Para duros, siempre estarán los padres

Por Juan Manuel Asis 27 Octubre 2011
"Santito" tiene más de dos años, habla a media lengua, balbucea y se acompaña con gestos, los suficientes para que se entienda lo que quiere. O sea, sólo se limita a pedir con sonidos que causan gracia y que provocan ternura. Se ríe con los ojos y es imposible negarse a sus caprichitos: "pitín" (chupetín), "pata" (dinero para comprar gaseosa), "mikimus" (poner a Mickey en la video), "paza" (a jugar a la plaza); y la lista puede seguir. "Al chico hay que ponerle límites desde temprano, sino después hacen lo que quieren con los padres", apunta la bisabuela, cuando observa las debilidades de su hijo para con su nieto. "No hay que darle con todos los gustos, para que aprendan", dice la madre de "Santito" en medio del llanto cuando le apaga la "tele" para que duerma. Dos generaciones separadas -abuela y nieta entre ellas- coinciden en cómo deben manejar los caprichos de ese niño que va creciendo, para que entienda que no todo se consigue fácil. En el medio, los abuelos, esos dos que trataron de poner límites a sus hijos y que se volvieron "flexibles" con el nieto porque el tiempo los fue ablandando. Es que para el papel de duros, siempre estarán los padres.

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