Por Rosendo Fraga
Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
Hasta la muerte de Néstor Kirchner, se trataba del líder político más importante de la primera década del siglo, como lo había sido Alfonsín en los ochenta y Menem en los noventa. En este nivel de liderazgo, parecía ser la figura, que así como Menem había producido el giro del peronismo hacia el centro-derecha, él había liderado el giro hacia el centro-izquierda.
Kirchner era una versión más progresista del peronismo, como Menem fue una más conservadora. En cambio ahora, Cristina parece impulsar una nueva simbología, en la cual las tres grandes fechas son el 11 de marzo, aniversario del triunfo de Cámpora, el breve Presidente de la izquierda peronista; el 26 de julio, el aniversario de la muerte de Evita, expresión más combativa que su marido en la mitología popular y el 27 de octubre que es la muerte de Néstor Kirchner. El 1 de julio, aniversario de la muerte de Perón y el 17 de octubre, fecha de la fundación del peronismo, este año han quedado relegadas. Un año atrás, el matrimonio Kirchner conmemoraba el 17 de octubre en el acto convocado por Hugo Moyano en River, con toda la liturgia tradicional del peronismo. Entonces Kirchner era sólo una versión progresista de Perón.
En cambio hoy, su memoria es evocada como el acto fundacional de algo nuevo, en el cual, Cristina juega un papel fundamental. La historia tiene paradojas y en el caso de Kirchner, su muerte combinada con la acción política de su esposa, trata de ponerlo en el nivel más alto del liderazgo, el que ha ocupado Perón durante la segunda mitad del siglo XX en la Argentina.
Cristina va dando una versión propia del kirchnerismo, al cual va imponiendo su impronta personal, que no es exactamente la misma que la de Kirchner, quien no intentaba superar al peronismo, optando por ser su Presidente. Cristina parece haber tomado el kirchnerismo para alejarlo más del peronismo y en esta estrategia Kirchner crece. (Especial para LA GACETA)
Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
Hasta la muerte de Néstor Kirchner, se trataba del líder político más importante de la primera década del siglo, como lo había sido Alfonsín en los ochenta y Menem en los noventa. En este nivel de liderazgo, parecía ser la figura, que así como Menem había producido el giro del peronismo hacia el centro-derecha, él había liderado el giro hacia el centro-izquierda.
Kirchner era una versión más progresista del peronismo, como Menem fue una más conservadora. En cambio ahora, Cristina parece impulsar una nueva simbología, en la cual las tres grandes fechas son el 11 de marzo, aniversario del triunfo de Cámpora, el breve Presidente de la izquierda peronista; el 26 de julio, el aniversario de la muerte de Evita, expresión más combativa que su marido en la mitología popular y el 27 de octubre que es la muerte de Néstor Kirchner. El 1 de julio, aniversario de la muerte de Perón y el 17 de octubre, fecha de la fundación del peronismo, este año han quedado relegadas. Un año atrás, el matrimonio Kirchner conmemoraba el 17 de octubre en el acto convocado por Hugo Moyano en River, con toda la liturgia tradicional del peronismo. Entonces Kirchner era sólo una versión progresista de Perón.
En cambio hoy, su memoria es evocada como el acto fundacional de algo nuevo, en el cual, Cristina juega un papel fundamental. La historia tiene paradojas y en el caso de Kirchner, su muerte combinada con la acción política de su esposa, trata de ponerlo en el nivel más alto del liderazgo, el que ha ocupado Perón durante la segunda mitad del siglo XX en la Argentina.
Cristina va dando una versión propia del kirchnerismo, al cual va imponiendo su impronta personal, que no es exactamente la misma que la de Kirchner, quien no intentaba superar al peronismo, optando por ser su Presidente. Cristina parece haber tomado el kirchnerismo para alejarlo más del peronismo y en esta estrategia Kirchner crece. (Especial para LA GACETA)










