Persiguen más a los "trafiadictos" que a los narcos
Un estudio realizado en un Juzgado Federal demuestra que los consumidores aparecen en el 62% de los procedimientos antinarcóticos. Sólo el 38% de los casos que llegan a la Justicia es por tráfico. La mayoría de los detenidos son jóvenes y el 90% de ellos no tiene empleo fijo o es desocupado. El Estado concentra sus pesquisas en los barrios de escasos recursos
Son desempleados. Viven en barrios pobres. Antes robaban para poder comprar drogas. Hasta que fueron reclutados por algún dealer de la zona que les ofreció la medida de sustancia que consumían a cambio de que entregaran mercadería en un servicio puerta a puerta. El negocio les convenía. Hasta que la Policía les cayó encima y terminaron tras las rejas. Son el ultimísimo eslabón de la cadena. Se los conoce como "trafiadictos". Su fama cobra trascendencia porque son quienes más aparecen en los operativos antidrogas que se realizaron en la provincia este año.
Los consumidores de drogas son más perseguidos que los narcos en Tucumán. Así lo demuestra un estudio realizado en el Juzgado Federal N° 2, a cargo de Mario Racedo. Durante un curso que realizó el juez, dictado por el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM), se propuso estudiar en números la relación entre droga y pobreza. Fue así como concluyó que la mayoría de los detenidos por la Policía son quienes consumen sustancias y no quienes las venden. "A un tema con un profundo trasfondo social optamos por darle como respuesta la represión policial", reflexionó Racedo.
El estudio se llevó a cabo sobre la base de 50 causas elegidas en forma aleatoria, que ingresaron este año al Juzgado. Lo más relevante, según el informe, es que la actividad estatal se ha orientado preferentemente a la represión del consumo de drogas (62%) y menos al tráfico de estupefacientes (38%).
Los procedimientos son mayormente de pequeña escala y en algunos casos -los menos- terminan presos líderes de pequeñas bandas de distribución.
Otra de las conclusiones del estudio indica que la actividad policial se ha orientado hacia los sectores pobres, localizados en los barrios marginales y el interior de la provincia. Y un dato fundamental es la constatación de que el 72% de las intervenciones tiene como protagonistas a personas carentes de recursos o con ingresos inferiores a $ 1.000. "El 90% de los imputados no tiene empleo fijo o directamente no posee trabajo", detalla el informe.
La marihuana es la droga que más circula, que más se consume, que más se vende. Aparece en casi el 90% de los operativos en los barrios pobres y en el interior. Hasta los 32 años, la mayoría de los detenidos (86%) fuma esta sustancia. Detrás viene la cocaína: un 54% la consume. Y también aparece, aunque en menor dimensión, la droga de los más pobres: el paco.
Más unidas que nunca
El informe judicial no hace más que constatar una realidad que desde hace un tiempo a esta parte los magistrados vienen señalando con preocupación: que droga y pobreza están más unidas que nunca, que falta mucha prevención en estos barrios vulnerables y que es necesario encarar una política seria para enfrentar la problemática de las adicciones en la provincia.
Las constataciones que sobresalen en el estudio del Juzgado Federal llevaron a la conclusión de que se deberían emplear los recursos estatales desde una perspectiva de política criminal que se interese más por la represión del narcotráfico que en la penalización de los consumidores o simples tenedores de sustancias, especifica.
Para las madres de adictos es cierto que muchos de los procedimientos policiales se centran en los consumidores y no en los grandes vendedores de drogas. "El adicto siempre termina siendo un delincuente", se queja Rosario Z., mamá de Darío, que actualmente está en proceso de rehabilitación.
Rosario tiene una historia que contar. La suya es la de muchas otras madres, aclara. Ocurrió a comienzos de este año. En una esquina de Costanera Norte, bajo un sauce, estaba Darío fumando. Según los vecinos que hicieron la denuncia, esperaba que se acercaran los chicos del barrio a buscar su dosis de "paco". Pero primero llegó el patrullero, contó su mamá. En una bolsita, llevaba 10 "pacos".
Darío, con 18 años, fue derecho al calabozo. Estuvo 14 días preso. Hasta que lo mandaron a tratarse por su enfermedad. "Fue terrible, es una mancha grave porque ahora, que se está recuperando, no puede conseguir trabajo", explica la mujer.
"Siempre persiguen a los consumidores. Pocos dealers del barrio han caído. Y cuando detienen a uno de ellos, toda la familia sigue vendiendo", explica la mujer mientras describe su padecimiento con la droga metida en el barrio. Habló sobre los transas que le dan droga gratis a algunos chicos para que les traigan a sus amigos como clientes o como nuevos "trafiadictos" para ampliar la red de distribución.
"Hoy, lo más común para los chicos es comprarle droga a un 'trafiadicto', alguien que compra 50 gramos y vende 40 para financiar su consumo. Cada dos o tres cuadras tenés uno de ellos, tienen contactos y llevan a domicilio", describe Rosario, sin dejar de lamentarse por las pocas acciones sociales que se han realizado en la Costanera.
"Muchos de los que venden aquí lo hacen como salida laboral. Y la falta de futuro lleva cada vez más a nuestros jóvenes hacia la droga", reflexiona. Antes de terminar recuerda, con angustia, que su hijo conoció la droga de la mano de un amigo que, para mantener su adicción, se dedicaba a vender "porros".
Los consumidores de drogas son más perseguidos que los narcos en Tucumán. Así lo demuestra un estudio realizado en el Juzgado Federal N° 2, a cargo de Mario Racedo. Durante un curso que realizó el juez, dictado por el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM), se propuso estudiar en números la relación entre droga y pobreza. Fue así como concluyó que la mayoría de los detenidos por la Policía son quienes consumen sustancias y no quienes las venden. "A un tema con un profundo trasfondo social optamos por darle como respuesta la represión policial", reflexionó Racedo.
El estudio se llevó a cabo sobre la base de 50 causas elegidas en forma aleatoria, que ingresaron este año al Juzgado. Lo más relevante, según el informe, es que la actividad estatal se ha orientado preferentemente a la represión del consumo de drogas (62%) y menos al tráfico de estupefacientes (38%).
Los procedimientos son mayormente de pequeña escala y en algunos casos -los menos- terminan presos líderes de pequeñas bandas de distribución.
Otra de las conclusiones del estudio indica que la actividad policial se ha orientado hacia los sectores pobres, localizados en los barrios marginales y el interior de la provincia. Y un dato fundamental es la constatación de que el 72% de las intervenciones tiene como protagonistas a personas carentes de recursos o con ingresos inferiores a $ 1.000. "El 90% de los imputados no tiene empleo fijo o directamente no posee trabajo", detalla el informe.
La marihuana es la droga que más circula, que más se consume, que más se vende. Aparece en casi el 90% de los operativos en los barrios pobres y en el interior. Hasta los 32 años, la mayoría de los detenidos (86%) fuma esta sustancia. Detrás viene la cocaína: un 54% la consume. Y también aparece, aunque en menor dimensión, la droga de los más pobres: el paco.
Más unidas que nunca
El informe judicial no hace más que constatar una realidad que desde hace un tiempo a esta parte los magistrados vienen señalando con preocupación: que droga y pobreza están más unidas que nunca, que falta mucha prevención en estos barrios vulnerables y que es necesario encarar una política seria para enfrentar la problemática de las adicciones en la provincia.
Las constataciones que sobresalen en el estudio del Juzgado Federal llevaron a la conclusión de que se deberían emplear los recursos estatales desde una perspectiva de política criminal que se interese más por la represión del narcotráfico que en la penalización de los consumidores o simples tenedores de sustancias, especifica.
Para las madres de adictos es cierto que muchos de los procedimientos policiales se centran en los consumidores y no en los grandes vendedores de drogas. "El adicto siempre termina siendo un delincuente", se queja Rosario Z., mamá de Darío, que actualmente está en proceso de rehabilitación.
Rosario tiene una historia que contar. La suya es la de muchas otras madres, aclara. Ocurrió a comienzos de este año. En una esquina de Costanera Norte, bajo un sauce, estaba Darío fumando. Según los vecinos que hicieron la denuncia, esperaba que se acercaran los chicos del barrio a buscar su dosis de "paco". Pero primero llegó el patrullero, contó su mamá. En una bolsita, llevaba 10 "pacos".
Darío, con 18 años, fue derecho al calabozo. Estuvo 14 días preso. Hasta que lo mandaron a tratarse por su enfermedad. "Fue terrible, es una mancha grave porque ahora, que se está recuperando, no puede conseguir trabajo", explica la mujer.
"Siempre persiguen a los consumidores. Pocos dealers del barrio han caído. Y cuando detienen a uno de ellos, toda la familia sigue vendiendo", explica la mujer mientras describe su padecimiento con la droga metida en el barrio. Habló sobre los transas que le dan droga gratis a algunos chicos para que les traigan a sus amigos como clientes o como nuevos "trafiadictos" para ampliar la red de distribución.
"Hoy, lo más común para los chicos es comprarle droga a un 'trafiadicto', alguien que compra 50 gramos y vende 40 para financiar su consumo. Cada dos o tres cuadras tenés uno de ellos, tienen contactos y llevan a domicilio", describe Rosario, sin dejar de lamentarse por las pocas acciones sociales que se han realizado en la Costanera.
"Muchos de los que venden aquí lo hacen como salida laboral. Y la falta de futuro lleva cada vez más a nuestros jóvenes hacia la droga", reflexiona. Antes de terminar recuerda, con angustia, que su hijo conoció la droga de la mano de un amigo que, para mantener su adicción, se dedicaba a vender "porros".







