si fueran muñequitos.
Por haber permitido que, por primera vez en la historia del calcio, el arrogante norte se inclinara ante el humilde sur napolitano.
Por haber jugado el Mundial de Italia con el tobillo del tamaño de una pelota de tenis.
Por los eternos regresos, que no fueron mitos.
Porque nunca culpaste a nadie por haber descendido al infierno de las adicciones. Y porque tampoco se te ocurrió justificarte.
Por ser genuinamente contradictorio, natural, apasionado. Por haber expuesto tu humanidad sin hipocresías.
Por habernos hecho inmensamente felices sin pedirnos nada a cambio.
Por tu valentía para poner la cara cuando la mayoría se borra.
Por la magia.
Por todas estas razones, y por muchas otras que quedan afuera por falta de espacio -pero que son igualmente válidas-, ¡feliz cumpleaños, Diego!
Por tirar un caño el día que debutaste en Primera.
Porque te pusiste la camiseta de Villa Fiorito y no te la sacaste nunca más.
Por aquel golazo a Leao, jugando contra Resto del Mundo en la cancha de River.
Por las madrugadas en blanco y negro desde Japón.
Por la vuelta olímpica en la plaza Independencia aquella tarde de 1986.
Por haber desparramado ingleses como si fueran muñequitos.
Por haber permitido que, por primera vez en la historia del calcio, el arrogante norte se inclinara ante el humilde sur napolitano.
Por haber jugado el Mundial de Italia con el tobillo del tamaño de una pelota de tenis.
Por los eternos regresos, que no fueron mitos.
Porque nunca culpaste a nadie por haber descendido al infierno de las adicciones. Y porque tampoco se te ocurrió justificarte.
Por ser genuinamente contradictorio, natural, apasionado. Por haber expuesto tu humanidad sin hipocresías.
Por habernos hecho inmensamente felices sin pedirnos nada a cambio.
Por tu valentía para poner la cara cuando la mayoría se borra.
Por la magia.
Por todas estas razones, y por muchas otras que quedan afuera por falta de espacio -pero que son igualmente válidas-, ¡feliz cumpleaños, Diego!
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